Panorama Católico

Dos alegrías en un solo gesto

Ayer por la tarde recibí dos alegrías que aliviaron las molestias de una gripe: recibí el llamado de un amigo de Panorama, residente en el exterior pero argentino, que me ofreció solventar el hosting de los próximos 3 años. Se trata de una persona cuyo nombre quisiera dar a conocer, pero no me lo permite. Respeto su deseo, obviamente. 

Ayer por la tarde recibí dos alegrías que aliviaron las molestias de una gripe: recibí el llamado de un amigo de Panorama, residente en el exterior pero argentino, que me ofreció solventar el hosting de los próximos 3 años. Se trata de una persona cuyo nombre quisiera dar a conocer, pero no me lo permite. Respeto su deseo, obviamente. 

La segunda alegría de este llamado fue el motivo: me dice este amigo, al que imagino joven o de mediana edad a lo sumo, que leyendo Panorama Católico descubrió la MIsa tradicional. Y esto cambia la vida. No es el primero que me lo dice, pero siempre alegra el corazón saber que el trabajo, con la gracia de Dios, tiene resultados. El más importante de todos, a mi modo de ver, es éste: el descubrimiento y amor a la liturgia tradicional. 

En ella está contenida toda nuestra Fe, y es la tabla de salvación en este naufragio momentáneo que no sabemos cuanto tiempo más durará aún. Por eso es que hacemos Panorama Católico, como una obra de misericordia espiritual, propia de estos tiempos excepcionales. Tanto se ha oscurecido el rostro de la Iglesia que cuesta descubrirlo. Y el camino más sencilo (en cierto modo) es la liturgia tradicional. 

Por eso nunca dejaremos de agradecer al Papa Benedicto el enorme servicio que prestó a la Iglesia al liberar la Misa tradicional de la prohibición de hecho que pesaba sobre ella. Ni tampoco otros servicios que hizo, o que trató de hacer y, hoy por hoy parecen haberle costado el pontificado. 

Este amigo benefactor de Panorama me decía también que por circunstancias por encima de su voluntad se vio obligado a mudarse a una localidad muy alejada de cualquier Misa tradicional. Y que rezó intensamente hasta que pudo volver a una ciudad donde la tiene a mano todos los días. Este relato terminó de convencerme de que había comprendido con profundidad la importancia de la liturgia. Porque sufría por no tenerla a mano y se empeñó en hace lo necesario para volver allí donde la tuviera al alcance. ¡Hay tantos que la tienen a mano y no la aprovechan, o solo ocasionalmente!

El amor por la liturgia acrece con la frecuencia, el conocimiento, el contacto mayor. Cierto, es un mundo muy distinto para quien entra en solo paso. Se necesita una cierta preparación. Aunque no son raros los casos de deslumbramiento inmediato. Hay quienes se quedan prendados del silencio, otros de las homilías, o de la devoción de los sacerdotes y fieles. Signos externos de la santidad del rito que se celebra, pero cuyo misterio hay que ir buscando develar hasta donde cada uno pueda, hasta donde el alma humana sea capaz. Porque es un misterio lo que allí sucede, y por eso nos causa risa y pena oír argumentaciones sobre la «comprensión» que ha introducido el nuevo rito, así como la «participación activa». Los misterios se contemplan. Contemplar es lo contrario de actuar. 

Esta segunda alegría es, obviamente, mucho más grande, incomparable a la primera. Lo primero, con ser importante, es la remoción de un obstáculo para seguir adelante. Lo segundo es ver la Gracia de Dios actuando sobre almas bien dispuestas. 

La disposición es un requisito que no se comprende del todo hoy en día, con ser tan sencillo en el concepto. Diso no violenta nuestra voluntad, aunque -misteriosamente también- a algunos los persiga con particular amor. «El que te ha creado sin ti, no te salvará sin ti». Por eso el famoso «error» (1) de la traducción del nuevo rito «por vosotros y por todos los hombres» es tan perjudicial para la Fe. Nos induce a creer que la Redención se opera en forma automática, de un modo independiente de la cooperación humana, de las disposiciones o de las conductas. La Redención es por todos, pero sus efectos se realizan en muchos, no en todos. 

Poner de nuestra parte es un requisito indispensable. Dios hace casi todo. Casi todo. Pero hay algo que hacemos nosotros. Biendisponernos.

Y en orden a la liturgia, fuente de nuestra salud espiritual, hay una disposición, un requisito sin el cual no vamos a alcanzar los frutos de la Redención. En estos días se oyen frases confusas sobre estos temas en los más altos estrados de la Iglesia. Pero la Iglesia ya ha hablado alto y claro sobre estos temas, demasiado claro como para buscarle la quinta pata al gato. 

Por eso este buen amigo nos alegra: porque se ha puesto en comunicación con la Iglesia, ha entendido el mensaje y se ha dispuesto a seguirlo. Y hace dos cosas que el amor impulsa a hacer: difundir y sostener los medios de difusión. El bien es difusivo, dicen los teólogos. Se recibe gratuitamente y se prodiga gratuitamente. Pero los medios para difundirlo no son siempre gratuitos. 

Para entender esto se necesitan esas disposiciones de espíritu que nos ponen en el camino de la Salvación.

 

(1) Encomillo porque más que un error es una reinterpretación basada en un concepto teológico novedoso.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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