Panorama Católico

De Guatemala a Guatepeor o los cuernos de un obispo

Catedral de Córdoba, España, fue elegida días pasados por Carmen Calvo, ministra de Cultura del Gobierno de Rodríguez Zapatero, para la entrega de Premios y Medallas de Bellas Artes. Antes de iniciarse el acto pidió se retirase un crucifijo de la catedral, a lo que se accedió. Ahora el Dean de la Catedral "asume" la responsabilidad para salvar la del obispo y da a conocer una nota para justificar el hecho.

Catedral de Córdoba, España, fue elegida días pasados por Carmen Calvo, ministra de Cultura del Gobierno de Rodríguez Zapatero, para la entrega de Premios y Medallas de Bellas Artes. Antes de iniciarse el acto pidió se retirase un crucifijo de la catedral, a lo que se accedió. Ahora el Dean de la Catedral "asume" la responsabilidad para salvar la del obispo y da a conocer una nota para justificar el hecho. Fernández de la Cigoña analiza las responsabilidades: por engaño, consentimiento avergonzado o búsqueda de lucro político, los cuernos quedaron en la cabeza del obispo, a menos que…

Por Pepe Paco Fernández de la Cigoña

No es que nos tomen por tontos, es que deben estar íntimamente convencidos de que estamos muy por debajo de los niveles de la normalidad. ¡Vaya nota la del deán! Y se creerá que ha zanjado algo.

Mire usted, con esas disculpas no engaña a nadie ni resuelve nada. Y como no me creo que sea ese su estado habitual de lucidez mental pues en ese caso habría llevado CajaSur a la quiebra, que afortunadamente no es el caso, pensó: vamos a decirle cuatro bobadas a esos idiotas para que se callen. Pero resulta que los bobos, o no son tan bobos, o no se callan.

Dice usted que ha sido a ysted solito a quien se le ocurrión la genial idea de retirar el crucifijo. Pues a lo mejor dice la verdad o tal vez no. Yo aun no estoy seguro de si la tropelía la cometió usted solo o en compañía de otros. Porque sus razonamientos no convencen nada.

Usted quita crucifijos cuando le da la gana. Pues que bien. Y los quita porque cede, usted solo, la catedral-mezquita para actos que no son de culto. Y a todos les parece muy bien que usted haga eso.

A mi me trae sin cuidado que a Sabina o a Maruja Torres, la ministra Calvo, o quien sea, le den una medalla o le hagan un homenaje. Pero, conocidas las ideas de todos, su amor a la Iglesia, su respeto a la misma, ya es una vergüenza que solo, como dice, o en compañía de otros, ceda la catedral para esoa actos. O cualquier local del templo catedralicio. Y lo que es de traca es que para que esas gentes no se sientan molestas además retire usted la imagen del crucificado. Le doy mi palabra de honor que si hace tres o cuatro días alguien me dice que una alta dignidad de la Iglesia iba a cometer ese acto infame, no me lo creería. Y cuidado que tengo mal concepto de algunos.

Y ahora va y dice que asume su responsabilidad y se queda tan fresco. Su responsabilidad es marcharse. Y todo lo demás no arregla nada sino que más bien lo empeora.

Vamos a aceptar que el obispo de Córdoba no ha tenido nada que ver con el hecho. Lo ha dejado usted a los pies de los caballos. Por mucho tiempo. Vamos, que va por la diócesis con unos cuernos de medalla especial. Y confiesa usted que ha sido el que se los puso y se queda tan pancho.

Pues no, señor deán. Hay tres tipos de cornudos. Los que un día se enteran de la traición de su mujer, en este caso de su deán, ya que no nos movemos en el terreno sexual, se indigna y le pone de patitas en la calle. Y queda muy bien porque él marido, en este caso el obispo, lo más que cometió fue una falta de celo in vigilando. La verdadera culpa es de la mujer, del otro o del deán.

El segundo tipo de cornudos lo forman los calzonazos, los dispuestos a pasar por eso porque no quieren más problemas, que prefieren compartir a la mujer a quedarse solos, a que se entere más gente… Son los cabrones consentidos. Que no son precisamente mirados con admiración por las personas decentes.

Y como tercer tipo, o variedad agravada del segundo, el que ya es absolutamente vergonzoso. El de aquel marido que recibe un precio del amante de su mujer para que esté callado y consienta. Y el marido a vivir de eso.

Pues el señor deán ha dejado al señor obispo en una de estas tres situaciones. Desairadísimas las tres. Y por supuesto trasladando los cuernos al terreno metafórico. El obispo no se había enterado de nada. Pues hasta me lo voy a creer. Y si no me lo creo voy a aparentar que sí. Pues ahora la pelota está en su tejado. Veremos si es un consentidor o no.

Fuente: Blog La Cigüeña en la Torre

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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