Panorama Católico

Campaña por la Consagración de Rusia: la prueba final

Desde hace más de 50 años se vive en la Iglesia una situación de enfrentamiento y tensión extremas. De hecho, hace ya más de 100, el Papa Pío X frenó con su elección y con su obra de gobierno un triunfo definitivo de las fuerzas anticristianas contra la Iglesia, desde dentro de la Iglesia.

Escribe Marcelo González

Desde hace más de 50 años se vive en la Iglesia una situación de enfrentamiento y tensión extremas. De hecho, hace ya más de 100, el Papa Pío X frenó con su elección y con su obra de gobierno un triunfo definitivo de las fuerzas anticristianas contra la Iglesia, desde dentro de la Iglesia.

Escribe Marcelo González

La resurrección del Modernismo tuvo lugar principalmente por la poca importancia que Benedicto XV asignó a la vigilancia de los clérigos sospechados. Otras causas del virulento resurgimiento del modernismo, auspiciado por la Masonería: la caída del último imperio cristiano, cuya influencia a favor de la Iglesia se perdió definitivamente; el avance del comunismo, fruto de la misma guerra mundial que se desató como venganza contra el emperador Austro-Húngaro. (1)

Tuvieron capital importancia también el aplastamiento de la reacción católica francesa, principalmente debida a la desgraciada condena de Maurras  y su Acción Francesa. La “americanización” de la Iglesia y de Europa, particularmente las “iglesias del Rin”, después de la Segunda Guerra, y la influencia política y económica de los EE.UU. y estos espiscopados. Y finalmente, el modo subversivo y astuto que utilizó la llamada Nouvelle Theologie (2) para minar la educación de los clérigos dando a los seminaristas una enseñanza paralela, heterodoxa, con la complicidad de muchos rectores y obispos, lo cual volvió en la práctica ineficaz el trabajo doctrinal de Pío XII, cuyas encíclicas no dejaron lugar a errores, ya que punto por punto estos fueron señalados y refutados y condenados. No así, en cambio, en todos los casos, los ideólogos de dichos errores, que años después serían los “dueños del Concilio”.

Fátima, una historia paralela

Paralelamente con esta historia de luchas, victorias y derrotas, de permanentes acechanzas y de retroceso de la Iglesia frente a los enemigos internos, se desarrolla el drama de las apariciones de Fátima, anticipo de lo que esperaba al mundo y a la Iglesia en ese siglo XX, todavía en sus umbrales, pero ya manchado con la sangre de muchos millones de víctimas.

Fue en las apariciones a los tres pastorcitos primero (el anuncio) y en una aparición personal a Lucía luego, en 1929, siendo ella monja dorotea en Tuy, que Nuestra Señora volvió a pedir la “consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y doloroso”, bajo promesa de que, hecha dicha consagración según el modo particular del pedido, habría una lluvia de gracias sobre la Iglesia y el mundo. Esta consagración está condicionada con nombre y apellido: será de Rusia (no del mundo, ni del género humano) y la hará el Papa, conjuntamente con todos los obispos del mundo en el mismo momento.  La promesa: Rusia se convertirá, le será dado al mundo un tiempo de paz.

¿Por qué Rusia?

Evidentemente el pedido de la Virgen tiene algo de misterioso. ¿Por qué no pedir la conversión de los EE.UU. o de Europa? ¿Por qué una sola nación y no un conjunto de naciones? ¿Cómo será posible que una sola pueda influir de tal manera al mundo que le asegure “un tiempo de paz”? Si bien es evidente la necesidad de la intervención divina, los hechos ocurrirán por medios humanos, es decir, por causas segundas. Y Rusia está estrechamente vinculada como instrumento de un modo que solo podemos conjeturar.

¿Por qué tiene que convertirse Rusia?

Rusia es ortodoxa (recordemos que cuando la Virgen pide esta conversión por vez primera aún no había triunfado el comunismo). La Ortodoxia, no solo rehúsa el acatamiento debido al romano pontífice como Pastor y Doctor Supremo de la Iglesia. También niegan la validez de todos los concilios ecuménicos celebrados por la Iglesia desde el séptimo, y además niega (al menos oficialmente) los dogmas definidos por los papas, muy particularmente el de la Infalibilidad Pontificia.

