Panorama Católico

Caso Von Wernich: una letal combinación de odio, miedo y estupidez

El temor (¿a sus
superiores eclesiásticos?) y la insensatez con citas bíblicas, suscitaron
la actuación del Padre von Wernich. No es delito ser insensato o tener
miedo, pero a los agentes del odio y a sus sirvientes togados les bastaba
eso para llevar adelante su parodia judicial.

El temor (¿a sus
superiores eclesiásticos?) y la insensatez con citas bíblicas, suscitaron
la actuación del Padre von Wernich. No es delito ser insensato o tener
miedo, pero a los agentes del odio y a sus sirvientes togados les bastaba
eso para llevar adelante su parodia judicial. Debieron probar que mató
y torturó o contribuyó a que otros mataran y torturaran, pero no lo
probaron de ningún modo.

Por Cosme Beccar Varela
correo@labotellaalmar.com

Odio. Odio injusto,
descarado, potente, asesino. Odio que sólo se sacia destruyendo todo
lo que odia, y lo que odia no se identifica por culpas personales sino
por la mera pertenencia a las clases y grupos odiados.

No interesa probar
la autoría de un hecho odioso. Eso es secundario. Apenas cabe cumplir
las formalidades que oculten detrás de sus falsos oropeles la hedionda
realidad del odio. Odio frío, calculado, decidido, con voluntad de
destruir hasta los cimientos y sobre el yermo de la destrucción esparcir
sal para que no pueda jamás rebrotar ni siquiera un humilde retoño
de la raza odiada.

Odio militante, organizado,
apoyado sobre sofismas largamente elaborados que no pretenden convencer
sino apenas imponerse por la amenaza y el soborno. Los que concretamente
hubieran padecido los agravios con los que el odio se disfraza, son
apenas una casualidad, una excusa descartable para disfrazar el odio
con los ropajes de la justicia.

Odio que difícilmente
refrena su deseo de matar, aniquilar, degradar hasta la nada pero que,
por cálculo, intenta convertirse en una plañidera reivindicación
de víctimas que en realidad desprecia. Al odio no le importan las víctimas
que dice defender, sino las personas que quiere aniquilar. Si le dieran
a elegir entre resucitar a las víctimas o aniquilar a quienes odia,
elegiría aniquilar a estos y no resucitar a aquellas.

Odio espantoso, odio
que mancha a toda la sociedad por su mera existencia, odio inextinguible,
que no se satisface con nada más que con la carne y la sangre de quienes
odia.

Ante semejante "tsunami"
del odio adueñado hoy del poder, de todo el poder, aparece el miedo,
el miedo cerval, paralizante, que inspira las sumisiones más abyectas,
las cobardías más viles, las traiciones, los abandonos del amigo y
del herido, las fugas desesperadas que dejan girones de hombría en
las alambradas.

Miedo que inspira
todas la felonías, todos los silencios, todas las delaciones, todas
las concesiones indignas, todas las renuncias al honor, las degradaciones
más despreciables, las pasividades más rendidas.

Miedo que inventa
mil astucias para ocultar su repulsivo afeminamiento, miedo que sugiere
olvidar todos los promesas, miedo que rompe todas las lealtades, aún
las que se deben a Dios, a la Justicia y a la Patria. Miedo maloliente
de heces furtivas, miedo que sugiere las agachadas más inesperadas,
miedo que se somete al amo temido con un vínculo deleznable, miedo
que provoca apostasías y abandonos aún de lo que nunca debería ser
abandonado.

* * *

Esta es mi conclusión
ante el repugnante espectáculo ofrecido por el linchamiento del Padre
von Wernich. Miente quien diga que fue un juicio. Nada lo asemejaba
a esa antigua formalidad de la Justicia. Presidían tres individuos
llenos de odio al catolicismo y a la Argentina tradicional, paralizados
por el miedo a sus instigadores que son los dueños del látigo y de
la bolsa, supuestos jueces que nunca consiguieron disimular su odio
y su miedo porque no pudieron siquiera acercarse a las apariencias de
lo que es un juicio imparcial.

Aquello fue un aquelarre.
Una plebe de marxistas llenos de odio los vigilaba desde las tribunas
y un Fiscal prevaricador, como si fuera un burócrata que llenaba una
planilla y consciente de que mentía, usaba testigos falsos, a sabiendas
de que eran falsos, para acusar al sacerdote. Pero el Fiscal temía
más de lo que odiaba. Su "sagrada" carrera estaba en juego,
sabía que detrás suyo, el espionaje del odio vigilaba cada una de
sus palabras y cada uno de sus movimientos.

