Panorama Católico

Caso Von Wernich: extraña confesión de parte

Exclusivo: Crece la indignación
Repudian
laicos católicos la utilización del caso Von Wernich. Crece la
indignación contra los que usan el juicio contra el capellán policial
para atacar a la Iglesia.

Exclusivo: Crece la indignación
Repudian
laicos católicos la utilización del caso Von Wernich. Crece la
indignación contra los que usan el juicio contra el capellán policial
para atacar a la Iglesia.




Exclusivo: Crece la indignación


Todo
comenzó con una serie de enérgicas notas dirigidas al cardenal
Bergoglio y a la Conferencia Episcopal (órgano que nuclea a todos los
obispos argentinos) a los pocos días de conocido el fallo que condenó
al ex capellán de la policía bonaerense. En estas notas se denunciaba
la utilización mediática del caso por sectores enfrentados a la
Iglesia, con el claro objetivo de atacar a los católicos, en particular
el diario Página 12, de inocultable inspiración oficialista.

A partir de allí diferentes organizaciones laicas comenzaron a
reclamar a sus obispos, cada vez con mayor energía, una posición más
firme frente al caso –tan grave como aislado- que configura Von Wernich
y frente a la verdad histórica y, asimismo, instándolos a combatir la
“superstición” que se está tejiendo en relación a la actitud de la
Iglesia durante la última dictadura. La situación ha subido tanto de
tono y la presión interna del laicado se está haciendo tan firme y
preocupante que el arzobispo de Corrientes ha tomado el tema y ha
salido al cruce en una reciente alocución.

  • Señalan las organizaciones de base en una de estas presentaciones dirigidas a sus obispos:

“No debe olvidarse que la mayor parte de los 4.905 desaparecidos
que constan en el informe de la CONADEP sobre los 7.830 legajos
abiertos por ese organismo, eran hijos de la Iglesia: eran católicas
las monjas francesas secuestradas y desaparecidas, eran católicos los
religiosos fusilados en la parroquia de San Patricio, era católico el
obispo Angelelli o el padre Mugica brutalmente asesinados, eran
católicos los obispos, curas, monjas y seglares que arriesgaron sus
propias vidas escondiendo en sus casas y comunidades a jóvenes cuyas
manos en ocasiones venían manchadas con sangre o eran disidentes
perseguidos por sus propias organizaciones, eran católicos la mayoría
de los catequistas y agentes sociales que se dejaron seducir por la
violencia y que al advertir su error ya no pudieron regresar, del mismo
modo que eran católicos la mayoría de los soldados conscriptos,
oficiales y civiles asesinados por las organizaciones guerrilleras.
También debe recordarse que fue la Iglesia Católica, gracias a la
actuación de su episcopado y a la milagrosa intervención del Papa Juan
Pablo II, quien logró que tanto a las dictaduras de Videla como la de
Pinochet abandonaran una guerra fratricida -que ya estaba declarada-
cuyas consecuencias en términos de dolor y sufrimiento para argentinos
y chilenos hubieran sido inimaginables”.

Llamó la atención de los observadores la energía de algunas
presentaciones –lo que es inhabitual en las cartas dirigidas por fieles
católicos a sus obispos- como es el caso de la nota de Juan Olmedo, ex
asesor legal del arzobispado de Buenos Aires, que expresa:

“Ahonda la preocupación ver que una batería sentimental, apartada
de la realidad, contribuya a reafirmar graves errores sobre nuestro
pasado reciente. Ellos –hay que recalcarlo- tuercen el fiel de la
historia a favor de la subversión criminal. El lamento del Obispo de 9
de Julio por ‘tanta división y tanto odio’ que la Iglesia ‘no supo
prevenir ni sanar’, no corresponde en absoluto a lo ocurrido en el
pasado, sino a lo que desde el poder se está construyendo día a día
ante sus ojos. En la década del 70’ no hubo una división del pueblo
argentino. Por el contrario, el pueblo nunca estuvo más unido frente al
terror del ataque subversivo, y de allí su fracaso. La falsa leyenda
quiere enfrentar a los militares con una multitud de jóvenes
idealistas. Por de pronto, en la Argentina no hubo una ‘guerra civil’
que la dividiera en dos mitades enfrentadas por el odio. Hubo una
‘guerra justa’, cuya naturaleza no le cambian los desafueros
esporádicos, por graves que fueran. En aquella época, apareció –apoyada
desde el extranjero- una minoría absoluta movida ‘por el amor al odio’,
como bien se ha dicho. Feroz y desalmada. Bajo emblemas montoneros o
siglas tenebrosas como ERP, FAR o FAP; incapaces por naturaleza de la
‘reconciliación’ que se pide inútil e insistentemente. Porque
reconciliar significa volver a la concordia y unión. Algo que jamás
pudo tener la sociedad argentina con el terrorismo.”

