Panorama Católico

Cosa de no creer

Seguro que todos los lectores de Panorama ya han visto el primer video de la serie que amenaza traducir a spots publicitarios las intenciones del papa Francisco. Ese en el que aparecen cuatro personajes entremezclados con imágenes de Francisco, mientras con su voz de abuela presbiteriana, alentando a creer que ninguna religión es verdadera, dice implícitamente que todas son verdaderas…

 

Seguro que todos los lectores de Panorama ya han visto el primer video de la serie que amenaza traducir a spots publicitarios las intenciones del papa Francisco. Ese en el que aparecen cuatro personajes entremezclados con imágenes de Francisco, mientras con su voz de abuela presbiteriana, alentando a creer que ninguna religión es verdadera, dice implícitamente que todas son verdaderas…

Por razones de efectividad y síntesis del mensaje, imaginamos, aparecen solamente cuatro personajes representando “religiones”. Cuatro que son tres, porque el budismo, nadie sabe qué hace aquí, no es siquiera una religión. Es una corriente filosófica… atea. Buda no cree en Dios ni dice serlo, con notable coherencia. Y la seguidora de Buda que se muestra envuelta en cubrecamas y otros enseres de blanquería no cree, solo confía. No en Dios, sino en Buda. Representa no se sabe qué, pero sobra a la hora de hablar en nombre de las religiones.

No podían faltar los judíos, que poca gracia le hacen a la mayoría de los judíos, además. Porque entre los judíos están los que creen según la versión talmúdica, posterior a la Redención que vino a consumar el niñito que aparece en la imagen. Y lo detestan porque lo consideran un falso mesías. Y están los que creen de un modo misterioso pero tal que –lo dice el Apóstol San Pablo- se convertirán. Y su conversión será signo de la proximidad de la Parusía. Estos judíos representados en el spot, los que cachondean con los católicos, no son muy apreciados por la mayoría de los judíos.

El señor devoto del Corán, cuando va a decir que cree en Dios deja en claro que cree es Allah. Sí, ya se. Allah es la palabra árabe para nombrar a Dios y la misma que usan los católicos de lengua árabe. Todo bien. Pero ese Allah que él dice no es el Dios uno y trino en el que cree la Iglesia, los ortodoxos y hasta algunas denominaciones protestantes que todavía creen en algo. Dice Allah para hacer la distinción, porque tampoco es cuestión de que los yihadistas se chiven. Y lo bien que hace, porque ese Allah que es objeto de su fe, no se parece en nada a Dios. Es un viejo malvado y sanguinario.

No, no, no, pare, me dicen aquí. No confunda a los de Isis (que es una secta financiada por el sionismo internacional) con el Dios de los musulmanes, que es un Dios de paz. ¡Paz, paz, paz! Y si sobreviviste, te degüellan. No digo los de Isis. Digo por ejemplo, uno de tantos en la historia, el tío de la santa carmelita María de Jesús Crucificado, Mariam Baouardy, que cuando el dicho tío la quiso volver musulmana y ella se negó dulcemente, haciendo la apología de Jesús (el Niño y el Jesús de la Cruz, que son el mismo) simpáticamente le abrió un tajo en la garganta como de 10 cms de largo y uno de profundidad, según comprobó un examen médico posterior al martirio. A su sobrina, ahí mismo, en la sala familiar.

Como se sabe, los martirios no siempre son mortales. Sor María sobrevivió milagrosamente cuando su piadoso tío musulmán radicado en Alejandría, Egipto y durante el siglo XIX, la envolvió en una manta y la tiró en un callejón, ejerciendo la justicia islámica. Difícil que en la casa no se hayan enterado de este “femicidio” porque la yugular suele sangrar profusamente. Si quieren saber la historia completa, vean aquí.

Tampoco parecen muy creyentes en el amor los refugiados que en Alemania salieron a festejar el año nuevo acorralando a unas veinte mujeres, de las cuales solo llegaron a violar a dos, porque los interrumpió la policía, justo cuando estaban por cumplir con el mandato religioso que acepta una gran parte de los musulmanes fervorosos, en general varones, de violar a las mujeres “indecentemente vestidas” si se da la ocasión. Conozco varios relatos. ¡Chicas, nada de viajar por Marruecos en pantaloncitos! Ni por Berlín. Porque los muchachos del Islam son muy fervorosos.

