Panorama Católico

Conversión

Todo lleva a pensar que en tal ambiente, los participantes habrán respirado
hondo al zafar de un riesgo. Era el peligro –despejado a la postre- de que el
cardenal Jorge Bergoglio, como sacerdote de Cristo, llegara a nombrarlo o
aludirlo siquiera remotamente.

Escribe Juan E. Olmedo Alba Posse

 

Todo lleva a pensar que en tal ambiente, los participantes habrán respirado
hondo al zafar de un riesgo. Era el peligro –despejado a la postre- de que el
cardenal Jorge Bergoglio, como sacerdote de Cristo, llegara a nombrarlo o
aludirlo siquiera remotamente.

Escribe Juan E. Olmedo Alba Posse

 

Conversión. En un artículo publicado en “La
Nación” (14-4-08), el señor Carlos Escudé ha elogiado la
“libertad teológica” del Papa. Y destacó que “porque la Iglesia romana ya no puede
imponerse autoritariamente sobre sus competidores, los gestos de Benedicto XVI
convocan a un libre juego de conversiones. Estamos frente a la antítesis de la Inquisición, que
premiaba la herejía con la hoguera”. La transcripción precedente, un tanto
teñida de mercantilismo y otro tanto de prejuicio masónico, intenta resumir el
cúmulo de confusiones que agitan al autor en su artificiosa cortesía hacia el
Pontífice. Difícil resultaría por lo demás, acompañar el intrincado
razonamiento, que en cierto momento equipara prácticamente las dos religiones,
aunque deslizando la sutileza que el cristianismo que
el Mesías ya ha llegado, mientras el judaísmo
que está por llegar.
Por supuesto olvidando además, la Santísima Trinidad y la divinidad de Cristo. Todo
como encaminado a la despedida, nada menos que de la religión cristiana. Al pie
de la nota, el matutino aclara acaso con un dejo de ironía impropio de la
patética advertencia, que “El
autor es ensayista. Anunció que iniciará un curso formal para su conversión al
judaísmo”. Así; tal como se lee.

Por cierto no nos compete juzgar al pobre ensayista, cuya estampa -vaya la
curiosidad- hace rato que traducía ansiosas aspiraciones rabínicas. Lo mismo
que los entresijos de su pensamiento. Desde ya sentimos una profunda
conmiseración. Pero además un hecho tan insólito (que no registra entre
nosotros ningún precedente) lleva a otras reflexiones. Semejante acontecimiento
abiertamente difundido y calificado como “conversión”, no sucede así nomás, sin
algo que lo facilite y apoye. Sobre la defección personal, gravita el espíritu
igualador de todas las religiones, trasmitido incluso por miembros de la Iglesia. En nombre de
diálogos interreligiosos complacientes con el error, o con cuanto diluya la
absoluta y única primacía de la
Verdadera religión. Se trata del camino ancho e inclinado
hacia la apostasía, que va marcando un signo de los tiempos.

Hermanos
mayores
La cabriola de Escudé, lo saca del redil con la naturalidad de saltar hacia el
aprisco de las Ovejas Mayores. No sería raro que si le inquiriéramos sobre su
tremenda decisión, nos refrescara la memoria de cierta conocida actitud del
sumo pastor de la
Argentina. Cuando en el Año Nuevo judío (8.9.07), el Cardenal
Primado participó con su discurso en la Sinagoga Bnei Tikvá
Slijot. Una pieza memorable. Tal vez nunca un pastor de tan alto nivel haya
expresado más fervorosamente su adhesión espiritual al judaísmo, profesándolo
con palabras solemnes: “Hoy, aquí en esta Sinagoga, tomamos nuevamente
conciencia de ser pueblo en camino y nos ponemos en presencia de Dios”
.
“También yo lo hago, como caminante, junto a Ustedes mis hermanos mayores”.

En
tal rumbo,toda
la oratoria estuvo adornada con textos escogidos del Antiguo Testamento. Y
rebosaron los halagos, transmitiéndoles a los judíos la certeza de que caminan
rectamente a los ojos del Señor. Todo ello, sin el menor atisbo de sombra por
el rechazo de Cristo. También dejó expresado un suave reconocimiento de faltas
ante Dios, sumándose como un prosélito: “Hoy seguramente encontraremos cosas
que reprocharnos y situaciones en las que no hemos caminado en su presencia”
.

Custodia Admirado seguramente, el rabino Abraham Skorka le expresó luego al cardenal
estas misteriosas palabras: “Usted nos dio algo en custodia”… (La Nación, 10.9.07). Resulta
muy comprensible que los asistentes al acto interpretaran un alejamiento del
purpurado de las “imprudencias” de Esteban, Pedro o Pablo, y tantos mártires
que antaño incomodaron con su “fanatismo”…

Todo lleva a pensar que en tal ambiente, los participantes habrán respirado
hondo al zafar de un riesgo. Era el peligro –despejado a la postre- de que el
cardenal Jorge Bergoglio, como sacerdote de Cristo, llegara a nombrarlo o
aludirlo siquiera remotamente. Sobre todo cuando se preguntó: ¿Cómo es Dios
ante el que ahora me pongo en presencia abriendo mi corazón y la conciencia de
mis propias miserias?… Cuya clave venía a punto con lo revelado por el mismo
Jesucristo: “… El que me ha visto ha visto a mi Padre” (Jn.14-9); “…Creedme: Yo
soy en el Padre y el Padre en Mí”.
Y algo más delicado, acaso: “Si Yo no
hubiera hecho en medio de ellos las obras que nadie ha hecho, no tendrían
pecado, mas ahora han visto, y me han odiado, lo mismo que a mi Padre”
(Jn.
15-24). Todo con la trágica resonancia de San Juan: “Vino a lo suyo y los suyos
no lo recibieron”.

