Panorama Católico

Chiste de Franceses

Escribe Agustín Moreno Wester

“para muchos teólogos este proyecto marca una ruptura con la unidad que representa la Eucaristía. Dos ritos en la Iglesia Latina suponen una «novedad» que va en contra de la tradición”.

“Comunión Eclesial y Birritualismo en la Iglesia Latina”
publicado el 21 de octubre.

Escribe Agustín Moreno Wester

“para muchos teólogos este proyecto marca una ruptura con la unidad que representa la Eucaristía. Dos ritos en la Iglesia Latina suponen una «novedad» que va en contra de la tradición”.

“Comunión Eclesial y Birritualismo en la Iglesia Latina”
publicado el 21 de octubre.

A los franceses les conocemos su aguda ironía. De los alemanes se dice que no se le pueden contar chistes los sábados a la tarde porque se ríen el domingo en misa… Es que se pasan la noche reflexionando… ¿Estamos frente a un duelo de titanes?

En realidad, estamos desorientados como turcos en la neblina. Oímos sobre la rebelión en la granja eclesiástica francesa y esperamos -aún dentro de las formalidades curiales de rigor- exabruptos como ¡merde! ¡pis de chat! u otros que el decoro no nos permite repetir. O bien, argumentos de autoridad lapidarios del estilo: esto es así, no tiene discusión, porque yo soy obispo, bien propio de los franceses cuando creen tener la razón, es decir, casi siempre y más aún si son clericales.

Para precisar el alcance de la cuestión digamos que este coup anti misa tradicional está liderado por las primeras espadas episcopales de la tierra de Asterix y una treintena de curas; y perfilando más sutilmente la cosa, es probable que busque efectos tanto ad extra como ad intra la Conferencia Episcopal Francesa (mientras prepara su plenario anual) que, como el malevaje extrañao, mira sin comprender, según la profética letra del tango homónimo (Malevaje).

Pero jamás esperábamos un chiste de franceses como definición del estado en que quedaría la Iglesia galicana si se produce el ansiado Motu Proprio del Papa Benedicto sobre la Misa Tridentina. Sin embargo, munidos de su autoridad para enseñar (o munus docendi), recientemente desempolvado tanto como el latín, los epíscopos francos aquejados argumentan los mismo que Mons. Lefebvre… (que al caso, también era francés) ostentando una especie de novedoso munus jocandi.

El chiste es el citado arriba, a saber: “para muchos teólogos este proyecto marca una ruptura con la unidad que representa la Eucaristía. Dos ritos en la Iglesia Latina suponen una «novedad» que va en contra de la tradición”.

(Risas).

Veamos: Mons. Lefebvre, argumentaba que la nueva misa rompe la integridad litúrgica del rito latino por cuanto supone una novedad que va contra la tradición de la Iglesia. Es decir, que el rito latino fue revelado, transmitido por los apóstoles mediante lo que llamamos desde siempre en la Iglesia, la Tradición.

Los prelados franceses protestantes dicen poco más o menos lo mismo, al revés. Que la Misa Tridentina rompe la unidad litúrgica y va contra la tradición. Es uno de los mejores chistes que le escuchamos a un francés.

Notarán los lectores sutiles el uso deliberado de las mayúsculas. Nuestra posición está tomada desde hace años, de modo que ya saben de que lado estamos. Es obvio, no pretendemos disimular. Pero ello no obsta para que pongamos en evidencia un hecho que venimos anticipando -siguiendo a mejores mentes y espíritus más esclarecidos que nosotros, por cierto-. Podríamos documentar, como Fray Luis, un "decíamos ayer" bastante voluminoso. No lo hacemos porque nos falta la virtud del ilustre poeta y caeríamos involuntariante en cierto tono revanchista. Y como buenos argentinos, tenemos fiaca (pereza).

Pero volvamos al caso. El caso es que los obispos franceses amenazan al Soberano Pontífice con el "cisma" (algunos mencionan la posibilidad de hacerse protestantes, a nuestro juicio una redundancia o tautología) si sale el Motu Proprio o si se le da rienda suelta al Instituto del Buen Pastor, que cuenta con la cifra escalofriante de ¡cinco miembros!

La misa que nadie quiere y es repudiada por todos los católicos –dicen– salvo la recua de inadaptados, la que nos hunde en las aguas oscuras de un pasado olvidado y olvidable… esa misa que nadie entiende y a la que nadie asistirá, los ha movido nada menos que a declarar la guerra a Roma.

Recuerda la historia clásica y medieval del "parto de los montes". Tronaban las capas tectónicas y se bamboleaban los grandes picos, para que finalmente, cuando todos esperaban algo cercano a la segunda venida de Nuestro Señor, naciera un "mur topo", un ratoncito, nos relata el Arcipreste de Hita. ¿Por qué tanto temblar de montes si se trata de un mur topo, como vienen diciendo los progres desde siempre? ¿Por qué tanto temor a un ratoncito…?

