Panorama Católico

Cuestión de hermenéutica

El Card. Angelo Schola, relator general del Sínodo de Obispos del año 2005 presentó el documento postsinodal Sacramentum Caritatis. Los progresistas lo consideran un nuevo acto de “regresión” sobre el camino andado por el Vaticano II. Los conservadores respiran aliviados, no sin cierto escepticismo. Algunos tradicionalistas esperaban más.

El Card. Angelo Schola, relator general del Sínodo de Obispos del año 2005 presentó el documento postsinodal Sacramentum Caritatis. Los progresistas lo consideran un nuevo acto de “regresión” sobre el camino andado por el Vaticano II. Los conservadores respiran aliviados, no sin cierto escepticismo. Algunos tradicionalistas esperaban más.

Escribe Marcelo González

Desde aquel ya casi mítico discurso a la Curia romana del 22 de diciembre de 2005, cuando el Santo Padre definiera la cuestión posconciliar como una disyuntiva entre la hermenéutica de la ruptura o de la continuidad, la palabra hermenéutica, antes acotada a ámbitos académicos, se ha introducido con pie ligero en la jerga periodística, especializada o no y está en boca de todo polemista preocupado por la actualidad eclesiástica.

La Real Academia de la Lengua Castellana define así este término, tomado del griego sin más:

1. adj. Perteneciente o relativo a la hermenéutica.

2. f. Arte de interpretar textos y especialmente el de interpretar los textos sagrados.

3. f. Fil. En la filosofía de Hans-Georg Gadamer, teoría de la verdad y el método que expresa la universalización del fenómeno interpretativo desde la concreta y personal historicidad.

Obviando la entrada 1 que es un tecnicismo, resulta interesante resaltar el sentido y las diferencias entre 2 y 3.

Arte de interpretar los textos, en especial los textos sagrados. Sabemos que los Sagrados Textos necesitan de una hermenéutica para ser rectamente entendidos. El libre examen protestante ha sido la fuente de las mayores disidencias jamás antes registradas en la historia del cristianismo. La Iglesia, en cambio, gracias al Magisterio, mantiene –al menos mantenía- una univocidad admirable en esta interpretación –al menos en la formulación- de su doctrina.

Lo cual, además de ser un bien práctico, tiene su fundamento divino: Dios no se engaña ni nos engaña en las Sagradas Escrituras, privilegiadas, además, por la nota de la “inerrancia”, -dogma de Fe-. Pero lo que nos dicen necesita de un intérprete designado por Dios mismo, un intérprete de última instancia. Por eso el sentido de esos textos está bajo la vigilancia del Magisterio, que debe velar para que la verdad prevalezca sobre las opiniones y los errores. No solo en materia escriturística.

Notemos que la fuerza de la evidencia nos indica que el Magisterio no necesita de una particular hermenéutica dado que su función propia es la de realizar esta hermenéutica.

¿Teoría de la Verdad?

En la tercera acepción, la hermenéutica es una “teoría de la verdad”. Frase condenada a la muerte súbita, porque si es lícito formular diversas “teorías de la verdad”, la verdad, en verdad, ya ha sido muerta y enterrada.

Ahora bien, el Papa nos plantea este desafío de aplicar al Concilio una “hermenéutica”. Lo cual cuestiona inevitablemente la reciedumbre semántica de los documentos conciliares. Si hay que aplicarles una “interpretación” (obviamente todo texto requiere una interpretación, pero ¿una interpretación en grado de “hermenéutica”?), entonces el texto ofrece alguna dificultad extraña a su función específica -aclaratoria o definitoria-. Estaríamos hablando de una “hermenéutica de la hermenéutica”, para desesperación de los pobres fieles.