En algunos de los reclamos efectuados ante los obispos los laicos
denuncian ‘discriminación’ e inclusive ‘odio religioso’ como móvil de
la campaña orquestada contra los católicos a partir de este fallo. Otos
señalan la injusticia que representa olvidar los esfuerzos realizados
por la jerarquía de la Iglesia durante el tiempo de la dictadura, y
rescatan –además de numerosos testimonios personales cuya publicación
se pide- los textos de las declaraciones y homilías de esa época, como
prueba incontrastable de la posición y de la acción de los obispos
durante ese período. Es indudable, señala una organización de la
Capital Federal que si –por ejemplo- las Madres de Plaza de Mayo
comenzaron sus reuniones y su organización dentro de la Iglesia de la
Santa Cruz, en plena ciudad de Buenos Aires, ello no podría haber
ocurrido sin la conformidad y el apoyo brindado por el entonces párroco
y por el arzobispo del que este dependía.

Mientras los obispos analizan la situación -que por el momento
pareciera empujarlos- y tratan de poner paños fríos en los ánimos
enervados de los laicos frente a lo que consideran una grave
injusticia, el arzobispo de Corrientes, Domingo Castagna, en una
reciente alocución señaló, haciéndose así eco de algunos argumentos:

“Es injusto verter conjeturas despiadadas contra la Iglesia
Católica generalizando el comportamiento lamentable de uno de sus
sacerdotes. ¿Qué ocurre con los numerosos grandes pastores, también de
los religiosos y laicos, que han pagado hasta con su sangre la
fidelidad al Evangelio en la Argentina? ¿Se los debe meter en la misma
bolsa? La razón de este lamentable comportamiento ideológico responde
al odio a la institución ‘Iglesia Católica”.

En el mismo discurso sostuvo, también, el prelado:

“Para ser justos hay que decir la verdad, toda la verdad, y
mantener una irreductible coherencia cuando se trata de investigar y
presentar los aportes reales de la investigación”, y reconoció que
“estamos muy lastimados a causa del odio y de la mentira que la
sociedad ha debido padecer desde hace largos años”.

Síntesis Informativa Diario Digital.

Octubre 2007.

Comentario Druídico: Curioso artículo. En especial la cita que es una verdadera confesión de parte que incrimina al clero de los años 70 como promotor y protector de las guerrillas armadas. “No debe olvidarse que la mayor parte de los 4.905 desaparecidos
que constan en el informe de la CONADEP sobre los 7.830 legajos
abiertos por ese organismo, eran hijos de la Iglesia: eran católicas
las monjas francesas secuestradas y desaparecidas, eran católicos los
religiosos fusilados en la parroquia de San Patricio, era católico el
obispo Angelelli o el padre Mugica brutalmente asesinados, eran
católicos los obispos, curas, monjas y seglares que arriesgaron sus
propias vidas escondiendo en sus casas y comunidades a jóvenes cuyas
manos en ocasiones venían manchadas con sangre o eran disidentes
perseguidos por sus propias organizaciones, eran católicos la mayoría
de los catequistas y agentes sociales que se dejaron seducir por la
violencia y que al advertir su error ya no pudieron regresar, del mismo
modo que eran católicos la mayoría de los soldados conscriptos,
oficiales y civiles asesinados por las organizaciones guerrilleras".


Nos hemos preguntado y seguimos preguntándonos porqué el P. Von Wernich no dijo esto en su "juicio", porqué no denunció a los clérigos que entregaban a las Fuerzas de Seguridad a sus subordinados (por afinidades ideológicas o por su propia seguridad) y ahora fungen de campeones del derechohumanismo. Y porqué no dijo que el caldo de fermento de la guerrilla armada habían sido las parroquias, institutos religiosos y en algunos casos hasta las diócesis.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *