Panorama Católico

De locos, capellos y capelinas

En uno de sus
últimos libros, Malachi Martin nos retrata una Iglesia infiltrada hasta
el tuétano por sodomitas, masones y satanistas. Malachi Martin, antiguo
secretario del Cardenal Bea, conocía el secreto de Fátima. Vivió
sus últimos años en un retiro urbano, expulsado de la Compañía de
Jesús. Murió misteriosamente. No es imposible que estuviese mentalmente
perturbado… pero lo que ha descripto resulta hoy profético.

En uno de sus
últimos libros, Malachi Martin nos retrata una Iglesia infiltrada hasta
el tuétano por sodomitas, masones y satanistas. Malachi Martin, antiguo
secretario del Cardenal Bea, conocía el secreto de Fátima. Vivió
sus últimos años en un retiro urbano, expulsado de la Compañía de
Jesús. Murió misteriosamente. No es imposible que estuviese mentalmente
perturbado… pero lo que ha descripto resulta hoy profético. Y la
acusación más frecuente contra los profetas es la de locura.

Escribe Marcelo
González

Un sacerdote
es desposeído de su oficio por rezar la misa tridentina. Pide un proceso,
se lo niegan. Pide una suspensión, se la niegan, pide un destino, se
lo niegan. Se lo niega su obispo, cuyo agravio contra el sacerdote es
“que no está en comunión” porque reza la misa según el Rito Tridentino.
Espera quebrarlo o matarlo de inanición. El sacerdote en cuestión
no pertenece a la humanidad.

Un monseñorino
cappo d’ufficio de la Congregación del Clero cita a un supuesto taxiboy
a ¡su despacho en el Vaticano! Y no para confesarlo… No es el único
caso, lamentablemente, hay muchos. Algunos llevan capello, aunque mejor
le irían las capelinas. Se sabe, por ejemplo, que uno de ellos forma
parte del clero latinoamericano y sus costumbres son comidilla de la
Curia Romana, lo mismo que las de su secretario personal. Hay más.
Silencio episcopal. Seamos misericordiosos, son seres humanos, pertenecen
a la humanidad.

Cuando el lamentado
caso Maccarone, la CEA (al menos la CEA formal) poco menos que lo felicitó.
¿Porqué esta pleitesía hacia tan nefando sujeto? ¿Qué oscuros lazos
o carpetas atan las manos y cierran las bocas de los que no solo
ya descuidan el prestigio de su investidura, sino hasta su honor personal?

¡Hombre, es
el amor a la humanidad!

Cae un capello
sobre la Argentina. Sobre la cabeza de Mons. Karlic, viejo amigo de
los masones. Público amigo de los masones. Agradece al Papa el permitirle
continuar su obra que se inspira en el amor a la humanidad
¿Qué es “la humanidad”? ¿Pertenece Von Wernich a la humanidad?

Maccarone sí,
sin duda.

¿Pertenece
el cura defenestrado de su oficio, sin beneficio, sin cargo, sin fieles,
sin misa a la humanidad?

El gran maestre
de la Masonería, hombre más solvente, sin duda pertenece a la humanidad.

Un curita de
Córdoba se presenta ante las autoridades públicas para impedir una
exposición blasfema. Termina agredido y procesado. En la Iglesia nadie
lo conoce.

No pertenece
a la humanidad. Ni siquiera en la última categoría de loco fanático.
Nada. No hay lugar para él.

Pero el Che
Guevara, asesino serial y compulsivo ¿sí pertenece a la humanidad?

Es otro Cristo,
ha dicho Fray Puidjané, el que comandó el asalto al cuartel militar
de La Tablada en 1989. Que dicho sea de paso, también pertenece a la
humanidad, por eso ha sido reivindicado y tiene oficio y beneficio
en la Diócesis de Buenos Aires, sin que medie arrepentimiento ni mea
culpa

En fin, será
una cuestión de perspectiva. Ya no hay que ver las cosas en términos
tan simplistas como bien o mal, verdad o error.

Claro. Hay
algunos que pertenecen a cierto club de la humanidad y que están a
salvo. Y los que no pertenecen, en particular los que militan en la
no pertenencia a dicho club, no son dignos de formar en las filas
de la humanidad. ¿Está claro?

A algunos los
mandan al psiquiatra.

Solo un loco
puede querer celebrar la Misa Tridentina o denunciar a un arzobispo
meramente porque se ha hecho amigo de los masones y juntos como hermanos
miembros de la (iglesia/logia) caminan prodigando amor a la humanidad.

¿Los locos
no merecen misericordia?

Pues sí claro,
por eso los defenestramos, los hambreamos, los denigramos… para que
reflexionen o para que revienten. Porque si no reflexionan y se hacen
del club, ¡que revienten!

¿Por qué
no lo dejan en paz, rezando la misa que quiera, además de que el Papa
acaba de darle la confirmación de que está en su derecho pleno e indiscutido?
¿No hay en esto un cierto odio a la Fe? ¿No recuerda a Caifás y cierta
parodia de juicio que envió al Justo de los Justos al patíbulo?

Pero, déjese
de pavadas, hombre. Sepa distinguir entre el Cristo histórico y el
Cristo de la Fe. Esos son cuentos de unos semitas ignorantes. Ahora
vamos a honrar a nuestros hermanos mayores que pertenecen a la humanidad
por excelencia. Si nos ponemos a discutir que sea por algo que valga
la pena: para mí el capello, para vos la capelina… en fin.

¿Y los locos,
como Malachi Martin, y el cura de la Misa Tridentina, al manicomio?

Y si es posible,
a la tumba. Son gente que nos causa escándalo con los judíos y claramente
aparecen como locos para los masones. ¿No?

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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