Si entro a la verdulería y pido dos kilos de cebollas, el verdulero estrictamente realiza un acto de interpretación de mi solicitud, también llamado ahora “decodificación del mensaje”, que normalmente se traduce en la introducción de un cierto número de cebollas en una bolsa para ser pesadas y entregada tras cierto estipendio a cambio. A fuer de diestro en el arte de su oficio, el verdulero interpreta en décimas de segundo, no mediando dificultades en el código, digamos por ejemplo, que el verdulero sea coreano recién llegado: difícilmente deba recurrir a la hermenéutica para interpretar mi locución requisitoria.

Saltando distancias y circunstancias, el Magisterio preconciliar tenía una cierta cualidad que lo hermanaba al acto comunicativo que hemos ejemplificado. No requería generalmente de un segundo acto de hermenéutica, entendiendo tal palabra en su acepción número 2 y mucho menos en la número 3.

A partir del Concilio, excepto escasas y honrosas páginas, el magisterio requiere hermenéutica. Lo cual –como dijimos antes- dificulta notablemente su objeto propio, a saber, enseñar.

Sacramentum Caritatis y Reforma de la Reforma

En este sentido la Exhortación apostólica de la que nos proponemos decir una humilde palabra, participa de la cualidad tan propia de los documentos posconciliares. Requiere hermenéutica. Claro que no toda la exhortación, sino en partes, lo cual nada cambia respecto a sus predecesores.

Sin duda refirma en blanco y negro puntos muy discutidos (aunque no discutibles, por cierto), tales como la tradición divina del celibato, de la liturgia misma. Reitera puntos esenciales de la doctrina de la Fe: a saber, por ejemplo, que la misa es un sacrificio renovado en forma incruenta; que no es la “cena judía” sino algo enteramente nuevo. Y otras aledañas acerca de la moral; no puede alguien en pecado mortal acercarse a la comunión; el matrimonio sacramental es indisoluble (salvo por la muerte). Y que los católicos, en particular los que tienen una función pública, están obligados a confesar la Fe y actuar en consecuencia.

También hace consideraciones de carácter pastoral, como la necesidad de examinar a los novios que aspiran al matrimonio a fin de ver si tienen las aptitudes y disposiciones espirituales. Invita a revalorizar la confesión sacramental y dispone que sean advertidos aquellos que casi rutinariamente se ponen en la fila de la comunión sobre las disposiciones necesarias. Hasta se recomienda no celebrar misa cuando se vea el riesgo de que haya profanación del sacramento por causa de esta falta en la mayoría de los asistentes con ocasión de funerales, bodas, etc.

El Santo Padre recuerda la importancia de atenerse al rito y a sus rubricas, en especial en el uso de paramentos, gestualidad y música. Todo conforme a lo dispuesto por la Iglesia. Aquí ya notamos un terreno más resbaladizo en lo que hace a las efectividades conducentes, como decía el viejo líder radical: estas disposiciones suelen dejar abiertas una ventanas a la hermenéutica del tipo 3 antes citada.

La parte referida al uso del latín también reitera las disposiciones conciliares alcanzadas por la falencia antedicha y por tanto nunca obedecidas. Sin embargo esta reiteración es auspiciosa, porque hay muchos, la mayoría, que jamás las conocieron. En especial la popularización de las oraciones y cantos de las partes comunes de la misa en latín. Curiosamente esto existía durante el Concilio y lamentablemente fue “depopulado” por la praxis posconciliar. ¿Religio depopulata? Otra paradoja hermenéutica.

Reforma de la Reforma y Hermenéutica de la Hermenéutica

La reafirmación doctrinal es una buena noticia: los progresistas, (adalides de la hermenéutica del tipo 3) sin embargo, aparentemente abrigaban la esperanza de que el Sumo Pontífice contradijera las más esenciales verdades de la Fe y la moral. Los conservadores se han sentido aliviados por su refrendación, no sabemos porqué, dada su absoluta certeza de que en los papeles todo está bien, y el problema son los “abusos”.

