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Crónica de un día Agitado: tiempos de Aprostasía

Crónica de un día agitado

La cabeza estalla. Virus, enfermedades, plagas. ¿Cómo es posible en pleno siglo XXI, cuando la ciencia médica está en el apogeo de su desarrollo? Los siglos XX y lo que va del actual son los del gran triunfo de la medicina… Y sin embargo…

Ya verán porqué John está aquí…

Ayer nomás pasé buena parte del día acompañando a mi esposa en la guardia de un hospital prestigioso de Buenos Aires, mientras se hacía estudios por una dolencia. Largas horas en medio de los sistemas más modernos de análisis, estudios, centralización de información médica. Al final, con la entrega de los resultados, un amable médico que esperó más allá de su horario para dar personalmente el informe, nos comenta que están preocupados por casos de dengue, enfermedad transmitida por la picadura del mosquito. Hay varios en seguimiento en ese lugar. Puede ser mortal.

Ni hablar de la creciente preocupación por el nuevo tipo de Coronavirus, que es la estrella infectológica del momento. A la Argentina recién se asoma y vía personas que la han traído desde el exterior.

Disculpen la confidencia, sigo relatando mi día: las cosas se van acumulando, mi esposa no tiene diagnóstico, pero se van descartando problemas graves. Probablemente sea estrés, otra enfermedad de los tiempos en que la medicina triunfa. De regreso a casa me avisan que un buen amigo ha tenido un ACV. Pronóstico reservado. Llego después de haber manejado unos 180 kms. durante el día y con muy pocas horas de sueño. Pero tranquilo respecto a la salud de mi esposa, porque si bien el mal, cualquiera sea, le ha hecho dolorosos los últimos días, parece que no será nada grave.

¡Tanto para hacer! Es muy tarde, voy a dar un repaso a los tuits y ponerme al día. Por supuesto, el tema central es el COVID-19, luego la “invasión” de “refugiados” promovida por Turquía sobre Europa. Y el clásico: Francisco. Esta vez pide por la unidad del catolicismo chino y convoca a la semana de Laudato Sì (sí, la encíclica ecologista) para la cual sugiere actividades propias de Amnesty International, esa empresa británica que en la Argentina encabeza en estos días una campaña millonaria para promover la legalización del aborto.

Leo que en España y otros países en plena desintegración, así como en la Argentina, los encargados de la salud pública dedican sus afanes a la reducción poblacional (esfuerzo innecesario), tras haber afirmado con una contundencia muy poco científica que era imposible que el “Coronavirus” llegara al país. El tráfico de pasajeros con China y Europa es enorme. En un caso por motivos comerciales y de la existencia de grandes comunidades de ese origen, en otros por la estrechísima relación con países como Italia, España, Francia de los que van y vienen miles de personas por semana. No hace falta ser epidemiólogo.

Bien, a esta altura del día veo con decepción que la ciencia médica, promesa del mundo moderno, vuelve a fracasar en su intento de limitar peste no solo conocida, aunque se trate de una cepa nueva, sino también en su capacidad preventiva. No vivimos ya en los mugrientos tiempos de las ciudades medievales carcomidas por la Peste Negra. Ya no hay ratas en París, aunque se las ha visto trabajando en los bistrós, ni el Londres (¡je!), o tal vez algunas. Además, miles de personas enfundadas como protagonistas de las sagas espaciales y con recursos técnicos de última generación se interponen entre un virus y nosotros, pero de un modo completamente inútil.

Sin embargo, a no temer. El progreso no se detiene. Venceremos a la enfermedad, como así también hemos vencido al hambre y a las guerras, dice Francisco, haciéndose eco de los anhelos del mundo moderno. Es un sueño que todos compartimos, dice. Al menos él tiene ese sueño… Sí, estamos gobernados por un papa que nos comparte “sus sueños”. Yo con el mío tengo suficiente.

Pero mi día terminó de un modo mucho más sorpresivo, reconozco. En medio del repaso de las campañas de salud que organizan los “científicos” con el aval de los estados, leo que se preparan en la Argentina (donde mueren personas por desnutrición o picaduras de mosquitos) jornadas por la salud del hombre. Hombre en sentido de varón, en este caso. Porque ya no es cosa de aplicar términos inclusivos (hombre igual ser humano) sino de seguir las sutilezas de la autopercepción. Ahora bien, la autopercepción y la ciencia médica no se llevan del todo bien, especialmente cuando los médicos deciden someterse a esos criterios.

¿Cuál es el caso? Simple: los varones suelen tener problemas de próstata, órgano exclusivo del sexo masculino. Pero, los avances de la ciencia han permitido que haya seres “no varones” que tienen próstata también, algo celebrado desde los ministerios de la Igualdad. Es un problema dramático, difícil de esquivar sin que se rompan las normas de la corrección política, aunque haya que contorsionar la precisión científica un poquito. Por lo cual, para salvaguardar a todos ¿todes? los seres con próstata se ha creado la categoría de “personas con próstata” que no están incluidos entre los varones. Porque, al fin del día, y sobre todo hacia el fin de los días, los seres con próstata terminan teniendo los mismos problemas.

O como lo planteaba un sabio filósofo meditando sobre las etapas de la vida del varón:

En su juventud: poder sexual.

En su mediana edad: poder económico.

En su madurez: poder político.

En su última etapa: poder mear.

 

Parece que las “personas con próstata” no escapan a la regla, aunque se llamen Florencia.

Nos debemos una sabia conclusión a todo este anecdotario. Y, créase o no, la tenemos, ya anticipada desde el título mismo:

Vivimos en unos tiempos en que reina la apostasía, causa de tantos de estos males.

Pero más complicados aún, porque a esa terrible situación, ahora hay que sumarle la aprostasía.

Comentarios

07/03/2020 a las 7:58 am

El apróstata porteño quiere la unidad de la Iglesia china, sin referirse a que la verdadera Iglesia china es la perseguida sobremanera.



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