Panorama Católico

Deus Caritas Est

En estos días se ha conocido la primera encíclica del Santo Padre Benedicto XVI. Deus Caritas est. Es decir, Dios es amor. Aunque en realidad deberíamos traducir mejor, Dios es Caridad.

Escribe Marcelo González

En estos días se ha conocido la primera encíclica del Santo Padre Benedicto XVI. Deus Caritas est. Es decir, Dios es amor. Aunque en realidad deberíamos traducir mejor, Dios es Caridad.

Escribe Marcelo González

El propio Santo Padre se queja en los primero párrafos del uso abusivo del término “amor” en los tiempos actuales. El término «amor » se ha convertido hoy en una de las palabras más utilizadas y también de las que más se abusa, a la cual damos acepciones totalmente diferentes.

Y prosigue el Pontífice explicando los distintos significados de la palabra, remitiéndose principalmente a las escrituras. Nosotros queremos centrarnos en uno de esos abusos: a saber, en el abuso de la palabra “amor” referida al prójimo, en especial al prójimo en desgracia material, al pobre.

Hoy en día, en particular en los países más pobres o empobrecidos, muchas veces tanto clero como fieles hablan de la opción por los pobres y de una suerte de amor que denominan “solidaridad”.

En el lenguaje clásico del catolicismo a esto se le llamaba beneficencia o filantropía. Claro que en la beneficencia y en la filantropía había muchas veces -y sigue habiendo- un engaño, aunque no siempre voluntario. Se intenta cubrir una necesidad ajena para satisfacer una inclinación natural bondadosa, lo cual resulta placentero. Todo esto en un plano meramente natural.

Y a veces el “filántropo” es un engañador consciente. Da algo para que el trato injusto que prodiga a los que de él dependen o con los que se relaciona, no se note o se disimule. Esta es la acusación que los marxistas hacen a la Iglesia y que muchos curas enrolados en la Teología de la Liberación y en otras desviaciones doctrinales afines, aunque menos violentas, han terminado creyéndose.

La Iglesia, dicen los marxistas, cubre con sus caridades la estructura de injusticia social. Así adormece la conciencia del oprimido y evita la revolución. Si un católico cree esto, equivale a abjurar de su Fe, puesto que en tal caso la Iglesia habría engañado durante 2000 años a los fieles haciéndoles practicar actos que solo sirven para sostener una horrorosa injusticia, y los habrían hecho cómplices de una hipocresía inmensa.

Si la Iglesia nos ha engañado durante casi dos mil años, ¿qué razón tenemos para creer que la Teología de la Liberación o sus sucedáneos no nos engañan ahora? ¿Es razonable, por otra parte considerar las formidables obras de caridad de los santos y de millones de buenos católicos a lo largo de la historia y pensar que son fruto del engaño o la hipocresía? Sería una de las conspiraciones más fantásticas de la historia.

Pero muchos se han creído la mentira marxista. De allí la famosa “opción por los pobres” que tanto católicos adoptan -sin que quede muy en claro de qué se trata-. Queda sí, a todas luces evidente que se acepta como verdadera una acusación falsa del enemigo de la Iglesia. Y consecuentemente se adopta una solución falsa.

En el mismo orden de razonamientos se inscribe el cargo de “dilapidar riquezas en templos y vestimentas sagradas” en lugar de darlas a los pobres. Ya nos previene el evangelista sobre esta objeción. Fue Judas Iscariote el primero en objetar la ruptura de la ampolla conteniendo un perfume de nardo extremadamente caro sobre la cabeza del Divino Redentor. Marcos dice que Judas “llevaba la bolsa”. Y Juan que “era ladrón”, y no le importaban en realidad los pobres, sino lo que de ella tomaba ilícitamente.

Hoy vemos a muchos que “optan por los pobres” o que manejan instituciones de caridad católicas con sus necesidades materiales bien provistas&#8230… y al decir “sus” decimos las propias. Y vemos que razonan igual que Judas.

Pero la Iglesia cuando habla de amor de caridad lo hace en su acepción más pura, amor a Dios. La Caridad es, junto con la Fe y la Esperanza, una de las virtudes teologales, la más importante, porque perfecciona a las demás y es la que nunca desaparecerá. Desaparecerá la Fe en el Cielo, desaparecerá la Esperanza. Ya veremos aquello en lo que creíamos. Ya habremos alcanzado lo que esperábamos. Pero no desaparecerá el Amor a Dios, por el contrario, este será más pleno, intenso, puro y libre de toda imperfección de lo que haya jamás podido ser en la tierra.

Y este amor a Dios es la Caridad. De ella proviene la perfección del amor al prójimo. Sin la Caridad todo amor al prójimo es imperfecto, egoísta y hasta engañoso, aun cuando esté escrito en la ley natural y todo hombre noble quiera el bien ajeno y se abstenga de hacer el mal por simple recta razón, lo cual es meritorio. Aun en ese caso no llegará a pisar siquiera los umbrales de la Caridad hasta que su benevolencia se someta a la Fe de Cristo.

Por eso extrañamos que los hombres de Iglesia no hablen ya de las “obras de misericordia” que son, sin duda, la forma práctica, tanto en el orden material como en el espiritual, de aplicar la Caridad hacia el prójimo, por amor a Dios.

No nos engañemos. Un solo amor es perfecto, y todos los buenos amores en todos los órdenes: el fraternal, el filial, el paternal, el conyugal, todos tienen su cimiento en él y solo en él alcanzan la perfección. Y este amor es el amor de Caridad, el amor a Dios.

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