Panorama Católico

Dominique Bourmaud: Cien Años de Modernismo

De reciente aparición, esta obra editada por la Fundación San Pío X recopila en sus enjundiosas 450 páginas toda el corpus doctrinal que sustenta la crítica del Concilio Vaticano II y el posconcilio realizada por el tradicioalismo católico. Un libro didáctico, ordenado y sobre todo muy polémico.

R.P. Dominique Bourmaud
Cien Años de Modernismo
Genealogía del Concilio Vaticano II

De reciente aparición, esta obra editada por la Fundación San Pío X recopila en sus enjundiosas 450 páginas toda el corpus doctrinal que sustenta la crítica del Concilio Vaticano II y el posconcilio realizada por el tradicioalismo católico. Un libro didáctico, ordenado y sobre todo muy polémico.

R.P. Dominique Bourmaud
Cien Años de Modernismo
Genealogía del Concilio Vaticano II

Ediciones Fundación San Pío X
Buenos Aires – enero de 2006
450 páginas.

Como experimentado profesor de teología dogmática y formado en el tomismo, el P. Bourmaud da a su obra una estructura bien didáctica y ordenada. Una introducción, cinco partes (La Herencia Cristiana, El modernismo protestante, El modernismo -católico-, El neomodernismo y El modernismo triunfante). Completa con un léxico modernista, donde explica el significado de los términos más usuales entre los padres de la Nouvelle Theologie y sus sucesores y completa con abundante bibliografía.

La obra es ciertamente polémica, porque desde su introducción declara sus objetivos sin ambages: demostrar que el Concilio Vaticano II ha sido el triunfo de neomodernismo católico. Y que no son los excesos ni una -hermenéutica de ruptura- sino los documentos mismos de la magna asamblea ecuménica los que han inspirado aquello que el propio Papa Benedicto ha lamentado recientemente en su discurso a la Curia Romana.

Pero convendría leer la introducción al final si se quiere avanzar en la exposición sin prejuicios. Porque apenas entramos en el primer capítulo de la primera parte encontramos una síntesis admirable de la historia del pensamiento filosófico y teológico cristiano, que por cierto, arranca en la era precristiana. Allí, en la antigua Grecia ya están en germen todos los errores filosóficos modernos, pero fundamentalmente está el cuerpo doctrinal del -filósofo-, Aristóteles que luego daría el andamiaje a la teología tomista.

El autor recorre toda la génesis de la teología católica, su desarrollo y esplendor para pasar luego a protestantismo, semilla del pensamiento moderno. De Lutero a los herederos de Hegel y Kant, concatenando ideas y desarrollos cada vez más alejados del realismo aristotelicotomista llegamos al modernismo católico.

Luego explica extensamente la influencia de los pensadores centrales del siglo XIX en la génesis de lo que San Pío X definió como -la síntesis de todas la herejías-, condenada principalmente en la encíclica Pascendi. Tras esta victoria, lamentablemente efímera (cierto descuido de los custodios de la Fe y la capacidad de reformularse permanentemente que estas doctrinas poseen impidieron que se extirpasen de raíz los errores en el seno de la Iglesia) aparecen las nuevas cabezas del modernismo renaciente: Teilhard, De Lubac, Ranher, además de la influencia externa de pensadores como Bergson y Heidegger. Luego la reacción de Pío XII, luminosa en lo doctrinal pero ya débil en lo disciplinario. Todo esto describe el autor con notable poder de síntesis.

La confianza en que la autoridad sería una barrera infranqueable para los errores liberales, traiciona finalmente a una curia romana y a unos episcopado poco atentos. Otros, es justicia decirlo, venían trabajados ya por las nuevas ideas.

Ante la sorpresa e incredulidad de funcionarios de rigurosa ortodoxia doctrinal, la Iglesia fue asaltada por teólogos y peritos que llegaron al Vaticano con sus novedades, bajo la mirada complaciente de Juan XXIII, y las hicieron doctrina oficial durante el Vaticano II.

Finalmente, el autor trata sobre la formación intelectual y la acción de gobierno de Paulo VI y Juan Pablo II las cuales son analizadas con rigor documental y crítico, en términos ajustados a la dignidad de las investiduras, pero que no se amilanan ante la exigencia de -corrección política- o -eclesiástica-.

El P. Bourmaud habla de las cosas con franqueza y gran libertad de espíritu. Sus críticas son un verdadero desafío intelectual para los católicos preocupados por la situación de la Iglesia -que hace agua por todas partes-.

Podríamos señalarle dos puntos que, a nuestro ver, hacen perder eficacia didáctica al libro, por un lado, y constituyen una cierta injusticia intelectual. Primero, el adelanto de conclusiones del prólogo, que atemorizará, presumimos, a los espíritus escrupulosos o remisos a tomar el toro por las astas. Sería bueno que discreparan, en tal caso, pero habiendo leído el libro completo.

Segundo, la presentación del pensamiento del Card. Ratzinger como un hecho cerrado, concluido. Seguramente debieron dejarse unos puntos suspensivos, puesto que ese teólogo privado, ese Prefecto de la Fe, ahora es Papa y su pensamiento puede variar en cuestiones esenciales, como ha ocurrido otras veces en la historia de la Iglesia, sin ir más lejos, en el caso de Pío IX. La sensación del lector al concluir ese capítulo, es que todo lo que se ha dicho de él es un hecho histórico cerrado sin posibilidad de cambio en el futuro. No es que se afirme esto, sino que parece que se presupone.

Sin dudas, no es un libro para cualquiera sino para mentes abiertas, afanosas de la verdad y deseosas se probar la solidez de sus conocimientos ante una crítica racional, erudita, sin muchos epítetos y sólidamente documentada.

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Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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