Sobre Guerras y Rumores de Guerras. En esta cuaresma bélica, con cientos de miles de hombres combatiendo una guerra intercontinental en las orillas del Éufrates…

En esta cuaresma bélica, con cientos de miles de hombres combatiendo una guerra intercontinental en las orillas del Éufrates, el inmenso poderío militar de un imperio que invoca al Dios de los protestantes contra el Dios de los musulmanes, todo en nombre de la paz, no haremos mal en releer sobre el Apocalipsis.

En esta cuaresma bélica, con cientos de miles de hombres combatiendo una guerra intercontinental en las orillas del Éufrates, el inmenso poderío militar de un imperio que invoca al Dios de los protestantes contra el Dios de los musulmanes, todo en nombre de la paz, no haremos mal en releer sobre el Apocalipsis.

No digamos ya el Apocalipsis, libro arduo y difícil de aprovechar sin la debida formación, pero al menos echemos mano de uno de sus más lúcidos comentaristas, el P. Castellani. Y en esa tarea aprovechará más nuestro espíritu que en el seguimiento de la CNN o de los diarios. Y, es ya casi un lugar común, al decir de León Bloy, leyendo el Apocalipsis nos enteraremos de las últimas noticias.

Claro que no estamos profetizando… Nadie sabe el día ni la hora. Pero así como un buen susto, un accidente con final feliz, un choque mortal de automóviles evitado, un peligro eludido por la siempre atenta vigilancia de nuestro ángel custodio (¡qué olvidado lo tenemos!), uno de esos trances casi fatales, nos recuerdan que polvo somos y al polvo volveremos… así, estas guerras y rumores de guerras nos recuerdan que un día el Señor volverá en Gloria y Majestad. Y ese será el día de los justos, el día de la venganza del Señor, el fin del tiempo de la misericordia.

¡Cómo repugna al espíritu moderno pensar en la muerte! ¡Qué terrible rechazo siente inclusive el católico practicante cuando le hablan de la Segunda Venida! Y, sin embargo, qué sino eso pedimos en el Padrenuestro cotidianamente:Venga a nosotros tu Reino.

Por otro lado, ¡qué terrible tentación la de algunos católicos la de pecar contra la esperanza, dando todo por perdido!Luchar por el reinado social de Jesucristo… ¿para qué?, se preguntan, sin esperar respuesta, porque ya se han respondido ellos mismos: ¿No es evidente que reina ya el Anticristo o estamos en los umbrales de su poderío mundial? ¿Qué sentido tiene salir a la calle para protestar contra una ley inicua, una blasfemia, contra la lacerante inmoralidad que destruye las almas de nuestros hijos como las bombas que caen sobre Bagdad? ¿Para qué, si todo está perdido?

Estos o similares pensamientos aquejarían a los Apóstoles y discípulos del Señor entre el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección. Todo está perdido.

Que el rostro patético del Nazareno cargando con la inmensidad de los pecados del mundo y de cada uno de los hombres nos conmueva, al fin, para que seamos capaces de pedir el advenimiento del Reino y a la vez de luchar por su Reinado social. Que seamos capaces de cumplir fielmente con el afán de cada día sin olvidar el día de la ira, el día aquel en que las naciones comparecerán ante el Juez tremendo.

Que la Virgen de los Dolores nos ampare y que su soledad nos aliente. Nada está perdido mientras ganemos el alma. Y entretanto ¿quién es capaz de escrutar el designio que guarda para el mundo aquel que es el Señor de la Historia?

A él nos encomendamos y a su Ssma. Madre en estos días de pasión que se avecinan. Y también de Resurrección.

Publicada en la Cuaresma de 2006, durante de la Guerra de Irak.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com