Panorama Católico

Contraorden: se puede evangelizar. Es más, se debe

La congregación para la doctrina de la fe emitió una nota contra la "creciente confusión" penetrada incluso en los institutos misioneros. Que en respeto al diálogo renuncian a predicar y a bautizar. Dos situaciones críticas: Rusia y los países musulmanes


La congregación para la doctrina de la fe emitió una nota contra la "creciente confusión" penetrada incluso en los institutos misioneros. Que en respeto al diálogo renuncian a predicar y a bautizar. Dos situaciones críticas: Rusia y los países musulmanes


por Sandro Magister


ROMA, 17 de diciembre del 2007 – "Es una orden precisa del Señor y no admite excepción alguna. Él no nos ha dicho: Predicad el Evangelio a toda criatura, excepto los musulmanes, los judíos y el Dalai Lama”.

El cardenal Giacomo Bifi, arzobispo de Bolonia, predicó esto en un célebre discurso que tuvo nueve días después del 11 de setiembre del 2001.

Y esto dice – con palabras menos fulminantes, pero de igual sustancia – la “Nota doctrinal sobre algunos aspectos de la evangelización” difundida por la congregación para la doctrina de la fe el pasado viernes 14 de diciembre.

La nota estaba en cantera desde hace varios años, desde que Joseph Ratzinger era todavía prefecto de la congregación. Lo que la ha vuelto “necesaria” – se lee en la introducción – ha sido la “creciente confusión” sobre el deber de la Iglesia de anunciar a Jesús al mundo.

“Una confusión que ha penetrado también en los institutos misioneros”, ha lamentado en una entrevista a la Radio Vaticana el secretario de la congregación el arzobispo Angelo Amato. “No más anuncio de Cristo, ninguna invitación a la conversión, ningún bautismo, ninguna Iglesia. Sólo compromiso social”.

En el origen de este enfriamiento del espíritu misionero de la Iglesia, hasta su extinción, la nota indica varias causas.

Ante todo la idea que cada religión es vía de salvación a la par de las otras.

Después la convicción de que proponer la verdad cristiana a otros es un atentado a su libertad.

Después una concepción del Reino de Dios no identificado en la persona de Jesús sino en “una realidad genérica que supera todas las experiencias o las tradiciones religiosas, a las que ellas deberían tender como a un universal e indistinta comunión de todos aquellos que buscan a Dios”.

Después también la idea que “la pretensión de haber recibido en don la plenitud de la Revelación de Dios esconde una actitud de intolerancia y un peligro para la paz”.

A algunos de estos “relativismos e irenismos”, la congregación para la doctrina de la fe ya respondió con la declaración “Dominus Iesus” de agosto del 2000.

Otros los ha enfrentado con las notificaciones a cargo de tres famosos teólogos procesados en estos últimos años: Jacques Dupuis, Roger Haight y Jon Sobrino.

Contra las “significativas ambigüedades” de un cuarto teólogo, Peter C. Phan, se pronunció precisamente en estos días la conferencia episcopal de los Estados Unidos, con una declaración el 7 de diciembre.

En positivo, la nota de la congregación vaticana solicita obedecer sin reservas al mandato de Jesús: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura” (Mc 16,15).

Si bien también los no cristianos pueden ser salvados por Dios a través “vías conocidas por Él”, nos queda a nosotros cristianos la obligación de dar a conocer a todos “el verdadero rostro de Dios y la amistad con Jesucristo”, sin los cuales hay “oscuridad” y “desierto”.

No basta sólo testimoniar con la vida, advierte la nota. Que prosigue citando la exhortación apostólica “Evangelium nuntiandi” de Pablo VI:

“También el más bello testimonio se revelará a la larga impotente, si no es iluminado, justificado – lo que Pedro llamaba ‘dar las razones de la propia esperanza’ (1 Pe 3, 15) – y explicitado por un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús”.

En el final, la nota afronta la cuestión de la evangelización “en un país donde viven cristianos no católicos, sobre todo en países de antigua tradición y cultura cristiana”.

El pensamiento corre a Rusia ortodoxa. También en situaciones como esta – se lee en la nota – el diálogo con los cristianos no católicos debe ser “no solamente un intercambio de ideas sino de dones, con el fin de que se pueda ofrecer a ellos la plenitud de los medios de salvación”.

Y en el caso de conversiones la nota escribe:

“Si un cristiano no católico, por razones de conciencia y convencido de la verdad católica, pide entrar en la plena comunión de la Iglesia católica, ello se debe respetar como obra del Espíritu Santo y como expresión de la libertad de conciencia y de religión. En este caso no se trata de proselitismo, en el sentido negativo asumido por este término”.

Más en general, la nota afirma que la evangelización no es para la Iglesia sólo un deber sino “es también un derecho irrenunciable, expresión propia de la libertad religiosa, que tiene sus correspondientes dimensiones ético-sociales y ético-políticas. Un derecho que lamentablemente, en algunas partes del mundo, no está todavía legalmente reconocido y en otras no es respetado en los hechos”.

Aquí el pensamiento corre a los países musulmanes. Donde tanto la predicación como las conversiones han sido siempre peligrosas y lo son todavía hoy, hasta el precio de la vida. Pero escribe la nota:

“Precisamente el martirio da credibilidad a los testigos, que no buscan o ganan sino dan la propia vida por Cristo. Ellos manifiestan al mundo la fuerza inerme y plena de amor por los hombres que viene donada a quien sigue a Cristo hasta el don total de su propia existencia. Así los cristianos desde los albores del cristianismo hasta nuestros días, han sufrido persecución a causa del Evangelio, como Jesús había preanunciado: Si me han perseguido a mí, los perseguirán también a ustedes (Jn 15,20)”.

Fuente: Chiessa

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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