Panorama Católico

De apariciones y gracias particulares

Hace más de un año que un lector de Panorama Católico, radicado en España ha establecido una particular amistad con el autor de esta nota. Adolfo Márquez nos a revelado a una persona muy particular, Mirella Pizziolli quien dice haber recibido, más allá de su voluntad, una particular misión: recordar a los hombres la existencia de Dios, las postrimerías, con especial énfasis en las almas del purgatorio. Una misión que cumple desde hace veinte años.

Escribe Marcelo González

Mirella es una dama italiana, casada, sin hijos, con estudios formales secundarios y, antes de su retiro por jubilación, dedicada con su esposo a administrar un pequeño comercio de su propiedad en el norte de Italia.

Hace aproximadamente veinte años, a la muerte de su querida mamá, Mirella tuvo una experiencia ¿mística? curiosa. Una manifestación del alma de su madre –supo luego- en forma de locución interior. A partir de allí se le fue revelando una misión: asistir a las personas que acuden a ella movidas por el dolor de la enfermedad, la muerte o las penas extremas. Y Mirella ha ido aceptando este misterioso llamado con “extraordinaria normalidad”.

Lo visible y lo invisible

Al rezar el credo, los católicos recitamos ciertas fórmulas que resumen las verdades fundamentales de la Fe. Decimos que Dios es creador de todo lo visible y lo invisible. Y más adelante, profesamos creer en la Comunión de los Santos, y la vida perdurable. Lamentablemente, vivimos con frecuencia como si las realidades invisibles fuesen fantasías de niños, y las postrimerías (muerte, juicio, infierno, purgatorio, cielo) algo lejano o que se alcanza automáticamente… el cielo. Tampoco entendemos muchas veces qué cosa sea la Comunión de los Santos (¿serán los santos tomando la primera comunión…?).

La Santa Iglesia, en este período intrahistórico hasta la Parusía, se divide en tres: la militante, a la que pertenecemos los bautizados vivos. La purgante, en la que revistan las benditas almas del purgatorio que han logrado la salvación pero “purgan” la insuficiente penitencia o virtud de su vida terrenal. Este es el destino inmediato de la gran mayoría de los que se salvan. Y finalmente la triunfante, los que han salido del purgatorio y llegado al cielo, o bien los que han ido directamente a la visión beatífica tras un juicio particular donde han hecho valer sus virtudes heroicas.

Comunión de los Santos

Pero ocurre que hay una comunión entre todas estas almas. Y esta es la Comunión de los Santos, dogma de la Fe. Los vivos luchamos por la salvación, rezamos por las almas del purgatorio (benditas) y a las almas del cielo. Pero también se puede rezar a las almas del purgatorio, que tienen poder grande de intercesión, muy especialmente luego de que hayan sido rescatadas de sus penas por nuestras oraciones, misas, mortificaciones e indulgencias aplicadas a ellas.

También estas almas del purgatorio tienen a veces –con bastante frecuencia- la permisión divina de manifestarse a los vivos para pedir oraciones, dejar mensajes, advertencias. (Hay un museo de las almas del purgatorio, interesantísimo, en Italia). Son almas que aman a Dios.

El rico Epulón de la parábola estaría en el purgatorio seguramente, porque quería advertir a sus hermanos que no siguieran sus pasos… Y esta advertencia es fruto del amor. Un alma condenada no ama, solo odia con un odio terrible, inconmensurable.

Pero volvamos a Mirella

Mirella ha sido elegida por Dios, manifiesta, para mediar entre las personas que recurren a ella y las almas del purgatorio. Esta elección le resulta misteriosa pero clara. Las almas se le manifiestan bajo formas visibles y muchas veces dejan un mensaje para sus familiares. Esta manifestación es muy frecuente, no infalible. Mirella toma nota de lo que le dicen y lo entrega a los interesados.

A veces describe lo que ve, si no hay mensaje verbal. A veces también cuando lo hay. Estas descripciones con frecuencia no son comprendidas en el momento, sino tiempo después. Es común que Mirella reciba llamados de este tenor: “Hoy me pasó tal cosa … y entendí lo que me describiste”. Ahí es donde Mirella lo entiende también, porque ella solo transmite.

Nuestra página web, Panorama Católico, ha tomado como norma, y así lo hemos manifestado reiteradamente, no incursionar en el tema de las “apariciones” más allá de Fátima, algo sobre Garabandal o Akita, es decir las que tienen sentencia de la Iglesia y mensajes acordes a Fátima, clave de nuestros tiempos. Y esto no por militar en el antiaparicionismo o no creer en las revelaciones privadas, tan frecuentes hoy, sino por no poner ruido en cuestiones que desde siempre han sido causa de polémica, más aún hoy, en una época en que la Iglesia tiene ya suficiente “interna”. Hemos obviado el caso extraordinario de la colombiana Gloria Polo bajo este mismo criterio.

Pero una relación particular no une al caso de Mirella. Nos ha sido presentada con pedagógico gradualismo por Adolfo Márquez, hemos hablado breve pero intensamente con ella por teléfono, hemos participado de cierta intimidad de su vida, hemos leído parte de sus libros (el primero en castellano saldrá a fin de año en la Argentina, y se está preparando la traducción al portugués).

Y aunque no tenemos competencia alguna para determinar si este extraño y maravilloso carisma que testimonian cientos de personas es gracia gratis data o fantasía colectiva, podemos discernir –con el consejo de hombres sabios y doctos- que nada de lo que hemos leído es dañoso para la fe sino que por el contrario resulta provechoso para las almas.

Además, Mirella viene a la Argentina en noviembre, de algún modo por haber conocido este sitio web y por la relación que a través de él se ha establecido.

Mirella y la Iglesia

Mirella ha sido examinada por sacerdotes, obispos, (psiquiatras por mandato de un obispo). Nihil obstat. Todo normal. Tiene audiencia privada con el Santo Padre Benedicto XVI en fecha a determinar.

Algunos la han comparado con María Sima. Parece tener facetas en común.

Mirella tiene bien claro que es una seglar, que no tiene magisterio alguno, somete todo al juicio de la Iglesia, tiene director espiritual permanente.

Es puntillosa en sus deberes litúrgicos; conoce pero no habla de la crisis de la Iglesia, no es su misión, sostiene con sencilla firmeza.

Toma todo lo relacionado con Dios con gran seriedad, es extraordinariamente alegre, maravillosamente “normal”.

Salvo quizás que si se le pide una oración por un enfermo, éste se suele curar o al menos aliviar notablemente. Y que ve, más allá de su voluntad, muchas de las criaturas del mundo invisible (ángeles, almas dolientes, almas en la gloria y a veces, las menos, se le manifiestan condenados). Estas son sus “anormalidades”.

Sin emitir juicio en materia en la que no tenemos competencia alguna, sino por amistad y por considerar que algo de Dios hay en esto, la presentamos al público de habla hispana y la recibiremos y entrevistaremos durante su visita. Quedan todos invitados a conocerla y cada uno sabrá juzgar.

En la próxima edición: Entrevista a Mirella Pizziolli, prólogo de su libro.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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