Panorama Católico

Diccionario para Entender a Rodríguez, el Progre

Entrevista al Autor

Nuestro amigo y colaborador, Pedro Fernández Barbadillo ha publicado un nuevo libro. Lo define y comenta él mismo en una entrevista de Periodista Digital

«Al progre le definiría como un soberbio»

Entrevista al Autor

Nuestro amigo y colaborador, Pedro Fernández Barbadillo ha publicado un nuevo libro. Lo define y comenta él mismo en una entrevista de Periodista Digital

«Al progre le definiría como un soberbio»

Por Borja Ventura
Periodista Digital

Tras unos problemas de última hora con la distribución a causa de las tormentas en Cataluña, ya está en las librerías “Diccionario para entender a Rodríguez, el progre”, de Pedro Fernández Barbadillo. El libro, con prólogo de ílex Vidal- Quadras, define términos frecuentemente utilizados en la línea discursiva del Presidente del Gobierno español en línea con declaraciones de otros políticos. Aunque el autor confiesa que no sabe si hará una presentación oficial del libro, ya que dice que suelen “gustar a los autores, pero no necesariamente implica que interese también a los medios que quieres“, va a tener una difusión importante.

Con el libro, el blogger de Periodista Digital, Fernández Barbadillo pretende poner una nota de humor en la actual situación política, ya que, según su punto de vista, “cada vez hay menos programas de humor o revistas de humor en nuestro país”. Para él, la actual situación de crispación es culpa del Gobierno Zapatero, que considera que ha abierto una situación “muy difícil de parar“.

Pregunta: ¿Tan difícil de entender es Zapatero, que se precisa un diccionario?

Cuesta entenderle mucho. La verdad es que emplea un metalenguaje que cuesta mucho de entender a no ser que seas una persona instruida en él. Hay que prestar atención a sus frases, tan rimbombantes y sentimentales: “mi patria es la libertad”, o “ahora los ciudadanos son más felices y pueden mirarse a los ojos porque tienen más libertad”.

Pregunta: ¿Y qué aporta el diccionario para entenderle?

Trato de pelar todas sus declaraciones como si fueran una fruta, pelar la piel y llegar a la semilla, para que de este modo no se nos pueda engañar. Considero que hoy en día los mensajes de los políticos son cada vez más difíciles de entender, cada vez son más crípticos, en parte para ocultar la falta de contenidos o las verdades. Así que mucha gente, también los periodistas, necesitamos tener claro qué significado tienen las palabras y las expresiones para ver qué es de verdad lo que nos dicen o no nos dicen.

P: ¿Qué cree que es lo que quiere decirnos Zapatero?

Pues tengo dudas de lo que nos quiere decir, incluso de lo que él mismo piensa. Hace unas semanas dijo que tenía ocho fórmulas para encajar el término “nacional” en el proyecto de reforma del Estatuto de Cataluña y ahora nos dice que no tiene ninguna; antes decía que estábamos aislados en Europa y ahora nos dice que estamos en medio del mundo aliándonos con Marruecos y con Venezuela.

P: Hay partes de humor y sátira en las definiciones, ¿aún cabe el humor en la política tal como va todo?

Intento hacerlo con cierto humor porque creo que está en desaparición en España, cada vez hay menos programas de humor o revistas de humor en nuestro país. El Jueves en mi opinión no tiene ninguna gracia, es un humor barato, escatológico, al que ya no le encuentro nada; a lo mejor cuando teníamos quince años o estábamos en la mili podía tener su gracia, pero ya no. Ya no quedan en España publicaciones como La Codorniz. Y en la televisión, los programas de humor inteligente son muy escasitos, todos se reducen a hablar de sexo y a decir palabrotas, como pasa en muchos programas de la televisión como en Aquí no hay quien viva.

P: ¿Y cree usted que cabe todavía el humor en la política, tal y como están las cosas?

El humor es un atributo del ser humano, como el pensamiento, la inteligencia o el amor. Y aunque estemos hablando de temas muy serios, siempre se pueden hacer chistes o bromas, en parte para rebajar la tensión, y en parte para no ser ciudadanos politizados 24 horas al día.

