Panorama Católico

“¡Discriminar o no Discriminar: he aquí el problema!”

Ocurrió recientemente: un docente travestido de mujer debió renunciar a
una suplencia que estaba haciendo en una escuela primaria de Quilmes
por presión de los padres. El escándalo de los medios progres no fue
dado por el maestro degenerado, ¡sino porque los padres de los chicos
no lo aceptaron e hicieron que lo echaran!

Ocurrió recientemente: un docente travestido de mujer debió renunciar a
una suplencia que estaba haciendo en una escuela primaria de Quilmes
por presión de los padres. El escándalo de los medios progres no fue
dado por el maestro degenerado, ¡sino porque los padres de los chicos
no lo aceptaron e hicieron que lo echaran! Desde luego, los medios (en
este caso Clarín) actuaron como lo hacen siempre: primero califican al
hecho de “polémico” (es decir, inconveniente; es su fórmula indirecta
de reprobación. Lo mismo dirán de la Misa tridentina que liberó el Papa
o de las películas de Mel Gibson). Después de lo cual designarán a
alguno de sus escribas para que cargue suciamente con mentiras y
sarcasmo sobre los protagonistas del citado hecho “polémico” y
políticamente incorrecto. Tras la información “objetiva”, la opinión
enajenada por el odio.

“Lo hermoso es feo, y lo feo es hermoso.
¡Revoloteemos por entre la niebla y el aire impuro!”

(Las tres brujas, en “Macbeth” de Shakespeare)

Escribe Flavio Mateos

Ocurrió recientemente: un docente travestido de mujer debió renunciar a una suplencia que estaba haciendo en una escuela primaria de Quilmes por presión de los padres. El escándalo de los medios progres no fue dado por el maestro degenerado, ¡sino porque los padres de los chicos no lo aceptaron e hicieron que lo echaran! Desde luego, los medios (en este caso Clarín) actuaron como lo hacen siempre: primero califican al hecho de “polémico” (es decir, inconveniente; es su fórmula indirecta de reprobación. Lo mismo dirán de la Misa tridentina que liberó el Papa o de las películas de Mel Gibson). Después de lo cual designarán a alguno de sus escribas para que cargue suciamente con mentiras y sarcasmo sobre los protagonistas del citado hecho “polémico” y políticamente incorrecto. Tras la información “objetiva”, la opinión enajenada por el odio.

Debemos decir que esta vez la lección ha resultado muy evidente para nosotros. Los padres que se quejaron en la dirección de la escuela lo hicieron ya acompañados del temor que se difunde en la sociedad, temor propio de una tiranía y no de una supuesta “Democracia”. Así iniciaron su reclamo aclarando: “No discriminamos, pero no estamos de acuerdo que un hombre les enseñe a los chicos vestido de mujer”. El diccionario Larousse acepta dos sentidos para discriminar: 1. Separar, distinguir, diferenciar una cosa de otra. 2. Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad, generalmente por motivos raciales, religiosos, políticos o económicos. El diccionario “Consultor” de Sopena, un poco más antiguo, en cambio sólo trae esta única acepción para discriminar: “Diferenciar, distinguir, separar una cosa de otra”.

La evidente inserción ideológica que dio lugar a aquella segunda acepción –que resulta hoy la única utilizada, acabando con la primera- ha hecho que una de las funciones propias e indispensables de la inteligencia, cual es distinguir o discriminar el bien del mal, la verdad del error, lo indispensable de lo accesorio, los fines de los medios, lo bello de lo feo, lo enfermo de lo sano, termine volviéndose –para personas aún no entregadas a la barbarie- en una disculpa o, peor aún, en una pronta culpabilidad ante el mundo igualitario en el que nos movemos. Sin embargo, se observa, la “discriminación = rechazo arbitrario” se da de parte de aquellos mismos que se dicen discriminados para con los que sostienen lo que ha sido norma desde que los hombres aceptan la ley natural evidente. ¿Acaso estos mismos sexópatas se quejan de la “discriminación” a los menores de edad porque no pueden votar? ¿Por qué no protestan por el hecho de que un extranjero no puede ser presidente de la República, eso no es “xenofobia”? ¿Y por qué no piden que secuestren las copias de la película “Psicosis”, donde se muestra a un travestido como un anormal inaceptable para la sociedad, eso no es “discriminación”? Desde luego, el punto en cuestión es la inversión absoluta de los valores, poner todo patas para arriba, decir que lo blanco es negro y lo negro es blanco y que “podemos injertar el olmo para que dé peras”, como dijo en un arranque de delirio no infrecuente el celebrado Che Guevara. Es la avanzada de la revolución (para ellos con mayúsculas), que se ha tomado al pie de la letra la sentencia de aquel apóstol revolucionario–lamentablemente nacido en nuestras tierras-, cual es: “Las nuevas generaciones vendrán libres del pecado original”. ¿Cómo lo harían? Negando el pecado original. Ah, pero hay un problema y es que esta nueva religión no puede no parodiar la verdadera, y he ahí instalado el nuevo pecado original: no amar la “Democracia” y negar el “Progreso”. Digo pecado original porque se trata a los que no comulgan con ella de irreductibles enfermos que no tienen lugar a derecho alguno. No creen en la caridad como nosotros.