* * *

Los instigadores
del odio contaban también con el odio y el miedo de los periodistas,
cronistas y comentadores de los grandes medios de difusión. Ellos son
los encargados de pulsar la cuerda de la estupidez generalizada, parte
indispensable de esta sinfonía infernal. Los idiotas a una, como un
coro siniestro, repetían unánimemente el libreto que les daban los
plumíferos y lenguaraces de los medios de difusión.

La prensa en general
es un burdo panfleto que difunde a los cuatro vientos la versión del
odio y la sugestión del miedo. La gente, incluyendo los "buenos"
padres de familia y los "buenos" empleados de oficina y los
"buenos" sacerdotes de parroquia y los "buenos"
católicos de misa dominical y los "buenos" estudiantes enamorados
de su carrera y los "buenos" miembros de las "clases
cultas" y los "buenos" enriquecidos que gozan de sus
placeres y los "buenos" militares y las "buenas"
mujeres que gozan de una fama de virtuosas, todos los "buenos"
del país, leían esos panfletos y por miedo a disentir de la opinión
general, aunque sospecharan que aquello olía a falso, aceptaban la
versión del odio y opinaban de conformidad.

Esa es la estupidez
consentida que termina siendo tan malévola como la maldad del odio,
porque es su instrumento necesario. Sin ella los fuegos del odio no
incendiarían ni los hielos del miedo paralizarían.

La estupidez, sin
el más mínimo análisis acepta lo que odio inventa y lo que el miedo
sugiere. La estupidez no admite las objeciones del sentido común, no
tolera disensiones frente a las consignas del odio, no oye las exhortaciones
al coraje de los que comprenden que es necesario resistir a las sugestiones
nefastas del odio y del miedo. Cerrada sobre sí misma, la estupidez
no quiere pensar, se hace pertinaz, militantemente pertinaz.

Confortada por la
unánime estupidez que la rodea se enorgullece de ser parte de la sagrada
mayoría. ¡Distinguirse, jamás! La independencia es el vacío, el
aislamiento, la muerte del mediocre, que es gregario por definición.
La estupidez se abroquela en sí misma, se ensoberbece, exige el reconocimiento
y la sumisión de los disidentes que pretendan mantener su lucidez y
si no se someten, los rechaza como locos peligrosos. Descalifica a quienes
la alertan y desprecia a quienes intentan advertirle las consecuencias
de su ceguera. Exige que se la deje marchar a paso firme rumbo al suicidio.

El odio le dicta
una consigna que la estupidez acepta: "¡Pide reconciliación!".
El odio sabe que con eso desarma la poca combatividad que les quede
a los "buenos" y ensancha el espacio del odio para desplegarse
desde el poder que detenta. "¡Reconciliémosnos!", propone
el cordero a instancias del lobo que sonríe mostrando sus afilados
dientes… Y el cordero proclama la reconciliación, mientras el lobo
estudia en qué lugar del cuello morderá a su pacífica presa.

* * *

El temor (¿a sus
superiores eclesiásticos?) y la insensatez con citas bíblicas, suscitaron
la actuación del Padre von Wernich. No es delito ser insensato o tener
miedo, pero a los agentes del odio y a sus sirvientes togados les bastaba
eso para llevar adelante su parodia judicial. Debieron probar que mató
y torturó o contribuyó a que otros mataran y torturaran, pero no lo
probaron de ningún modo.

He leído las 113
páginas del pedido de elevación a juicio oral del Fiscal Sergio Franco
-que fue el libreto de la parodia judicial- y puedo asegurar, como abogado
con casi 50 años de experiencia, que el escrito no es más que un engendro
del odio, de una parcialidad enceguecida y que no prueba nada contra
el Padre.

No me he informado
de la parodia escenificada durante estos meses en La Plata sino muy
de vez en cuando. Me daba demasiado asco ver al odio en acción. Pero
por los pantallazos de ella que he visto y por su resultado, puede verificarse
que se trata de la misma basura jurídica.

Frente a ese despliegue
de torpeza y de odio desatado, sólo cabía el rechazo indignado, la
tacha de nulidad, la acusación ante Dios y ante la Historia de la iniquidad
intentada. Poco de eso se hizo y los sicarios del odio lograron su objetivo
frente a una platea nacional de malvados, de cobardes y de idiotas.

Según el viejo adagio
jurídico que manda tener por inocente a quien no se le pruebe culpabilidad,
estoy autorizado a suponer que el Padre es inocente y sobre todo, a
afirmar que jamás violó el secreto de confesión, motivo por el cual
sigue incólume el honor de la Iglesia pues jamás se oyó decir que
uno de sus sacerdotes lo haya traicionado. Teníamos que llegar a esta
Argentina prostituida para que se tratara de deshonrarla también en
eso, aunque con las notas de falsedad difamatoria que tiñen el intento,
no habrá jamás un solo historiador imparcial que lo tome en serio.