P: Humor como remedio para la crispación, pero ¿quién crispa? ¿los medios, los políticos…?

Creo que la crispación entró en España como tal por culpa de Zapatero. Fue la manera del PSOE y de partidos como el PNV de oponerse al de Aznar después de conseguir la mayoría absoluta en 2000, que se dedicó a sacar gente a la calle con cualquier excusa, desde el Prestige a la Guerra de Irak, y a llamar asesinos a concejales y votantes del PP, que no sé qué culpa tenían de que en Irak gobernase un tirano como Sadam Husein. Y esto sigue y sigue, y al final hemos llegado a una situación de la que es muy difícil salir, sobre todo con medidas de Zapatero tan indescriptibles como abrir fosas comunes o desmontar el Valle de los Caídos, que no se explican, y menos cuando él tenía 15 años cuando murió Franco y parte de su familia era franquista.

P: ¿Y no hace lo mismo el Partido Popular ahora mismo?

Pero hay una diferencia fundamental, y es que en las manifestaciones del Partido Popular no se llama asesino a nadie, y no ha habido destrozos, ni apedreamientos, ni asaltos a sedes del PSOE, ni nada. Eso por una parte, y por la otra que se ha entrado ya en un proceso que es muy difícil parar, ya que mucha gente de derechas ha visto que gritar en la calle es lo que de verdad hace que te presten atención. Hay millón y medio de personas en la calle pidiendo que se les escuche, y no se les escucha, esto también aumenta el enfado de la gente.

P: Vista la definición de Guerra Civil que da su libro, ¿no le parece un poco imprudente que políticos, periodistas y escritores estemos resucitando una memoria tan dolorosa tan a la ligera?

Pues sí. La verdad es que elaboro esa definición a partir de unas declaraciones de Pasqual Maragall. Yo creo que este melón lo han abierto ellos y es jugar con fuego, no porque la gente vaya a acabar matándose en la calle como en los años treinta, básicamente porque entonces el enfrentamiento ideológico era mucho más importante y también porque había armas en la calle y ahora no las hay; los únicos que tienen armas y que las usan son los de ETA. Pero sobre todo esto lo que está haciendo es agriar el ambiente, en casi todas las familias ha habido muertos de un lado o de otro, y si empezamos a abrir fosas comunes yo conozco a personas que tienen parientes asesinados en Paracuellos, o en Aravaca, o en los barcos- prisión del Frente Popular en Bilbao; esta gente dejó a sus muertos en paz, pero si ahora se empiezan a sacar unos muertos, ¿por qué ellos no van a poder reivindicar los suyos? Y todo esto ¿cuándo acaba? ¿Luego qué se supone que hay que hacer? ¿Pagar indemnizaciones? ¿Pedir disculpas? ¿Quién pide disculpas? Ahora decía Esquerra Republicana de Catalunya que don Juan Carlos tenía que pedir disculpas por los que ellos consideran asesinados en el franquismo, pero ¿va a pedir perdon Pasqual Maragall por los asesinados que hubo en Cataluña bajo el mandato de la Generalitat de Lluís Companys? ¿Va a pedir perdón el Gobierno vasco por los asesinatos que hubo durante el Gobierno de José Antonio Aguirre entre el ’36 y el ’37? Es decir, ¿cuando acaba esto? ¿qué perdón es más importante? ¿qué asesinados tienen más derechos? Yo lo que creo es que habría que dejar ya de una vez el debate sobre el franquismo y la Guerra Civil a los historiadores. Porque tampoco estamos hablando de quién tuvo la culpa de las Guerras Carlistas.

P: Visto como define “derecha” en su libro, ¿cómo definiría a una persona de izquierdas?

Más que a la izquierda, que es muy variada, al progre: es injusto acusar a socialdemócratas de ser comunistas, y si a un trostkista le acusas de ser comunista es como si le mentas la madre. Yo al progre si tuviera que definirlo con una palabra le definiría como un soberbio, alguien que se cree que está en posesión de la verdad absoluta e intenta imponérnosla a los demás: una especie de policía moral.

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