Estuvieron muy bien aquellos padres que intervinieron en el asunto, pero deberían haberse afirmado aún más desde el mismo lenguaje: “No queremos que Norman Bates dé clases a nuestros hijos. Discriminamos por el bien de ellos. No aceptamos degenerados en la escuela”. Tal debió ser la rúbrica que cerrara toda posibilidad de contradicción de su parte. Porque además, ahora los padres quizá lo sepan, su titubeo inicial ha dado lugar para que, en nombre de la “no-discriminación” sean ahora ellos los “discriminados” (esto en el sentido de dar trato de inferioridad). La indignación por el trato que desde un diario se les ha dado (¿acaso sin respuesta de su parte?) es lo que me ha llevado a escribir, no las ganas que tengo de leer disparates ponzoñosos.

Párrafo aparte, por supuesto, las palabras de la vicedirectora de la susodicha escuela, que hacen dudar de su sanidad mental, pero la estulticia (¡ah, desde luego, descienden de Sarmiento!) puede llegar al colmo. Además de decir la vicedirectora –suponemos que la directora será más imbécil, de acuerdo al cargo- que “es una situación nueva a la que hay que acostumbrarse” (no a que los padres se indignen sino a la presencia de los travestis en las aulas), agrega la vicedirectora sobre el travesti: “Asistía con un guardapolvo blanco impecable [sic] y tenía muy buena relación con los chicos”. Otra persona no identificada del establecimiento (parece que la imbecilidad allí es norma) afirmó: “Su vida privada no nos interesa. Como educadora es incuestionable”. Desde luego, si en su vida a lo mejor el sujeto es drogadicto o borracho, si tortura a su madre o se vende por las noches en el Rosedal de Palermo, si es un asesino serial, no nos interesa. Lleva el guardapolvos planchado y desempeña correctamente su trabajo, ¿qué más quieren de una “señorita”? (Parece que la estupidez docente hace lo suyo también en la provincia de “el gran sanjuanino”, donde –según Clarín del 29 de septiembre-, una maestra hizo algo así como “el baile del caño” en el “Día de la primavera”, o sea, reprodujo lo propio de las prostitutas que pasan por el programa de TV más visto del país. La acusada declaró: “Lo que pasó es que los chicos estaban sin hacer nada y yo los invité a hacer un concurso para que se divirtieran. Les propuse que bailaran en un lugar elevado [sic], cerca del mástil y me acerqué hasta la escalera, pero nunca llegué a tocar el mástil ni me insinué”. La secretaria de educación de la provincia, dijo en cambio que “probablemente se trató de un error de la docente, que se sumó a la fiesta con una parodia de unos segundos similar a la de Tinelli que no debió hacer, pero nada más [sic]”. Un grupo de padres, al parecer atontados, dieron otra versión: la maestra se tropezó y se agarró del caño para no caerse [sic]. Pensar que todavía los docentes tienen el tupé de hacer paros: bueno sería que los paros fueran definitivos, por el bien de los chicos).

