Panorama Católico

Celo

La oficina de prensa del Arzobispado de Buenos
Aires, ha querido aclarar lo ocurrido en la Catedral el 29 de Enero.
Sencillamente, dice, las madres de la Plaza de Mayo ingresaron al
templo permaneciendo en él durante seis horas y no realizaron ningún
acto que amerite la calificación de profanación. El estilo forense de
la comunicación, inclinaría a colocar las cosas en el campo de las
intrigas policiales que entusiasmaban a conocidos novelistas. Porque la
aclaración deja varios puntos obscuros.

La oficina de prensa del Arzobispado de Buenos
Aires, ha querido aclarar lo ocurrido en la Catedral el 29 de Enero.
Sencillamente, dice, las madres de la Plaza de Mayo ingresaron al
templo permaneciendo en él durante seis horas y no realizaron ningún
acto que amerite la calificación de profanación. El estilo forense de
la comunicación, inclinaría a colocar las cosas en el campo de las
intrigas policiales que entusiasmaban a conocidos novelistas. Porque la
aclaración deja varios puntos obscuros. Pero el caso es demasiado
grave y atañe a un ámbito tan excelso, que todo aconseja no aventurar
hipótesis que pudiera acercarse a la frivolidad.


Escribe Juan E. Olmedo Alba Posse

Lo cierto es que con alguna demora (para los más anhelantes, como un conocido rabino) el vocero del cardenal Bergoglio ha ingresado al escenario mediático. Y niega que hayan ocurrido profanaciones. Lo importante entonces, sería inquirir qué entiende por profanación el letrado informante. Porque para el público en general –sin duda más lego- profanación es tratar una cosa sagrada sin el debido respeto; hacer uso indigno de un lugar respetable. Sin pretender invadir la subjetividad del parsimonioso informante, no ofrece la menor duda que la Catedral de Buenos Aires es un lugar respetable. Vale decir que sobresale en estimación entre las cosas de la misma especie. Quedaría por dilucidar qué tipo de acciones podrían conspirar contra aquella estima. Lo primero que está absolutamente probado -de público y notorio, más la confesión de parte- es que las llamadas Madres de la Plaza de Mayo ocuparon el templo con motivaciones premeditadas brutalmente e impropias del culto. Para practicar una extorsión -dicho esto en lenguaje llano- a fin de doblegar a las autoridades políticas de la Ciudad con reclamos de cuantiosas sumas de dinero. Es difícil entonces que esto no se considere profanación de un templo; por más antecedentes que haya de incursiones semejantes toleradas por el Ordinario del lugar.


Quedaría otro punto, más ingrato y sucio. Algo que es reconocido en círculos cercanos al Arzobispado. Las mujeres ocupantes del templo, por lo menos improvisaron un retrete junto a un confesionario. Con un balde, una silla y la cobertura de cartones o géneros. Desde luego a esta altura es difícil asegurar si fue o no utilizado para su obvia finalidad. Las 6 horas de permanencia tienen su elocuencia; pero este repugnante aspecto concreto solamente marcaría los grados extremos de la profanación ocurrida.


En fin, sea una profanación materializada simple o asquerosamente; o en grado de tentativa, o preterintencional o con dolo eventual, el caso ha sido gravísimo e inédito. Más allá de los entresijos jurídicos parece razonable entonces -con todo respeto- algo que se está pensando: El celo por la casa del Señor no ha devorado a los custodios.

21 de Febrero de 2008

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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