Panorama Católico

Cristo Presidente

El último domingo de octubre se celebra en la liturgia tradicional la fiesta de Cristo Rey. El Papa Ratti, Pío XI, al instituirla en 1925, no pensó en llamarla Cristo Presidente, ni siquiera Cristo Jefe de Estado. Esas ideas prosperaron luego en la Iglesia, bajo la penumbrosa luz de la Dignitatis Humanae, según la cual los estados no deben ser ya católicos, ni aspirar a serlo.

El último domingo de octubre se celebra en la liturgia tradicional la fiesta de Cristo Rey. El Papa Ratti, Pío XI, al instituirla en 1925, no pensó en llamarla Cristo Presidente, ni siquiera Cristo Jefe de Estado. Esas ideas prosperaron luego en la Iglesia, bajo la penumbrosa luz de la Dignitatis Humanae, según la cual los estados no deben ser ya católicos, ni aspirar a serlo.

Escribe Marcelo González

Decía Ignacio Braulio Anzoátegui, con la implacable ironía tan característica de su estilo, que aún en las sociedades modernas la figura del rey era mucho más prestigiosa que la del “presidente”. Por eso, la figura futbolística indiscutida en aquellos tiempos era el “rey” Pelé. Más aún en Brasil, nación monárquica, por sorprendente que pueda parecer.

Como correlato de esta nostalgia nacida de lo más profundo de nuestra cultura cristiana (o de los jirones que de ella quedan) hoy en día se usa la palabra “dios/diosa” para ponderar los valores al uso de estos tiempos. Sin intención blasfema, sin duda, meramente por confusión e ignorancia, el pueblo llano pondera a su ídolos con títulos divinos o de origen divino.

Así pues llegamos a esta extraña paradoja: el pueblo de matriz cristiana, descristianizado, aún así evoca el maximum de sus valoraciones con palabras que pertenecen al “antiguo régimen”: Dios, Rey.

Cristo Rey o Cristo Presidente

Es curioso que en las “asambleas litúrgicas” del Novus Ordo, el sacerdote meramente “presida”. No es ya alter Christus, sino un representante electo de la comunidad de “creyentes” o del “pueblo de Dios”. (Fieles e Iglesia, abstenerse). En realidad la curiosidad deja de serlo si consideramos que no estamos practicando un culto teocéntrico, y por tanto “monárquico”, cuyo ministro representa al único “sacerdote y víctima” por derecho propio. Sino una autoalabanza de creyentes unidos por un “Jesús” a la carta, un personaje que es objeto de efusiones sentimentales, pero no de culto como a Dios y Señor. Un sujeto que es tan “bueno” que no nos obliga a nada, como lo haría un Rey. Y que, como la haría un amoral bondadoso o más bien perezoso, se desinteresa de la salud espiritual de cada bautizado.

Cuando Pío XI instituyó Cristo Rey en 1925, morían por este Rey miles de personas en México, Rusia, y muy pronto en España. El día de Cristo Rey, según el calendario litúrgico desembargado por el actual pontífice, se beatificarán casi 500 mártires asesinados en España. La jerarquía española dice que ellos no formaban en ningún bando de los que estaban en guerra. ¡Qué extraordinaria situación! Los descendientes ideológicos de quienes los mataron brutalmente (y hasta el jefe de las ejecuciones) hoy gobiernan España y se niegan al reconocimiento de las virtudes del martirio. Los que combatían a los asesinos gritaban el mismo grito de Fe que ellos al ser muertos: ¡Viva Cristo Rey! Da la impresión de que sí formaban parte de una bando, el de la Iglesia, a la cual defendía uno de los “bandos” en guerra mientras el otro la perseguía brutalmente.

¡A qué extremos llega el respeto humano!

Cristo Rey, ¿de donde?

Viva Cristo Rey… (en nuestros corazones, en nuestras almas, en nuestra sacristía… pero no en la calle) No. ¡Viva Cristo Rey! de la sociedad y de las instituciones.

Seguimos descubriendo extraordinarias relaciones entre la liturgia, la Fe y la crisis de la Iglesia. En el calendario tradicional, vigente bajo Pío XI, la fiesta fue instituida el último domingo de octubre. En el reformado, se cambió al último del año litúrgico, día en que la lección hace una relación de la Segunda Venida de Cristo. No pocos han visto, y lo vemos nosotros también, una intención de vincular el “reinado de Cristo” con “el Reino de los Cielos”, dando así comodidad para la expansión de la doctrina del “sano laicismo”, oficialmente aceptada y practicada hasta hoy por la Jerarquía. Una doctrina condenada reiteradamente por el Magisterio.

Tenemos un problema… habrá que ver como se resuelve. Pero entre Quas Primas y Dignitatis Humanae hay un contradicción.

Por eso es tan importante celebrar Cristo Rey el último domingo de octubre. Porque el es Rey de acá, no solo de allá (el cielo, etc.) Es rey de todo el Universo, de las sociedades y de las instituciones, no solo de nuestras devociones particulares. En caso contrario deberíamos beatificar a los mártires de españoles por haber sido víctimas de violaciones de los derechos humanos, y acallar el grito que coronó de gloria sus heroicas muertes: ¡Viva Cristo Rey!

Pero el respeto humano, el cristianismo vergonzante y la mala doctrina quieren sofocar la gesta de triunfo de la Fe para convertirla en una mera victimización que esgrimir cuando se ataca a la Iglesia, y esto en el mejor de los casos.

Tristes pastores de una triste Iglesia de otoño, o de invierno gélido.

Veni Creator Spiritu… infunde amorem cordibus

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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