Panorama Católico

Cartas a los Niños, de C.S. Lewis

A propósito del filme El León, la Bruja y el Ropero, basado en el tomo I de las Crónicas de Narnia, recordamos un libro de correspondencia entre autor y sus pequeños lectores.

Cartas de C. S. Lewis a los Niños
Prólogo de Douglas H. Gresham

Ediciones Andrés Bello
Santiago de Chile 1993
112 páginas

A propósito del filme El León, la Bruja y el Ropero, basado en el tomo I de las Crónicas de Narnia, recordamos un libro de correspondencia entre autor y sus pequeños lectores.

Cartas de C. S. Lewis a los Niños
Prólogo de Douglas H. Gresham

Ediciones Andrés Bello
Santiago de Chile 1993
112 páginas

Una cosa lleva a la otra. Muchos no habrán sabido nada de las “Crónicas de Narnia” hasta ver la película. Luego se interesarán por el autor, y descubrirán que el filme le ha hecho poca justicia al sentido que quiso darle a su novela.

Tal vez los nuevos lectores de Lewis se vean perplejos sabiendo que Narnia es un mundo de fantasía en el cual el autor introduce la acción redentora de Cristo. Esta forma alegórica ha causado bastante polémica.

Debemos recordar que Lewis, gran amigo de Tolkien, se convirtió al cristianismo por influencia de muchos de sus camaradas de Oxford, deudores intelectuales del movimiento iniciado por el Card. Newman.

Pero Lewis, no sabemos que tan cerca estuvo en su corazón, no se convirtió a catolicismo. Y así como Chesterton, otro converso, escribió buena parte de su obra en defensa de las verdades de la Fe sin ser él mismo aún católico, Lewis ha hecho una cierta apologética cristiana -explícita e implícita- desde una posición teológica no completamente asentada en la doctrina católica.

Pero el tema aquí es la impresión que puede causar en los lectores, en especial los más jóvenes, la lectura de las Crónicas de Narnia. Y para ello recurrimos a un breve volumen que contiene una pequeña parte de su correspondencia con los lectores niños que le preguntaban sobre sus obras, en especial las Crónicas. Elegimos dos ejemplos que nos parecen particularmente ilustrativos de la utilidad de este libro. El primero, sobre el alcance de la intención alegórica de las Crónicas.

[Carta escrita a los alumnos de quinto año de un colegio en Maryland]

Colegio Magdalen, Oxford
29 de mayo de 1954

Querido Quinto Año:

Me alegro mucho de que les gustaran los libros de Narnia y han sido muy amables al escribirme para decírmelo. Van ha ser siete en total y ustedes van atrasados en uno. El número 4, La Silla de Plata, ya se publicó.

Están en un error cuando piensan que todo lo que sucede en los libros “representa” algo de este mundo. Eso pasa en La Romería del Peregrino, (The Pilgrim&#180…s Progress, de John Bunyan, autor inglés del siglo XVII. N.del E.) pero yo no escribo de esa manera. Yo no me dije: representemos a Jesús, tal como es en nuestro mundo, en la figura de un león en Narnia. No, yo me dije: “Supongamos que hubiese un país como Narnia, y que el Hijo de Dios, así como se hizo hombre en nuestro mundo, se hizo león allí, y entonces imaginemos lo que sucedería”. Si lo piensan bien, verán que es totalmente distinto. Por lo tanto, la respuesta a sus dos primeras preguntas es que en ese sentido, Ripichip y Nickibrick no representan a nadie. Pero sin duda cualquier ser de nuestro mundo que dedique su vida entera a buscar el Cielo como hizo Rípichip, y cualquiera que desee algo terrenal con tantas ansias que esté dispuesto a valerse de los medios más perversos para lograrlo, posiblemente actuará como Nickibrick. Sí, Ripichip llegó realmente al país de Aslan… y Caspián regresó sano y salvo: así se dice en la última página de La Travesía del Explorador del Amanecer. Sí, Eustaquio volvió a Narnia, como lo verán cuando lean La Silla de Plata. En cuanto quién reina en Narnia hoy en día, no lo sabrán hasta que lean el séptimo y último libro.

Yo soy alto, gordo, un poco calvo, de cara rojiza, con papada, pelo negro, tengo a voz profunda, y uso anteojos para leer.

El único camino que tenemos nosotros [para llegar] al mundo de Aslan es, hasta donde yo sé, a través de la muerte: quizás algunas personas muy buenas logran tener una fugaz visión antes de morir.

Mi cariño para todos ustedes. Cuando recen, pídanle de vez en cuando a Dios que me bendiga también.

Los abraza,

C.S. Lewis

El segundo ejemplo de esta correspondencia toca un tema más profundo. La figura de Cristo bajo la forma del León Aslan y su efecto en los lectores.