Lo referido antes, la “discriminación”, en verdad la execración del gesto evidentemente esperable de los padres de los chicos de Quilmes (que estaban en todo su derecho y que debe respetarse) fue encargada por Clarín a una tal Patricia Kolesnicov (29 de septiembre, pág. 35). Desde luego, es muy feo lo que escribe, pero, viendo la pequeña foto de la autora que ilustra su columna nos preguntamos, ¿por qué será que todas las feministas, las lesbianas, las abortistas y las comunistas son verdaderamente mujeres feas a más no poder? ¿Acaso la ideología y vicios que profesan no serán reflejos de ese odio por todo lo que no pueden alcanzar? ¿Esa deformación de la mirada, como las brujas de Macbeth que todo lo invierten, no se enanca en un aspecto exterior que terminó plegándose a tan horrible mancha en la inteligencia? Y la prueba de que esto es así nos la da la referida Kolesnicov, que titula su columna de opinión: “La vida no es como Doris Day”. Tal vez le hubiese gustado titularla “La vida es como Norman Bates” pero aún, gracias a Dios, no llegamos a tanto.

La Kolesnicov pretende ser sarcástica poniendo como contra-ejemplo a una actriz de los años ’50 y ’60 que, a esta altura, pocos tendrán presente. En todo caso, le sirve para su propósito: Doris Day era rubia, linda, simpática, se mostraba siempre sonriente y cantaba muy bien. Realizó muchas comedias románticas y casi siempre hacía de esposa y madre (tal en el gran film de Hitchcock “El hombre que sabía demasiado”). Una mujer hermosa pero no “sexy”, símbolo de mucho cine conformista y sin vuelo pero sin malicia o procacidades. Ya se darán cuenta adónde la K. pretende llevar el asunto, a un falso enfrentamiento dialéctico. Los padres –para ella- serían unos ingenuos o reaccionarios que no saben que la realidad es distinta a la ficción. Deben adaptarse a estos tiempos y dejar de lado su moral conservadora, falsa e hipócrita. Claro está, la que escribe no cuestiona el “normalismo” sarmientino sino que pretende servirse de esa cáscara ya casi vacía para alojar dentro lo que se trae la evolución pútrida de las cosas. Y así como el puritanismo lleva el germen de la lujuria, la estolidez burguesa de los maestros normales deviene luego –ahora, ya casi ahora- en la subversión absoluta. Como decía Anzoátegui, los maestros argentinos “creen en las máximas de las cajas de fósforos; tienen una idea perfectamente romántica de la moral y piensan que el mejor maestro es aquel que se sentimentaliza más a menudo con el espectáculo de la niñez del delantal blanco. Creen que conocen el alma del chico cuando comienzan a conocer sus sentimientos”. Este rebajamiento (y relajamiento) intelectual trajo como consecuencia estos disparates de hoy que, lamentablemente, los padres ya no pueden parar, a no ser que tomen las riendas de las escuelas pero siendo éstas instrumentos del estado, la decisión pasa por otro lado.

En su columna, la tipa K., luego de introducir la noticia, usa el segundo párrafo para tomarles el pelo a los padres:

”No discriminamos”, dicen, y seguramente lo hacen de buena fe. Seguramente les cae muy simpática Florencia de la V y nunca agredirían a las muchísimas travestis que se prostituyen en las calles. Pero con nuestras blancas palomitas, no”.

La Kolesnicov (¿será una mujer o tal vez un travesti?) supone cosas de los padres que no sabe ni puede saber. (No sería extraño que la directora y el resto de la escuela suscribiera la columna, y una vez más deploramos lo que hizo Sarmiento con su introducción de las “maestras normales”, porque de hecho los enseñantes piensan ahora que lo anormal es normal).

En el tercer párrafo, K. entrega un disparate que revela un grado de perturbación mental alarmante y peligroso, porque se le da espacio en un medio de comunicación (la salud mental radica para el hombre en mantener el sentido de la realidad –nos enseñaba Gambra desde una de sus obras). Trasboca lo siguiente:

“Es cómodo pensar que hay hombres y mujeres y los hombres se casan con las mujeres y la vida se desliza como en una película de Doris Day. Y cualquier variante, al tacho”.

Es cómodo pensar que el sol sale de día y la luna de noche y que el agua moja y el viento seca, comodísimo sin dudas. Desde ya, aquello parece como si estuviera escrito desde adentro de un tacho (por cierto maloliente). Además, su tenaz ataque a la sexualidad normal nos inclina a suponer que K. pertenece al bando evidente de las invertidas. Los padres de los chicos, o cualquiera que defienda la naturaleza tal como es y Dios la creó piensan, según su razonamiento, que la vida es una película de Doris Day.

