La Corte de Sodoma En octubre de 2006 publicamos, a modo de parodia, unos cronicones sobre la designación de los miembros de la Corte Suprema de Justicia Argentina.

En octubre de 2006 publicamos, a modo de parodia, unos cronicones sobre la designación de los miembros de la Corte Suprema de Justicia Argentina. Seguramente no hace falta, pero para los más jóvenes conviene recordar algunas claves en los nombres: Kirken es Kirchner, Argiva es la difunta Carmen Argibay, paz descanse… si puede.

En octubre de 2006 publicamos, a modo de parodia, unos cronicones sobre la designación de los miembros de la Corte Suprema de Justicia Argentina. Seguramente no hace falta, pero para los más jóvenes conviene recordar algunas claves en los nombres: Kirken es Kirchner, Argiva es la difunta Carmen Argibay, paz descanse… si puede. Zafir es Zaffaroni, que acaba de renunciar, Elcotur es Menem, Melaspico representa a Alfonsín (ex presidente) y Goodfornathing de la Calle es De la Rua. Obviamente, Corleone de Baires es el ex presidente Duhalde.

 

Narraremos aquí la pública historia de la monarquía democrática de Sodoma, hoy lamentablemente sepultada por una catástrofe cósmica que los fundamentalistas de siempre atribuyen a la ira divina, como si Dios -supuesta su existencia- pudiera enojarse con alguien.

La depuesta dinastía de Elcotur Primero y Único trajo falsa paz y prosperidad al reino, después de las convulsionados últimos días de monarca anterior, Melaspico, famoso por sus apologéticos discursos laudatorios a la Madre de Todas las Leyes, escrita en tablillas de barro y debidamente guardada cada tanto debido a la fragilidad de la materia en la que se sustentaban.

Caído MelaspicoElcotur prometió el oro y el moro. Y los habitantes de Sodoma se sintieron por unos años a la altura de los imperios emergentes. Fue un reinado largo a cuyo final todo parecía estar en una tensa calma, como detenido en el tiempo aunque el descontento de los súbditos aumentó de día en día. Luego gobernó Goodfornothing de la Calle, cuya costumbre de “fumar dentro de la garrafa” (dicho sodomitense que significa hacer todo lo posible para que algo reviente) produjo el resultado esperable.

No terminaban de caer las esquirlas y restos desde los aéreos espacios a los que los impulsó la onda expansiva cuando, tras una serie de reyezuelos insignificantes, Corleone de Baires puso alguna calma y apuró el traspaso de la real papa caliente a quien fuera, eligiendo a su sucesor de un menguado muestrario en el cual todos los modelos a su gusto estaban averiados o descontinuados.

Debió resignarse con una segunda selección, lo único que encontró que pudiera impedir el regreso de su más odiado enemigo, Elcotur. En este tiempo que referimos gobierna y se lo conoce por muchos nombres y apodos, no todos ellos muy halagüeños, siendo “Kirken, de la Torva Mirada” su nombre y más popular apelativo, respectivamente.

Se dice que “Kirken”, en una arcana lengua austral, significa “el que hizo fortuna en poco tiempo sacando combustible negro del fondo de la tierra”, aunque es improbable que una raíz tan breve pueda encerrar tantos matices semánticos. Para no alargar la historia mundialmente conocida, el monarca sucesor, perfil de ave y mirada sagaz, lucha denodadamente por formar su base de poder, puesto que llegó a obtener la corona por medio de una carambola electoral a tres bandas. La banda propia, la del que renunció a competir en la instancia final y la banda mayor, la de quien lo puso y ahora pretende tenerlo cortito.

Bien, ¿como logró mantenerse Kirken el poder? Amagando con la izquierda y pegando con la derecha en lo referente a las finanzas del reino. Y amagando con la derecha y pegando con la izquierda en otras materias. Y amagando y pegando con todo lo que pudo en el resto de los casos. Gran jugador, puso a riesgo todo su capital en cada apuesta, lo cual acrecentó su fortuna política en breve lapso. Una de sus grandes apuestas (algunos contemporáneos decían, con voluntario lapsus elocutivo “apestas”), fue reemplazar a los miembros de la corte, herencia de los lejanos tiempos de Elcotur el Único.

Llamó a concurso público para elegir a los nuevos cortesanos que ocuparían los cargos vacantes, vacancia lograda con expeditivo ardor: algunos fueron defenestrados por los ventanales del templo de la justicia, otros huyeron por los túneles cavados al efecto desde antiguo. Financió y acrecentó un ejército de habitantes de la escala inferior del reino a quienes entretenía con dádivas, haciendo la vista gorda a sus travesuras, como las de ocupar lugares públicos y privados, amenazar y apalear súbditos que no le resultaban gratos y cada tanto destruir algún edificio para impulsar la reactivación del gremio de la construcción, por lo cual obtuvo, Kirkner, el beneplácito de los masones, gente del oficio.

Para dar gozo al pueblo y regocijo espiritual a los mediopudientes tramó un alambicado sistema de selección de sus cortesanos, a fin de que nadie pudiese sospechar parcialidad o amiguismo. En el circo mayor debía debatirse ante la plebe los méritos que determinasen la dignidad o indignidad del cortesano propuesto. Propuso para el cargo a Zafirel del gay decir -por su galana verba- (individuo de género masculino que en la jerga marina de Sodoma significa “especie de bajel que atraca siempre de popa”).

Batido en la lid numérica por los objetores, su oficial de emprolijamiento legal se limitó a desechar los votos contrarios realizando una proeza matemática que pondría verde de envidia al propio Euclides:Estableció que 830 era menos que 150, con lo cual Zafir alcanzó su ansiado título de cortesano. No se habían aplacado aún las sonoras protestas de los fundamentalistas ya nombrados en esta verdadera crónica a propósito de la designación de Zafir, que Kirken, en acuerdo con el jefe de una de bandas de su famosa carambola propuso a Argibade la Agria Faz, al cargo y privilegios de cortesana. Argiba, -en lengua hitita significa “escupo sobre todo lo sagrado” -hace honor a su nombre, negando la existencia de Dios de un modo militante.

Desaparecida durante un tiempo, en épocas de dura persecución, se refugió en Iberia, donde se dice pasaba las horas aprendiendo el arte de destruir niños en el seno materno (por lo cual se la vincula lejanamente a la dinastía de los Idumeos, aunque no consta) y el arte de hacer tortillas españolas. Ambas prácticas siguen estando entre sus preferidas.

Naturalmente, los fundamentalistas…

Aquí acaba el rollo de este cronicón que hemos repetido sin cambiar ni un ápice ni una coma, tal cual lo escribiera el anónimo autor.

En la esperanza de conseguir el resto de la obra, tan solo nos atrevemos a prometer que quizás continuará…

 

Y continuó, de hecho en el artículo titulado: La Astucia de Kirken y la Perfidia de Lizbel, en donde queda aludido ya, bajo la denominación de “el mudo”, nuestro actual papa Bergoglio.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com