Otro que cree en Dios es el P. Marcó, ilustre representante de la Iglesia Católica en el spot aludido. En Europa se pusieron a investigar al P. Marcó y descubrieron un par de tropelías notables. Nosotros ya se las conocíamos. Su denuesto contra el papa Benedicto justamente en ocasión de la conferencia de Ratisbona. Y otras opiniones visiblemente acatólicas, como por ejemplo que los pecados de orden personal sean eximidos de la confesión. Que se confiesen solamente los pecados públicos. Esto salió en Clarín en su momento, cuando no era el clérigo más querido en Roma por el entorno del papa Ratzinger.

Tal vez por estos méritos y porque Bergoglio es buen pagador, lo puso ahí, con su cara de vieja anabaptista (la de Marcó, digo), para hacer juego con el resto.

Eso sí, todos creen en el amor. Y esto así declarado (¿por qué no les vamos a creer después de todo, si son meros pecadores pero no corruptos?) anula los principales dogmas de la Fe Católica. Iguala la imagen, o sea la representación de una realidad viva y eterna, la de Jesús, Dios Hombre con una sarta de cuentas que los musulmanes usan para pasar el rato, el candelabro de siete brazos, símbolo litúrgico usado por el mosaísmo aunque pertenece de pleno derecho a la Iglesia Católica, y el panzón repugnante de Buda. Y Marcó, que no cree en la confesión, justo ahora que estamos en el año de la Misericordia y hasta los lefebvristas tienen licencia para confesar… Y menos en el sigilo, porque solo debemos, dice él, confesar los pecados públicos. Y como él no tiene ninguno (y yo tampoco, ¡qué tanto!) no nos confesamos un cuerno.

Ahí está resumido, más bien explicado, el sentido de este spot publicitario armado por una agencia catalana, porque Francisco apaga la luz y devuelve las banditas elásticas para evitar gastos inútiles, pero a la hora del ecumenismo no se fija en menudencias. Que lo diga la Francesca Immacolata Chaouqui (con perdón del nombre tan santo) que se lió con el cura del Opus, vendieron unos secretitos y se hicieron de unos euros tan necesarios. Ella está libre porque está embarazada. No sabemos de quién porque es pecado privado.

Hay que destacar la ausencia de los ortodoxos, que, tengo para mí, son cismáticos y hasta heréticos, pero gente seria. Aunque ya van a encontrar a algún pelandrún que quiera tener su minuto de fama en la próxima, si hay próxima. Un día Dios se va a cansar de tanta jarana.

Confieso que esto me pareció prima facie un acto de apostasía implícita. Y que se le parece como un huevo a otro. Pero a fuerza de dedicarme a la avicultura debo decir que no hay dos huevos iguales. Lo que no quita que sean todos huevos.

Quiero decir, darle a todas las religiones, e incluso a una irreligión el carácter de vía de salvación y la capacidad de producir el amor de Cristo, la caridad, es negar casi todos los dogmas. El indiferentismo religioso es quizás la forma más concluyente de la apostasía material que un católico puede asumir.

No es negar un dogma. Es negar el sentido mismo de la Encarnación, la Redención, la Iglesia, los sacramentos, etc. No es solo “extra Ecclesiam nulla salus”. O sea, fuera de la Iglesia no hay salvación (vulgo, no te podés ir al cielo, para que quede claro). Es afirmar la infamante caracterización de la esposa de Cristo como inútil. A lo sumo, como concubina, ya que hay otras tan valiosas y legítimas como ella. Ecclesia inutilis.

“Esto es una apostasía”, le decía yo a algunos amigos a propósito. Y algunos me decían este argumento: “Entonces, Asís es un acto de apostasía, y Juan Pablo II, recibiendo las cenizas de una sacerdotisa de Shiva o la “limpia” de los brujos indios en México estaba realizando actos de apostasía”. Y el bueno de Benedicto (sensible a la liturgia tradicional y preocupado por enderezar entuertos morales) tuvo su Asís, como mínimo. Y como ambos son mejores (dicen mis amigos) que Francisco, entonces esto no podría ser una apostasía.

Y la verdad, mis amigos tienen razón, no puede ser un acto de apostasía porque es lo mismo que Asís y tantas otras cosas que no son precisamente actos de apostasía aunque se le parezcan como un huevo a otro. Es algo muy concentrado, en estado más puro. Es una casi apostasía. Es la confusión en grado excelso de claridad.

Otro amigo me dijo: “No sé si apostasía, pero en este pontificado hay algo perverso”. Lo pensé y dije: sí, tiene razón. Es untar la verdad de la Iglesia como si fuera un helado en un merdazal de errores y luego convidar a los fieles a degustarlo. Miren que lindo el Niñito Dios de la Navidad, un poquito enmerdado de errores y blasfemias, al lado de gente que dice que es un falsario, un mero profeta o un delirante.

No se si es apostasía, lo confieso. De algo sí estoy seguro: es cosa de no creer.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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