Pero la cosa más graciosa de estos episodios, si es que gracia alguna tienen, es la siguiente: los guardianes de la ortodoxia conciliar se aferran al nuevo rito temiendo que "el Concilio Vaticano II pueda ser borrado de un plumazo". "Los que permanecemos fieles al Vaticano II…." se autoproclaman. ¡Zafarrancho! ¡El regreso de los trogloditas! ¿Buscan asustar o están asustados?

Más allá de lo anecdótico, el qui de la cuestión es trascendente: se reconoce públicamente, por parte del sector progre, que hay en la Iglesia dos iglesias. La Iglesia 1, que murió el 8 de diciembre de 1965 con el cierre del Vaticano II. Y la Iglesia 2 que nació allí.

Cada una tiene su dogma, su ortodoxia y su culto público o liturgia. En esto coinciden con Mons. Lefebvre, o más bien le dan la razón. Claro que la muerte de la iglesia 1 no podría ser sino una apariencia, porque las puertas del infierno no prevalecerán. Mientras que la iglesia 2 no tiene Promesas sino más bien ilusiones.

Según los obispos protestantes, ambas iglesias son incompatibles, opuestas, se rechazan. Lo mismo que decía Mons. Lefebvre, aunque con una perspectiva mucho menos fundamentalista. El Arzobispo dimisionario de Dakar y ex Superior de los Padres del Espíritu Santo nunca negó la posibilidad de interpretar la mayor parte del Concilio a la "luz de la Tradición", tarea ingrata pero necesaria, dado el hecho de que esa especie de asamblea universitaria que fue el CVII fue sanada in radice por Paulo VI. En virtud, pues de la Suprema Potestad del Sumo Pontífice, la merienda de negros (sus discusiones arregladas, trampas reglamentarias y coups d'etat sobre los cargos directivos, así como la tabla rasa de los esquemas preparatorios) todo ese pastel pisoteado pasó a tener vigencia legal, por culpa de nuestros pecados. Y si a ello le sumamos luego el "espíritu del Concilio"… temblemos.

Mons. Lefebvre firmó todos los documentos del Concilio, algunos bajo protesta. Y cuando sus efectos se hicieron sentir, pidió al Papa libertad para "hacer la experiencia de la Tradición" y aplicar al Concilio el filtro de esa misma Tradición. El resultado de esos pedidos es por todos conocido: cierre del seminario, suspensión a divinis y luego, acorralamiento y excomúnica.

Mientras los del "espíritu del Concilio" folgaban por allí haciendo toda suerte de tropelías litúrgicas, doctrinales, edilicias y de las otras, bien evocadas por el verbo folgar. En pro y en contra, con perdón.

Pero hoy los protestantes obispos franceses ni un milímetro le quieren dejar a la ortodoxia católica en nombre de la ortodoxia conciliar y su malhadado "espíritu". Nada. ¡El ecumenismo tiene sus límites, que jorobar!

"Sería ingenuo pensar que el problema con Lefebvre sea meramente litúrgico"… ha dicho otro obispo francés. Tiene razón, es teológico. Y es litúrgico porque la nueva teología conciliar -o posconciliar, si quieren- necesitaba una nueva liturgia sin la cual era inaplicable. Y ahora, cuando caminamos sobre la ruinas de esta pavorosa experiencia mengeliana, los "leales" al Concilio no quieren que se abra ni una puertita, nada que permita poner frente a frente a la Iglesia bimilenaria y su ortodoxia apostólica con la iglesia conciliar y su "ortodoxia personal", su "tradición" de 40 años, fabricadas por mentes febriles y permitidas por un papa atormentado por sus contradicciones teológicas y sus sentimientos y rencores personales, como fue Paulo VI.

Finalmente, los franceses ponen en blanco sobre negro las cosas que venimos diciendo desde el campo tradicional. Hay dos teologías incompatibles: una revelada, la otra fabricada. Hay dos ritos (o formas del rito) que, en el mejor de los casos, tienen jerarquías incomparables: una fue entregada por los apóstoles. La otra inventada por Mons. Bugnini, ese mesiánico francmasón, y su grupo de asesores protestantes.

Aún si la mayoría siguiera asistiendo al Novus Ordo, este deberá ser muy depurado, y en eso parece estar el Papa. Y esta es otra de las razones del ataque preventivo sobre en nuevo "eje del mal" que los progres ven dentro de la Iglesia.

La "reforma de la reforma" aunque a muchos tradicionalistas no les guste o no los llene, es algo necesario, un paso que el bien de las almas exige urgentemente por el clero y por los fieles. El Novus Ordo quizás mejore mucho, en la medida en que se parezca más al viejo, al de siempre, al apostólico. Teniendo libertad, el Rito tridentino podrá ganar nuevamente los corazones y las mentes de los católicos latinos. Si se puede comparar, se puede elegir.

Esto y quizás algo más es todo lo que podemos pedirle a Benedicto XVI. No es poco para un hombre que orilla los 80 y ha sido y quizás siga siendo en el fondo de su corazón un enamorado del Concilio, pero (misterio de la Fe y del corazón humano y del designio divino) un hombre que ve la hecatombe y quiere hacer algo para detenerla.

Dios lo libre de sus enemigos.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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