* * *

El temor y la insensatez
dictaron la veloz declaración de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia
Episcopal Argentina, integrada por Monseñores Bergoglio, Radrizzani,
Villalba y Fenoy -tan veloz que ni siquiera pudieron esperar a que la
inicua sentencia estuviera firme-, que dice así:

"En estos días
la Iglesia en la Argentina está conmovida por el dolor que nos causa
la participación de un sacerdote en delitos gravísimos, según la
sentencia del Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata.

"Creemos que
los pasos que la justicia da en el esclarecimiento de estos hechos deben
servir para renovar los esfuerzos de todos los ciudadanos en el camino
de la reconciliación y son un llamado a alejarnos, tanto de la impunidad
como del odio o el rencor.

"Reiteramos,
una vez más, lo que expresamos los Obispos argentinos: "Si algún
miembro de la Iglesia, cualquiera fuera su condición, hubiera avalado
con su recomendación o complicidad alguno de esos hechos (la represión
violenta), habría actuado bajo su responsabilidad personal, errando
o pecando gravemente contra Dios, la humanidad y su conciencia"
(1). Y también recordamos el pedido de perdón realizado por la Iglesia
en el acto de apertura del Encuentro Eucarístico Nacional (Córdoba,
8 de septiembre de 2000).

"Pedimos a Jesús
Misericordioso y a nuestra Señora de Luján que nos acompañen en este
doloroso camino hacia la reconciliación de todos los argentinos".

La declaración comete
las siguientes enormidades: 1) da por sentado que la sentencia es válida
y que está firme, sin tomar en cuenta la notoria nulidad del "show"
judicial que la precedió; 2) considera al Padre von Wernich como un
criminal convicto cuando lo único que se sabe con certeza es que ha
sido víctima de un lichamiento político y 3) acusa a la Iglesia de
culpas de las que tuvo que pedir perdón, o sea, declara abolido su
indeleble caracter de Santa.

De la Declaración
en similares términos emitida por la Comisión de Justicia y Paz (podría
llamarse mejor, de Injusticia y Odio) presidida por el "tercermundista"
Monseñor Casaretto y del lastimoso "arrepentimiento" de Mons.
de Elizalde, puede decirse lo mismo. De este último, que tenía comunicación
frecuente con el Padre von Wernich, puede agregarse un reproche especial
por su doblez. El terror a sus colegas del Episcopado y al gobierno
no justifica semejante bajeza.

* * *

Tomen nota los incautos,
en especial, los oficiales del Foro de la Fuerza Aerea que recomendaron
mediante un comunicado del 4/10/2007 votar por Sobisch, Rodriguez Saa,
Lavagna o Carrió, que los tres últimos se sumaron al odio y al fraude
judicial diciendo que se alegraban de la condena contra el Padre von
Wernich: "Me alegro mucho, muchísimo…"(Carrió). "Uno
siente alegría porque hubo una decisión clara…" (Lavagna).
"Me parece bien que la Justicia actúe y que los crímenes terminen
siendo sancionados" (Rodriguez Saa). ¿Es eso "respeto a la
Iglesia, respeto y consideración a las Fuerzas Armadas, Fuerzas de Seguridad",
como dice el comunicado de los aeronautas?

* * *

No sé ni puedo saber
si en algo falló el Padre von Wernich. Sólo sé que la parodia de
juicio y el linchamiento del que fue víctima no prueban nada en su
contra y, por lo tanto, veo claramente que la actitud de los Obispos
nombrados es escandalosa.

Se ha abierto un
ancho cauce al odio contra la Iglesia, con la colaboración de esos
prelados. Intentarán ahora suprimir los capellanes de las FFAA y de
las FFSS, intentarán separar aún más la Iglesia del Estado e intentarán
abolir la vigencia pública de la moral católica, como ya lo hacen
con la criminal campaña pro-aborto. Y además -se lo recuerdo a los
timoratos integrantes de las FFAA que violan todos los días su juramento
de defender la Patria- convertirán a las FFAA en la fuerza pretoriana
de la tiranía marxista en gestación.

Al mismo tiempo -y
esto se lo advierto a los tontos de todo pelaje- irán suprimiendo las
libertades y los derechos individuales, como ya lo hacen en Cuba y en
Venezuela, de manera que si piensan salvarse ellos dejando caer a los
que resisten, se equivocan de medio a medio: ellos también van a perder
esas libertades y esos derechos. El odio que mueve a la secta que nos
tiraniza es insaciable y no se detendrá ante ninguna ilegalidad ni
ante ningún crimen y no perdonará ni siquiera a los tontos.

La Botella
al Mar Nª 814

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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