[Cuando Lorenzo, un niño norteamericano de nueve años, comenzó a preocuparse porque amaba más a Aslan que a Jesús, su madre escribió a C. S. Lewis a Macmillan Publishing Company. Apenas diez días después, tuvo la sorpresa y el agrado de recibir esta respuesta a las preguntas de su hijo.]

Estimada Señora K..:

Dígale esto a Lorenzo de mi parte, con cariño:

1) Aún cuando él amara a Aslan más que a Jesús (luego explicaré por qué no puede realmente hacerlo), no estaría realmente adorando ídolos. Si así fuera, tendría que hacerlo a propósito, mientras que ahora lo hace porque no puede evitarlo, y trata con todas sus fuerzas de no hacerlo. Pero Dios sabe muy bien cuan difícil es amarlo a Él mas que a cualquier persona o cosa, y Él no se enojará con nosotros siempre que nos esforcemos. Y Él nos ayudará.

2) Pero Lorenzo no puede amar de verdad a Aslan más que a Jesús, aunque crea que lo hace. Pues las cosas que dice o hace y por las cuales ama a Aslan, son simplemente las cosas que Jesús dijo e hizo de verdad. De modo que cuando Lorenzo cree que está amando a Aslan, en realidad está amando a Jesús: y tal vez amándolo más que nunca en su vida. Por supuesto que hay algo que Aslan tiene y Jesús no, me refiero a su cuerpo de león. (Pero recuerden, si hay otros mundos, y esto necesitan ser salvados y si Cristo hubiera de Salvarlos como Él quisiera, en realidad, Él podría tomar cualquier clase de cuerpo en aquellos mundos, y nosotros nada sabríamos.) Ahora, si Lorenzo está inquieto porque le parece más hermoso el cuerpo del león que el cuerpo del hombre, creo que no debería preocuparse en lo más mínimo. Dios sabe exactamente como trabaja la imaginación de un niño, (Él la hizo, después de todo) y sabe que a cierta edad puede ser muy atractiva la amistad de esos animales que hablan. Entonces, no creo que le moleste que a Lorenzo le guste el cuerpo del León. Por otra parte, y Lorenzo se dará cuenta de ello a medida que crezca, ese sentimiento, (preferir el cuerpo del león), se irá extinguiendo solo, sin que él tenga que preocuparse.

3) Si yo fuese Lorenzo, simplemente diría en mis oraciones algo como esto: “Querido Dios, si las cosas que he pensado y sentido sobre ese libro son cosas que a Ti no te gustan, por favor, aparta de mi esos sentimientos. Pero si no son malas, por favor, haz que deje de preocuparme por ellas. Y ayúdame cada día a amarte más en la forma que realmente importa, más allá de cualquier sentimiento o imaginación, haciendo lo que tú quieres y a tu semejanza”. Esa es la clase de cosas que creo que Lorenzo debería decir en su interior… pero sería bueno y cristiano que agregara: “Y si el señor Lewis ha inquietado a otros niños o les ha hecho daño, por favor, perdónalo y ayúdalo a que nunca más lo haga”.

4) ¿Cree que esto ayudará? Siento muchísimo haber causado tanto problema, y le agradecería en el alma si me pudiera hacer el gran favor de escribirme para decirme como sigue Lorenzo. Lo tendré, por supuesto, en mis oraciones diarias. Ese niño ha de ser extraordinario: espero que usted esté preparada para la posibilidad de que llegue a ser un santo. ¡Yo diría que las madres de los santos tiene sus buenos problemas!

La saluda atentamente,

C. S. Lewis

De los textos citados se concluye, a nuestro ver, que la tendencia natural a encontrar correspondencias entre cada hecho y cada personaje y una formulación teológica o una persona humana es natural en el lector, pero inmoderada a veces, al punto de ir más allá de lo que el autor quiso decir.

En segundo lugar, que Lewis produjo con su obra de ficción efectos no deseados y espiritualmente perturbadores. Que siendo sinceramente cristiano y piadoso los ha lamentado, pero quizás su doctrina estuviese todavía en una etapa de duda o deliberación interior que haya transmitido a sus obras sin querer.

De donde parece necesario buscar en ellas ficción, belleza, imaginación y entretenimiento, pero no formulaciones de la doctrina católica íntegra. No al menos para almas en formación.

En esta edad de hierro en que vivimos, la recreación del sentido del mythos, que ha educado espiritualmente a nuestra civilización en otros siglos, ayuda a poner las bases de una visión sobrenatural del universo. Pero no es suficiente. Ayuda, pero no alcanza. Se necesita luego un logos ordenador y luminoso. Lewis ayuda en lo primero. Hay que ir por otros autores para lo demás.

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Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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