Es muy a propósito recordar que Pío IX luchó duramente para introducir en la formulación de la tan trabajada definición que el carisma de la Infalibilidad es personal del Papa y no necesita el consentimiento de la Iglesia. Esto va directamente contra la concepción colegial de la infalibilidad de la Iglesia que  sostienen los ortodoxos, a saber, que el “sínodo”, o sea la reunión de los obispos con su patriarca (primus inter pares) es la condición de la infalibilidad. (3)

Recordemos, también, la instrumentalización de la Iglesia del Patriarcado de Moscú por parte del régimen comunista. Una realidad compleja que describe muy bien el ortodoxo Vladimir Volkoff en varias de sus obras.(4)

De modo que a ojos vista de cualquier católico, más allá de la simpatía y el respeto que pueda inspirar el cristianismo profundo de los países ortodoxos, el Ruso en particular y como lo atestigua San Josafat con su apostolado y su martirio, Rusia debe convertirse al catolicismo, aunque eso no implique cambios profundos ni en su régimen de gobierno ni en su liturgia ni en su disciplina y apenas si ciertamente la aceptación de dogmas que a la vez que se niegan, se profesan. El punto de mayor conflicto sigue siendo el de la Primacía de Jurisdicción petrina, que implica el cambio más profundo: sin duda, el abandono del sentimiento antirromano, tan fuerte que en muchos casos llega al odio.

 Tiempo de paz

Otro hecho que parece evidente es la necesidad de la paz en el mundo. Se ha vivido en estado de guerra permanente desde hace más de un siglo, y de guerra intermitente desde la Revolución Francesa. La repercusión de los hechos hoy en día en virtud de las comunicaciones, desde los cambios políticos hasta las epidemias, sumados a la velocidad que llevan impresas las situaciones son como una maldición propia de este tiempo y reclaman además otro tipo de paz que no es meramente la ausencia de conflictos militares. Paz en las almas, paz en las sociedades; paz allí donde la visión antitética del marxismo ha llevado oposición y conflicto. Y donde el espíritu individualista y egocéntrico del liberalismo ha causado el quiebre de todas las relaciones naturales: amistad, familia, vecindad, patriotismo, deseo de buena convivencia.

Hemos vuelto a la barbarie pero bajo forma tecnocrática. El pillaje, el egoísmo, la piratería en forma de emprendimiento empresario o movimiento social, bajo capa de libertad, bien nacional o de clase, ha despedazado el común sentir cristiano que dominaba a las naciones y a los pueblos de Occidente incluso mucho después de la ruptura del Antiguo Régimen. Todavía, hasta la Primera Guerra Mundial era posible recorrer el mundo sin pasaportes y con la certeza de la hospitalidad. Hoy tememos caminar quince cuadras fuera de casa.

La paz que más clama al cielo es la que clama el cielo. Es la paz con Dios, con su ley, con sus mandamientos, con su Iglesia y en su Iglesia. Si juzgamos el estado moral de las sociedades, el grado de la influencia de los grandes grupos de poder y en qué sentido la ejercitan, la docilidad de las sociedades a estos designios de inspiración claramente anticristiana, no podemos esperar más que fuego desde lo alto. Esto hoy es una certeza de cualquier espíritu sano y atento a los signos de los tiempos. Más aún si ha conocido las anticipaciones que el Cielo nos ha dado como advertencia y remedio de los males que iban a suceder en caso de que los hombres, empezando por los católicos, no se empeñaran seria y profundamente en la oración y la penitencia.

Respecto al mundo y su tiempo de paz, digamos por fin que no se puede olvidar que Rusia es una potencia militar y económica, la única, que tiene una población profundamente cristiana, aguerrida y curtida en los sufrimientos. ¿Por dónde comenzaría a recristianizar Europa la Divina Providencia sino allí por donde el terreno está más preparado? ¿Dónde encontraríamos, después de casi un siglo, de dominio absoluto de los poderes anticristianos nuevamente una potencia que defienda los intereses de la Iglesia de Cristo, comprometiendo su poderío en ello, y con la convicción y el entusiamo de su población?

