Panorama Católico

Carta al Cardenal Primado sobre decreto antirreligioso

Siempre ha llamado la atención la indiferencia que sigue rodeando a semejante engendro, pese a su violenta intromisión conculcadora de principios morales y religiosos fundamentales. La misma crítica eclesiástica, incluso produjo desconcierto al reconocer los “grandes objetivos” del lamentable decreto.

Siempre ha llamado la atención la indiferencia que sigue rodeando a semejante engendro, pese a su violenta intromisión conculcadora de principios morales y religiosos fundamentales. La misma crítica eclesiástica, incluso produjo desconcierto al reconocer los “grandes objetivos” del lamentable decreto.

Escribe Juan Olmedo Alba Posse

Bella Vista, 18 de Febrero de 2006
A S.E.Rvdma. el Cardenal Primado
Jorge Bergoglio, presidente de la
Conferencia Episcopal Argentina

Eminencia Reverendísima:

En Septiembre de 2005, el presidente Kirchner dictó el Decreto Nº 1086/05, que diseña el Plan Nacional contra la Discriminación. Dicho plan abarca unas 400 carillas que forman parte del decreto de marras, publicado incompleto en el Boletín Oficial. En realidad se trata de una norma legal –semi subrepticia- que respira profunda fobia contra la moral y la religión católica, abrevando torpemente en los peores programas mundialistas de exterminio de la vida y destrucción del orden natural. Es en suma, un decreto sin precedentes, increíblemente persecutorio y tiránico.

 

Si bien a los 7 meses de su publicación la 143ª reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina (14 y 15 de Marzo de 2006) se pronunció genéricamente sobre el particular, siempre ha llamado la atención la indiferencia que sigue rodeando a semejante engendro, pese a su violenta intromisión conculcadora de principios morales y religiosos fundamentales. La misma crítica eclesiástica, incluso produjo desconcierto al reconocer los “grandes objetivos” del lamentable decreto.

 

En tanto se ahonda la hostilidad, cabe subrayar que los principales periódicos siguen comentando con ironía, supuestos tira-y-aflojes entre la Iglesia y el Gobierno que la acosa, a través de la interpretación de ciertas actitudes protocolares de los respectivos dignatarios. Pero en rigor, más bien se ha podido percibir que no faltan gestos particulares del lado religioso en busca de acercamientos imposibles mientras permanece la persecución. Como lo demuestran, por ejemplo, las concomitancias del reciente congreso del Consejo Superior de Educación Católica (CONSUDEC) sobre la perniciosa ley de educación; y las declaraciones nunca desmentidas del embajador ante la Santa Sede, refiriéndose precisamente a las buenas relaciones eclesiásticas con destacados exponentes de la irreligiosidad oficial. Ejemplos recientes son los de los dos candidatos al gobierno de la ciudad de Buenos Aires que entre promesas y ofrecimientos esperan “un guiño de la Iglesia”, como dice con audaz ligereza “La Nación” (15.2.07). Corresponde puntualizar que ambos personajes están comprometidos con graves antecedentes porteños sobre temas culturales, educacionales y de moralidad pública.

 

Desgraciadamente ya se han concretado algunas metas del Decreto 1086/05. Quizá las más nefastas, como la ratificación del protocolo facultativo del CEDAW –dirigido a la permisión obligatoria del aborto– y la promulgación de la nueva ley nacional educativa (conexa al dictado de educación sexual, que obligará aún a los establecimientos católicos, a través de todas las disciplinas). También se acaba de iniciar la marcha hacia la legalización del “matrimonio” de parejas del mismo sexo, con un teatral escándalo protagonizado en el Registro Civil por dos lesbianas apoyadas oficialmente (cfr. La Nación, 15.2.07). Es patético lo que afirmó al respecto la presidenta del INADI: tengo todo el apoyo del Presidente de la Nación y es su mandato que haga todo lo que tenga que hacer para erradicar la discriminación. Yo obedezco los mandatos cuando vienen de ese nivel”. Pronto, aplicándose el Plan, se impedirá el lenguaje “homofóbico” en las instituciones públicas y privadas de enseñanza; se enaltecerá la prostitución; se derogarán los códigos contravencionales sobre infracciones a la moralidad, el escándalo en la vía pública y la prostitución; se desterrará el crucifijo y cualquier otra imagen sagrada de los ámbitos oficiales; se derogará el art. 2º de la Constitución Nacional sobre el sostenimiento del culto católico; se investigarán los fallos judiciales “discriminatorios”; se vigilarán los manuales escolares y los términos utilizados por los medios de comunicación para detectar actitudes “discriminatorias”. Etc. Etc.

 

Como está visto -y era congruente- la persecución religiosa tiende a modificar a fondo la cultura de la población católica, para torcer definitivamente la identidad argentina, cumpliéndose de modo cabal las ambiciones gramscianas más extremadas. Lo cual de suyo, tendría capacidad para impulsar la defensa de la integridad nacional con una saludable reacción ciudadana, cuyo despertar sólo precisa la clara orientación de sus líderes espirituales. En sentido inverso, la inercia y los grandes silencios e incluso la falta de advertencia sobre las penas canónicas a gravísimos pecados –como el aborto- van alimentando confusiones espantosas. Tal el caso de la jueza que acaba de autorizar ese crimen pese a sus “fervientes convicciones religiosas”. “El fallo lo firmó a solas –explica La Nación (17.2.06)- con una estampita de la virgen de Lourdes como única compañía sobre su escritorio. La misma imagen que poco antes había ido a venerar a la gruta cercana al puerto local, donde, incluso, pidió confesarse con uno de los sacerdotes para plantear el dilema que debía resolver pocas horas después”… “Regresó con la tranquilidad de actuar a conciencia y, ya en su despacho, resolvió el caso que la desvelaba”. La crónica infame, de paso deja insinuado el consejo sacerdotal a favor del aborto…

 

Todas estas circunstancias y las que por obvias resulta innecesario referir, me llevan a suplicar, conforme a la Constitución Lumen Gentium (10 – 37), un pronunciamiento urgente del Episcopado, antes que termine de consumarse la completa apostasía de la nación.

 

Con este motivo reitero a V.Emcia. Rvdma. las expresiones de mi mayor respeto y alta consideración.

Juan E. Olmedo Alba Posse
Ex abogado del Arzobispado de
Buenos Aires
Ex profesor titular de la Universidad Católica Argentina

N.B. Elevo copia de la presente al señor Nuncio Apostólico y a la Congregación romana respectiva.

Caprera 515 – Bella Vista (Prov. de Buenos Aires)
Tel. 4666-2612
jeoap@ciudad.com.ar

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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