Panorama Católico

Declaración de Guerra

"Cierto, mi vida está ya llena de muertos. Pero el más muerto de los muertos es el niño pequeño que yo fuí. Y sin embargo, cuando llegue la hora, es él quien recobrará su puesto a la cabeza de mi vida, juntará mis pobres años hasta el último, y como un jefe joven de sus veteranos, reuniendo la tropa en desorden, entrará el primero en la Casa del Padre".

Por Cosme Beccar Varela

"Cierto, mi vida está ya llena de muertos. Pero el más muerto de los muertos es el niño pequeño que yo fuí. Y sin embargo, cuando llegue la hora, es él quien recobrará su puesto a la cabeza de mi vida, juntará mis pobres años hasta el último, y como un jefe joven de sus veteranos, reuniendo la tropa en desorden, entrará el primero en la Casa del Padre".

Por Cosme Beccar Varela

Creo que la inmensa mayoría de los hombres de bien, aunque hayan sido hijos de un hogar pobrísimo o tristísimo, tienen nostalgia de su niñez. Es la edad de la inocencia, del descubrimiento del ser, de las admiraciones extasiadas, de los cariños inolvidables. De ninguna otra edad puede decirse aquello de San Agustín: "anima humana naturaliter christiana".

Pasan los años y el niño se hace adolescente y atraviesa todas las tormentas de la sensualidad; se hace hombre, y se hunde en todos los pantanos de la codicia, del materialismo y de las mil cobardías, tristezas y fraudes que intentan imponerse sobre sus pujos de nobleza, y esa lucha, a veces perdida y a veces ganada, forma la trama de la vida.

Pero en el fondo, atrás de las miserias y por arriba de todos los horizontes, siempre vive el niño que cada uno de nosotros fue. Sufridor la más de las veces, feliz de a momentos, y cada uno de nosotros lo tiene escondido como un tesoro que no quiere perder. Un gran maestro decía: "las edades no se pierden, se suman". Gracias a Dios. Me sentiría muerto, aunque mi corazón latiera, si en algún momento tuviera la horrible desgracia de perder el niño que fuí, que soy y que, Dios mediante, siempre seré.

¿Que eso me hace ingenuo y vulnerable? ¡Sea! Que vengan los rufianes a estafarme. a engañarme, a burlarse de mi credulidad… y si prevalecen en esa sórdida tarea porque sigo siendo un niño a pesar de mis largos años, lo tengo por bien empleado, Es un precio muy bajo a cambio de conservar la niñez que no perdí pero que está tan lejos que de ella sólo me quedan vestigios de ternura, pero tan preciosos y tan amados que estoy dispuesto defenderlos con la mayor ferocidad de que sea capaz, y esa sin ingenuidades, sin fragilidades, sin tregua y con todos los recursos de pugnacidad que los años vividos en esta mazmorra repugnante que es el mundo actual me han obligado a emplear en defensa propia.

Pocas veces me sentí mejor expresado en estas ideas y en estos sentimientos que en un texto de George Bernanos que el Ingeniero José Luis Goyenechea, a quien no conozco pero cuyo nombre merece quedar registrado para la Historia en este artículo con la constancia de mi eterno agradecimiento porque tuvo la inmensa caridad de transcribirlo en una carta de lectores publicada en "La Nación" hace unos dos años, y que dice así:

"Cierto, mi vida está ya llena de muertos. Pero el más muerto de los muertos es el niño pequeño que yo fuí. Y sin embargo, cuando llegue la hora, es él quien recobrará su puesto a la cabeza de mi vida, juntará mis pobres años hasta el último, y como un jefe joven de sus veteranos, reuniendo la tropa en desorden, entrará el primero en la Casa del Padre".

Y yo agrego: y si no es él quien entre el primero, ninguno de los años del hombre que fuí y que soy, entrará en la Casa del Padre porque no lo habré merecido…

No dice de cual de los libros de Bernanos sacó esta maravilla, pero no importa. Sólo importa el milagro de las palabras reunidas por un angel y que yo nunca jamás hubiera sabido decir. Tocaron mi alma hasta las lágrimas.

Sólo un prosaismo final para que no haya ninguna clase de equívocos. Esta reflexión que escribí con estremecida conmoción de espíritu no debe ser interpretada como una especie de reblandecimiento de mis disposiciones absolutamente beligerantes contra toda la canalla compuesta por eclesiásticos apóstatas y herejes, políticos tiránicos y ladrones, "aristócratas" traidores y venales, militares cobardes y mezquinos, periodistas falsarios, intelectuales sin inteligencia, falsos amigos y demás recua de miserables que trabajan día y noche para perder a los niños, corromper a los jóvenes, desesperar a los viejos, en una palabra, para convertir a esta bella Nación en una asquerosa cueva de criminales dominantes y de esclavos deliciosamente instalados en su degradación. Al revés: esto es una formal declaración de guerra.

La Botella al Mar
29 de Noviembre del año 2006 – 756

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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