Panorama Católico

Don Bosco prestidigitador

Si el Sr. Anónimo es quisquilloso con las mezclas, por favor no mezcle a don Bosco con Harry sea Houdini sea Potter y si le es posible no sea irreverente con un santo canonizado ni falte el respeto a los que tenemos poderosas razones para venerarlo.

Aquí mando una anécdota relacionada con el tema que nos ocupa, luego enviaré otras.

Saludos de Félix Renée 

 

Memorias Biográficas – Volumen II, pág.85)

 

Don Bosco no perdió en la Residencia Sacerdotal aquel su buen humor, que le convertía en el rey de cualquier conversación. Lo mismo que en el seminario y en las escuelas de Chieri, siempre tenía algo nuevo con que divertir la tertulia. Pero en sus bromas y burlas sabía mantener un porte sereno, sonriente, sin gestos o andares descompuestos ni carcajadas estrepitosas. Vamos a contar un pequeño suceso, que muestra bien a las claras cómo una piedad insigne y un celo apostólico pueden ir de bracete con un humor agradable. También se divertían con estos graciosos entretenimientos el teólogo Guala y don Cafasso, hombres de suyo tan formales y serios.

Si el Sr. Anónimo es quisquilloso con las mezclas, por favor no mezcle a don Bosco con Harry sea Houdini sea Potter y si le es posible no sea irreverente con un santo canonizado ni falte el respeto a los que tenemos poderosas razones para venerarlo.

Aquí mando una anécdota relacionada con el tema que nos ocupa, luego enviaré otras.

Saludos de Félix Renée 

 

Memorias Biográficas – Volumen II, pág.85)

 

Don Bosco no perdió en la Residencia Sacerdotal aquel su buen humor, que le convertía en el rey de cualquier conversación. Lo mismo que en el seminario y en las escuelas de Chieri, siempre tenía algo nuevo con que divertir la tertulia. Pero en sus bromas y burlas sabía mantener un porte sereno, sonriente, sin gestos o andares descompuestos ni carcajadas estrepitosas. Vamos a contar un pequeño suceso, que muestra bien a las claras cómo una piedad insigne y un celo apostólico pueden ir de bracete con un humor agradable. También se divertían con estos graciosos entretenimientos el teólogo Guala y don Cafasso, hombres de suyo tan formales y serios.

 

Estaba en la Residencia un tal D.C…, hombre jovial y singular, que se prestaba de buen grado a la broma, aún a costa, muchas veces, de su propia persona. Había éste comprado a unos Judíos un  gabán tan extraño por su forma y antigüedad, que se había hecho famoso entre los alumnos de la Residencia. Ya no se atrevía ni a ponérselo. Un día hizo don Bosco que se lo colocaran en el lugar que él ocupaba en el estudio. Al llegar la hora de ir a él, D.C… fue a sentarse y advirtió un bulto que le estorbaba: -Qué es esto? –exclamó arrojando el envoltorio al centro del salón. Pero, mirando mejor, se dio cuenta de que era su gabán. Se disgustó de momento, pero luego, no sabiendo cómo había sucedido la cosa, lo tomó y se lo llevó fuera, entre las risas de todos.

 

   Otra vez le hizo don Bosco la misma jugarreta en el refectorio, a la hora de comer. Entonces D.C…, algo molesto, encerró su gabán en un baúl, y después con el mayor secreto posible, lo envió a su

85casa en Turín, prohibiendo a los suyos que nadie lo viera en adelante. Pero no hicieron caso a su prohibición.

 

   En efecto, llegó el carnaval. A don Bosco le gustaba divertir a los demás con sus famosos juegos de prestidigitación. Se convino con el Abate Fava para hacer reír a base del gabán de D.C…

 

   -Qué?, le dijo una tarde el Abate a don Bosco, durante el recreo, vamos a divertirnos?

 

   -Sí, riamos un poco, dijeron a una el teólogo Guala y don Cafasso, que estaban de acuerdo con don Bosco.

 

   -Entonces usted, don Bosco, dijo el Abate, tiene que hacernos un juego bonito.

 

   -Y qué juego he de hacer?, preguntó don Bosco.

 

   Le recordaron muchos. Don Bosco oía y callaba y finalmente propuso:

 

   -Pues bien, pedidme lo que queráis y yo lo haré aparecer a la vista de todos sobre una mesa.

 

   Cada cual puede imaginar las cosas más raras que le fueron propuestas: uno quería un gato, otro un pajarito vivo, aquél unos huevos, éste un pollo asado. En medio del griterío se oyó la voz del Abate Fava:

 

   -Que aparezca el gabán de D.C…

 

   Su proposición fue aplaudidísima e hizo olvidar las demás. Se excusaba don Bosco diciendo que eso era imposible, pero D.C… se apresuró a gritar:

 

   -Hacedlo, si queréis. Mi gabán está en el campo, encerrado bajo llave y a ver quién es capaz de agarrarlo.

 

   Condescendió don Bosco, se procuró una varita mágica, se ciñó la cintura con una toalla, cantó y pronunció unas palabras mágicas. Todos reventaban de risa. Después, como desalentado, aseguró que no le era posible conseguirlo. Pero, ante las instancias de todos, repitió los signos cabalísticos, y exclamó:

 

   -íSilencio! El gabán está en Constantinopla, pero ílo haremos venir hasta aquí!

 

   Se redoblaban las carcajadas, mientras don Bosco hacía repetir por todos a coro unas palabras extrañas, sonoras, incomprensibles.

 

   Mandó, mientras tanto, pusieran en medio del salón la mesa de uno de los pupilos. Abrió el cajón e invitó a todos a comprobar que estaba vacío. Lo cerró, volvió a abrirlo para que todo el mundo viera que no había trampa, cerró de nuevo y entregó la llave al teólogo Guala, el cual debía conservarla en alto a la vista de todos, apuntando con ella a don Bosco.

 

 -Sí, sí, ya podéis aguardar, aseguraba D.C…, mientras una sonrisa de burlona complacencia se dibujaba en sus labios.

 

   Don Bosco tomó entonces aspecto de inspirado, cortó lentamente el aire con su varita, pronunció cuatro palabras de las que no se encuentran en ninguna lengua del mundo y gritó:

 

   -íYa está!

 

   Dio la llave a D.C… para que fuera a abrir el cajón. Y D.C…, apenas tuvo la llave en su mano exclamó estupefacto:

 

   -Pero si ésta es la llave de mi baúl.

 

   Abrió. Y ante los ojos de todos fue desdoblando el famoso gabán. Imposible describir la sorpresa y el jolgorio de los presentes. D.C… lo contemplaba boquiabierto. Y don Cafasso decía: -Por amor de Dios, vámonos o moriremos de risa.

 

   «La alegría del corazón es la vida del hombre y un tesoro inagotable de santidad». 1   1 Eclesiástico XXX, 22.

 

 

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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