En el párrafo 4, la demencia parece que va en aumento:

“…hay hombres que saben que son mujeres y mujeres que siempre han sido hombres [sic]. La ley se ocupa de cumplir aquello del tacho”.

Por supuesto, los padres no hablaron de que el maestro invertido fuera arrojado a un tacho, sino que se le quitara la posibilidad de ser maestro de sus hijos; ninguno refirió ninguna medida expeditiva al respecto. Sólo afirmaron lo que es evidente: hay hombres y hay mujeres, y nada más.

En el párrafo 5, el resentimiento contra Doris Day (que en paz descanse) parece demostrar un trauma en la / el que escribe:

“¿Y la maestra travesti? Ningún problema si fuera vedette o, sobre todo, prostituta, y no intentara violar las leyes Doris Day de la historia [sic]”.

La / el que escribe esas líneas demuestra la misma alienación que mostraba Guevara, por lo que no nos sorprende que tales temerarias palabras procedan de un convencimiento absoluto de lo que dice. Precisamente éstos son los más útiles al mundo para la tarea de infestar con el error todos los ambientes. Aunque la tipa ésta más bien cae en lo risible; es increíble que un multimedios como Clarín no tenga alguien un poco más sesudo para esa faena.

Y bien, el último párrafo –afortunadamente la columna es breve- termina con este vómito (progresista):

“¿Será el miedo al contagio? ¿Temerán los padres que una maestra travesti incite al cambio de sexo? Además de recordar, como argumento tranquilizador y defensivo, lo tantas veces dicho –que seguramente la travesti no tuvo maestras travestis de las que aprender, que es un camino difícil y solitario [sic]- quizás habría que pensar si la docente, no ocultando que es travesti sino por serlo, no regala a los chicos una enseñanza valiosa [sic]: que no hay una sola manera de ser humano, que determinada identidad o determinada sexualidad no llevarán sí o sí a la marginación. Porque no sabemos qué late en cada corazón de las blancas palomitas. Y Doris Day mata [sic]”.

Amigos, se habrán dado cuenta que estamos en presencia de una persona enajenada que lleva un cáncer en sus palabras. Ni siquiera es capaz de ver la manera en que se contradice: porque si un travesti le da a entender a los chicos que ser así (degenerado) es tan bueno como lo demás, entonces los chicos bien pueden pensar en “cambiar de sexo”, ya que la “maestra” lo hizo. ¿Cuál es el argumento tranquilizador y defensivo? Ninguno. Simplemente es el error que quiere sus derechos, y que no puede obtenerlos sino avasallando a la verdad. Lo peor es que está en juego la vida de los chicos, pobres víctimas de este sistema perverso y anti-cristiano que, si no los mata para evitar que nazcan, los deja crecer para corromperlos y quitarles lo que de Dios llevan en sí. Porque los enemigos saben sin pensarlo que Dios quiere que seamos como niños para entrar en el Reino, y por ello convierte a la niñez en enemigo. Y por eso el mundo es viejo y caduco y desesperado y se “rejuvenece” por fuera mediante emplastes y sortilegios, porque no puede ser nunca más como niño, porque la infancia espiritual es sólo para aquellos que confían alegremente en Dios y se abandonan a Él porque lo saben Padre.

William Shakespeare, el discriminador de las brujas (¿por qué éstas no tenían derechos?) sabía muy bien lo que escribía y en boca de quiénes ponía aquella afirmación del comienzo. En ese párrafo define a las brujas, y las brujas no andan solas, siempre se agrupan y son feas y engañan a los codiciosos e insensatos –por entonces sin la prensa-. Allí vemos bien la falacia de la “dignidad humana” que el liberalismo católico les sirvió en bandeja para que hagan sus tropelías (¿no acostumbra hablar el cardenal J. B. de ello especialmente entre sus amigos, los enemigos de Cristo?).

El arte clásico nos enseña con tales ejemplos que la vida es un combate, el arte clásico nos enseña cómo es el hombre y nos enseña a distinguir (discriminar) el bien del mal. Seguramente allí, además de en la enseñanza tradicional católica, habrá que buscar la educación que hoy no existe en las instituciones que dicen ofrecerla. Es sólo una idea para padres que no quieran tener que decir cada día “no discrimino, pero…”, lejos del trato con las brujas.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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