Vigencia de Fátima

Lejos de "haber sido", -como algunos parecen creer- Fátima está hoy más vigente que nunca. Lo advertimos con solo meditar lo que conocemos como la “vision” –la cual nos ha sido presentada como "toda" la tercera parte del secreto, siendo ya cosa averiguada que además hay un texto de pocas líneas que la introduce y completa y no fue dado a conocer-. Esta visión es claramente una representación alegórica de la pasión que sufre la Iglesia y la civilización cristiana. En ella hay un detalle esencial: el ángel se dispone a incendiar la tierra, pero Nuestra Señora se lo impide. Luego viene el triple reclamo de penitencia y el martirio de la Iglesia.

"… hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Angel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Angel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!"

Después  la ruina de la ciudad (Roma – la Iglesia) y el asesinato del papa. ¿No es evidente, después de los ataques sufridos por el Papa Benedicto, especialmente desde enero y el levantamiento coordinado en armas (por ahora mediáticas) de las conferencias episcopales y los poderosos del mundo, que están dispuestos a resistir por cualquier medio el intento de restauración de la Iglesia?

El llamado de la FSSPX a la oración y a la penitencia

Este papa ha hecho cosas impensables, conforme al rumbo que traían los acontecimientos y a sus propios antecedentes.  Nada iría hoy más en contra de sus convicciones que consagrar Rusia pidiendo la "conversión", lo que supone deponer su diálogo con los ortodoxos y su propia concepción eclesial. Sin embargo, sobre cada tema en los que ha tomado una postura antimoderna (misa, levantamiento de excomuniones) él ya tenía antecedentes que hacían previsibles aunque remotas estas decisiones.

Los rumores sobre su disconformidad con la interpretación que se le dio al “secreto” en 2000 y en la cual él participó ("me torcieron la mano", se dice que manifestó) de son de veracidad comprobada, aunque no habría que descartar el antecedente para el análisis.

Una carta fuerte, la contraofensiva espiritual más ambiciosa

Esta campaña de rosarios es la carta más fuerte que se puede jugar desde la perspectiva de la Tradición en esta partida. Puede llegar a dar vuelta como un guante las convicciones liberales del Santo Padre y de un sector bien intencionado de la jerarquía, y revertir su fe en el ecumenismo y el diálogo interreligioso poniéndolo, en consecuencia, en los umbrales de la restauración de la Iglesia (y con seguridad también del martirio).

Esta consagración sería el acto más demoledor del espíritu del Concilio Vaticano II que puede concebirse. Recuérdese que cuando debió ser revelado el secreto, reinaba el papa que convocó el Concilio, y él se negó y hasta justificó la negativa diciendo que no iba a ser "profeta de calamidades". Lamentablemente, profetizó sin querer, promoviendo él mismo las calamidades que no quiso  conjurar por el medio que el cielo le ofrecía: el cumplimiento de la voluntad de la Virgen. 

Quizás por paradojal designio de Dios, el papa actual, que puso tanto de su ciencia humana para promover el Concilio, sea quien le aserte el golpe mortal, no ya rectificando sus errores, sino con más positiva efectividad pastoral, destruyendo los mitos que contribuyó a crear.

Nada más destructivo del mito del “diálogo” basado en la sola astucia humana que la eficacia de la oración como medio para mover los corazones hacia el arrepentimiento, la penitencia y la reparación. Nada más efectivo para destruir la desconfianza de los "traicionalistas", a quienes cada llamado a la oración les suena como una suerte de conjuro del diablo.

Esta campaña de Rosarios que se lanza sera el ariete más poderoso para destruir los obstáculos que impeden a los católicos recuperar su propia Iglesia, ocupada hoy por el enemigo ancestral y rescatar a los rehenes del "espíritu del Concilio".

Notas: 

(1) Cfr. La Nueva Misa, de Louis Salleron.

(2) Cfr Pío PP XII, Humani generis y Mediator Dei, donde sintetiza y condena los erores que luego triunfarían en las fórmulas ambiguas del Concilio y en la reforma litúrgica posconciliar.

(3) Sobre el tema sugerimos leer el reciente trabajo del P. Alvaro Calderón, La Lámpara bajo el Celemín, arduo pero esclarecedor, sobre el tan traído y llevado tema de la infalibilidad conciliar.  El moderno error de la “colegialidad” se inspira en las doctrinas de los ortodoxos sobre este tema.

(4) Cfr.  Vladimir Volkoff: El Invitado del Papa, La Reconversión.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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