Panorama Católico

Decididamente, Dios ama al pagano Aníbal

Sí… decididamente, Dios lo ama mucho… pues no le ha permitido llegar hasta el final de su infame carrera contra todo lo bueno y virtuoso, pero que lo ha detenido en seco y sin miramientos "en lo mejor de su vida"… como el afamado caso de la percanta del tango y aquel otro pobre poetazo abandonado de su pecado.

Escribe Escipión el porteño

Sí… decididamente, Dios lo ama mucho… pues no le ha permitido llegar hasta el final de su infame carrera contra todo lo bueno y virtuoso, pero que lo ha detenido en seco y sin miramientos "en lo mejor de su vida"… como el afamado caso de la percanta del tango y aquel otro pobre poetazo abandonado de su pecado.

Escribe Escipión el porteño

Su fulminante descenso del empíreo político de la mano (es un decir) de una ascendente bengala trágica, lo ha ubicado de golpe (y porrazo) frente al misterio insondable de la justicia divina, rectora misteriosa y oculta de los destinos humanos… aún de los más empinados. Había desafiado los designios divinos confirmados por la Revelación, el Magisterio de la Iglesia y la ley natural, atentando contra el pudor de los inocentes y la vida eterna de los más grandes… había promovido y facilitado los más aberrantes desórdenes que el pecado puede provocar en la sociedad, elevando al plano de la ética pública miserias y debilidades que la prudencia milenaria siempre prefirió esconder y disimular, cuando no las pudo lealmente reprimir, sabiéndolas innobles.
 
Este encendido defensor de las más degradantes abyecciones humanas, inclusivas del crapuloso episodio que culminó con el "cuidado" revestimiento del obelisco porteño, cual "instrumentum laboris" de un libertino desmañado, disculpable como burlesco chascarillo de estudiantina, pero miserable al fin, por la jerarquía política de sus protagonistas, y que lo convirtió en una dramática burla de sus más enconados amigos de otrora… este pobre efebo traicionado por sus cómplices… este -por fin- ajusticiado con sus propias armas, como que para su destitución se emplearon los mismos argumentos jurídicos que él se prodigó en exponer como fiscal contra sus odiados jefes "procesistas", sin advertir la inmensa y acusatoria contradicción en que incurría su menesterosa defensa al desairarlos con retroactividad… este hombre signado por la estrella fulgurante del éxito mundano, ha caído fulminado por una modesta bengala arrojada irresponsablemente sólo Dios sabe por quién.
 
Sí… decididamente, Dios lo ama mucho… pues no le ha permitido llegar hasta el final de su infame carrera contra todo lo bueno y virtuoso, pero que lo ha detenido en seco y sin miramientos "en lo mejor de su vida"… como el afamado caso de la percanta del tango y aquel otro pobre poetazo abandonado de su pecado. No sabemos si podrá ver con la suficiente luz el sentido destos episodios que, en su abatimiento, juzgará, acaso, tristes y desesperantes… quizá los juzgue según lo más evidente, que es el estrepitoso apagón de su estrella, y no llegue a presentir la Mano amorosa que lo sacó de la pendiente en que se estaba hundiendo con alma y todo, la Presencia de Quien no quiere ser juez sin haber hecho brillar primero la perla de su Misericordia, sobre la cabeza de los culpables más protervos. Por que más allá de causalidades humanas – sencillas herramientas en aquella misericordiosa Mano- que lo llevaron a donde ahora está, su caída le supone ya una sensible rebaja en la abultada cuenta de su "jefatura de gobierno". Aníbal habrá triunfado en la batalla contra Roma, pero no puede seguir más, por que su fuerza le ha abandonado. ¡Amargo triunfo y feliz caída!
 
E insigne lección de política para políticos argentinos, si es que en su vanidad y ceguera comprenden su sentido último y providencial… es decir: Dios no permitirá que el mal triunfe siempre y permanentemente. Se apiadará de los miserables que corrompen al mundo, poniéndoles tropiezos insospechados en sus planes y vergonzosos traspiés en sus días previamente contados con usura, para finalmente "atar a sus reyes con grillos y a sus magnates con esposas de hierro", y, por fin, "ejecutar en ellos la sentencia escrita", es decir, el castigo por haber violado la Divina Ley.
 
Aníbal está en este momento gozando del tiempo de la misericordia de Dios… de él depende esperar sentado Su Justicia infalible, o empezar a caminar derechito hacia Roma, no ya como conquistador, sino como penitente.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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