Panorama Católico

De celos amargos…

Cuando hace ya más de un año, se liberaba la misa tradicional, ahora llamada “gregoriana” y siempre conocida como “tridentina”, desde estas mismas páginas hemos sostenido reiteradamente que tal desgravamiento era un enorme bien para toda la Iglesia.

Escribe Marcelo González

Cuando hace ya más de un año, se liberaba la misa tradicional, ahora llamada “gregoriana” y siempre conocida como “tridentina”, desde estas mismas páginas hemos sostenido reiteradamente que tal desgravamiento era un enorme bien para toda la Iglesia.

Escribe Marcelo González

A pesar de que a algunos tradicionalistas esta medida les cayó mal y aún les cae mal; a pesar de que cada vez que anunciamos con alegría que se celebra una nueva misa tradicional en el ámbito de la Iglesia conciliar no falta quien cuestiona tal o cual punto del procedimiento o va a pispear en qué se equivocan los sacerdotes bisoños, (actitud estúpida y algo miserable): a pesar de comentarios agrios y descomedidos que recibimos por esta militancia “por la misa tradicional para todos”, nunca hemos dejado de anunciar y promover lo que es un bien evidente para la Iglesia.

Pero esa apertura y sincera colaboración para con los fieles que aman la liturgia tradicional sin ser “lefebvristas” no ha impedido que algunos de ellos cargue contra nuestro apoyo a la cruzada por el millón de rosarios que ha lanzado la FSSPX, en la cual se pide a Nuestra Señora interceda para lograr el levantamiento de las excomuniones que pesan sobre sus obispos.

Entonces, algunos de los que creían ver celo amargo entre los renuentes a la Bula Summorum Pontificum toman la posta de la crítica despiadada, arremetiendo contra quienes adhieren a esta cruzada del rosario, desde dentro o desde fuera de la Fraternidad.

Parece que no fuera un bien para la Iglesia una cruzada de oración. Parece que no sería bueno para la Iglesia que se encamine una situación canónica irregular que afecta a decenas de miles de personas.

Lo mismo que criticaban a los tradicionalistas, eso lo practican ahora los sectores “antilefebvristas”. Pocos se han privado de revolver la daga en la herida del presunto “cisma”, aun cuando el tema ha sido ya oportunamente negado por autoridades competentes de la Iglesia. Se insiste, acaso, en el viejo argumento de que no pueden tener razón unos pocos contra muchos (argumento que en materia política sostienen exactamente al revés).

Finalmente, se cargan las tintas sobre la “soberbia” de los que sostienen esta posición tradicionalista. “Lo saben todo”, ironizan, “que bueno que el Espíritu Santo los consultará…” y cosas por el estilo. Y no negamos que habrá quien se lo merezca, pero esto ocurre en todas partes.

Resulta penoso encontrar entre fieles católicos y católicos fieles, posturas tan enconadas. Nadie pide que opinen en forma unánime, pero al menos que no se deseen el mal ni se traten como enemigos.

Y no negamos que haya enemigos dentro de la Iglesia, pero como mínimo debemos tener el sentido común de discernir quienes son (pues no son estos, ni unos ni otros) o la prudencia de callar.

La Iglesia sufre porque la Cabeza está duramente golpeada. “Heriré al Pastor y se dispersará la grey”. Pues bien, nosotros, las ovejas dispersas, desamparadas, sufrientes, tengamos el sentido común de recibir con alegría todo aquello que sea para la santificación de los fieles y del clero. Aun si creyeran con sinceridad que la FSSPX está en cisma, el gesto debe ser causa de alegría.

No tomemos el lugar de la Providencia. Pero sin embargo venzamos con ruegos a la Providencia. Ruegos y penitencia, que a veces consiste en callar un comentario ciertamente inútil, que será motivo de inquina entre los buenos. El amor de la Iglesia nos tiene que urgir de modo tal que recibamos con alegría y sin celo amargo lo que es para bien de la Iglesia toda.

Si esta web no logra contribuir a esto, ciertamente habrá fracasado…

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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