Ruego Ojalá
que las palabras evangélicas lo hagan recapacitar a tiempo al aspirante a
prosélito. Sobre todo antes de que se vea precisado -en el "curso
formal" para su paso al judaísmo- a rechazar formalmente la Cruz. Conforme al
mandato de los rabinos de Jerusalén. Como lo expresara Meir Lau en vísperas de
la visita de Juan Pablo II y recientemente lo significó en la misma
ciudad, el rabino que impidió al cardenal austriaco Schonbron y su
comitiva, acercarse con sus cruces pectorales al Muro de los Lamentos…

En fin, todo invita al recogimiento en nuestra mísera condición, rogando al
Señor que nos mantenga fuertes en la
Fe y firmes en la Esperanza. De hecho, cuanto está ocurriendo ya
fue previsto y advertido.

Y las puertas del
Infierno no prevalecerán.


AICA
Documentos – Cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ

EN LA
SINAGOGA BNEI TIKVÁ SLIJOT

Discurso de del cardenal
Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, en la Sinagoga Bnei Tikvá
Slijot (8 de setiembre de 2007)

“El Señor dijo a Abram: Deja tu tierra
natal y la casa de tu padre y ve al país que yo te mostraré" y
"Abram partió, como el Señor se lo había ordenado" (Gén. 12: 1 -3).
Así comenzó el camino de la promesa … y siguió durante siglos a través de
pueblos, ciudades, naciones y desiertos. El camino de un hombre elegido que
dejó que el Señor le escribiera la historia e hiciera de él una gran nación
(cfr.' Gén. 12:2), un pueblo; el camino de un hombre y un pueblo que,
sabiéndose elegidos, iban en pos de una promesa e hicieron alianza con su Dios.
"Camina en mi presencia y sé irreprochable" (Gén. 17:1) fue el
mandato. Caminar bajo la mirada del Señor, en su presencia, con la voluntad de
cumplir su mandato.

Hoy, aquí en esta Sinagoga, tomamos
nuevamente conciencia de ser pueblo en camino y nos ponemos en presencia de
Dios. Es un alto en el andar para mirarlo a Él y dejamos mirar por Él; para examinar
nuestro corazón en Su presencia y preguntar si caminamos siendo irreprochables.
También yo lo hago, como caminante, junto a Ustedes mis hermanos mayores. La
interpelación que nos hacemos es doble: ¿Camino en presencia de Dios? ¿Qué
tengo que reprocharme? Son muchas las maneras de no caminar o no querer
caminar, o de hacerlo no en la presencia de Dios, es decir idolátricamente …
aquel "andar rengueando de las dos piernas" (lRey. 18:26) que el
profeta Elías echaba en cara a su pueblo. Y, en este rengueo, ¡Cuántas cosas
nos hacen reprochables a los ojos del Señor! Nos detenemos un instante y nos
examinamos. Esto entraña un juicio. Le pedimos al Señor que nos mire, que diga
su palabra acerca de mi andar o mi estarme quedo, acerca de si .estoy habitualmente
en .su presencia pretendo esconderme como Adán (cfr: Gén. 3:8), acerca de lo
reprochable de mi vivir cotidiano … Y nos dejamos mirar por Él.

Esa mirada hará su juicio y nos hará
sentir en el corazón cómo hemos andado, qué tipo de renguera es la nuestra,
cuáles son y cómo se llaman nuestros baales…. ésos que debemos destruir o,
mejor dicho, pedirle a Él que los destruya porque solos no podemos. Siempre
someterse a un juicio acarrea temor. El corazón comienza a preguntarse. ¿Cómo
es el Señor? ¿me castigará mucho? Aquí podemos equivocamos y confundirlo con Un
Dios cruel, un ídolo a la medida de nuestros sentimientos mezquinos o egoístas.
Pero, así y todo, la pregunta es válida: ¿Cómo es Dios ante el que ahora me
pongo en presencia abriendo mi corazón y la conciencia de mis propias miserias?

“El Señor es un Dios compasivo, lento
para enojarse y pródigo en amor y fidelidad” (Ex. 34: 6), así se le manifiesta
a Moisés que cae de rodillas y se postra. Se trata de la manifestación de su
bondad, de su fidelidad. El Señor ante quien estamos hoy es fundamentalmente
fiel. Tal fidelidad, que es firmeza, nos sostiene, nos da consistencia y -­un
en medio de nuestros pecados- nos ofrece confianza porque el amor de Dios es un
amor invariable que permanece firme siempre incluso cuando las personas se
muestran indignas de tal amor. Esta fidelidad está unida a la Alianza es la garantía que
tiene el pueblo de que Él cumplirá todo lo prometido: “El Señor se acuerda
siempre de su alianza, de lo que pactó con Abraham, del juramento que
hizo a Isaac” (Salm. 105:8-9; ICor. 16: 15-16). Sin embargo no se trata
de una fidelidad externa puramente legal, del mero mantener la palabra empeñada
…. No. La fidelidad del Señor es entrañable, es su modo de ser más hondo.
Isaías nos lo señala bellamente: “Sión decía: “El Señor me abandonó, mi Señor
se ha olvidado de mí” ¿Se olvida una madre de su criatura? ¿No se compadece del
hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré" (Is.
49: 14-15; cfr. Salmo 27:10) Su fidelidad es ternura.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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