Pero hay, malhadadamente, textos que requieren hermenéutica del tipo 2: por ejemplo, aquel que afirma una continuidad homogénea de la tradición litúrgica entre el Rito apostólico, el de San Pío V y el Novus Ordo bugniniano. Si nos remitimos a anteriores afirmaciones del Card. Ratzinger y a su nunca disimulado disgusto por el modo en que se ha realizado esta reforma litúrgica posconciliar, la afirmación requiere, sin duda, un ejercicio de hermenéutica. Lo mismo que el otro texto que alaba los frutos de la reforma, aunque deplora los abusos. En una hermenéutica aristotélico-tomista, habría que pasar la cuestión por el tamiz de la relación causa-efecto, lo cual nos llevaría al callejón de la perplejidad.

Sin lugar a dudas, el largo documento es un pasito en el camino de la “reforma de la reforma” querida por el Pontífice. Pero también es un paso en el de la hermenéutica de la hermenéutica, arte que no auspicia el advenimiento de lo diáfano.

Benedicto parece ser hombre de pasos prudentes y él sabrá porqué, (tal vez porque el Vaticano es un campo minado). Es claro que no ha adoptado la táctica de la blitzkrieg magisterial que muchos hubiéramos deseado: la exhortación no está pensada para dar un golpe de contundente claridad. Tal vez porque el Papa es alemán y los alemanes tienen inveterados hábitos propedéuticos, lo dicho en unas 130 páginas que solo algunos leerán con atención, no tiene prácticamente una parte resolutoria. Remite a los documentos ya publicados (Redeptionis Sacramentum, Dominus Iesus, por citar los más vapuleados). En el campo tradicionalista, donde somos algo simples, sin duda, ansiábamos un Syllabus. El destino de la exhortación está sellado: la obedecerán solo los que ya la obedecen. Pero no deja de ser una nueva herramienta para fortalecer a los que ya obedecen las disposiciones allí dispuestas, y eso es bueno.

¿Causa finita?

No por cierto. Aun sin considerar el nuevamente anunciado motu proprio (ahora para Pascua) el Pontífice deja abierta una puerta a otras medidas prácticas, quizás en temas no tan urgentes: modificación de la práctica del saludo de la paz, y un renovado ímpetu semántico del Ite Missa. Es decir, va por más.

La bomba será la liberación de la Misa Tridentina cuyo halo expansivo hará mucho a favor del cumplimiento de las normas litúrgicas, aunque más no sea para que los “conservadores” puedan competir. El ala progresista convencida (formaliter) está fuera de la discusión y sin ser temerarios diríamos fuera de la Iglesia. No va a aceptar nada.

Queda, por cierto, una franja progresista (materialiter) muy, pero muy importante: la de los sacerdotes a los que se les ha escamoteado la historia de la Iglesia: dogma, moral, disciplina, hermenéutica (tipo2) de las Sagradas Escrituras y por supuesto la liturgia tradicional, que ignoran casi completamente. Ahí está la cantera de nuevos cultores del Rito Tradicional. Esto no es una mera expresión de deseos. ya tiene antecedentes muy auspiciosos hoy, cuando todavía no se ha publicado el Motu Proprio.

Es evidente que el Papa tiene la intención de devolver la dignidad al culto. Es evidente que ve el grave problema que nos aqueja y que constituye una de sus principales preocupaciones. Esto nos alienta a redoblar nuestras oraciones por su fortaleza y lucidez, y por la del clero fiel. Su documento ha arrojado la semilla, sin el ímpetu ni la abundancia que esperábamos, pero la ha arrojado. Ahora veremos cuanta ha caído en tierra fértil, cuanta entre espinas, cuanta entre las piedras.

Por lo pronto ya hemos visto cuanta ha sido pisoteada por la prensa y el clero progresista. Y el que a ellos no les guste es algo que a nosotros nos gusta. Simple discernimiento de espíritus… otra forma de hermenéutica.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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