Panorama Católico

Dos Recientes Nombramientos, en el Ojo de la Tormenta

Son los casos de los obispos Mollaghan y Sigampa, en Rosario y Resistencia.

Por Sergio Rubín

Son los casos de los obispos Mollaghan y Sigampa, en Rosario y Resistencia.

Por Sergio Rubín

La designación de los obispos argentinos se convirtió en los últimos meses en un verdadero dolor de cabeza para la conducción de la Iglesia en el país. El nombramiento de una serie de religiosos más bien conservadores y que, por tanto, no responden plenamente -y, a veces, ni siquiera parcialmente- al perfil moderado que fue adquiriendo en los últimos años la composición del Episcopado amenaza con abortar el proceso de aggiornamiento de la que fue en los años 60 y 70 una de las iglesias más conservadoras de América Latina.

El cuadro de situación que se está planteando no surge solamente de una evaluación del perfil ideológico de los nuevos obispos. Sino también de una observación objetiva del sistema de elección que demuestra que El Vaticano no está interesado en atender las recomendaciones de práctica del Episcopado. En por lo menos tres designaciones recientes, Roma no tuvo en cuenta las ternas que elevó la Nunciatura Apostólica luego de las propuestas hechas por las autoridades de la Iglesia argentina.

El nombramiento de obispos es facultad exclusiva del Papa. Pero, como obviamente el pontífice no conoce a cada uno de los candidatos, hay una secretísima ronda de consultas con las iglesias locales. De ellas, surgen nominaciones. Por cada vacante, se presentan tres candidatos por orden de preferencia. El Papa suele elegir al que está en primer término. Pero puede saltear el orden e, incluso, designar a alguien que no está en la terna. Su entorno puede jugar un papel clave en ese sentido.

El problema se plantea cuando las sugerencias son sistemáticamente dejadas de lado. El primer indicio se tuvo hace casi cuatro años cuando fue designado monseñor Antonio Baseotto como obispo castrense. Baseotto no figuraba en la terna del Episcopado. En marzo pasado, el religioso fue echado unilateralmente por el presidente Néstor Kirchner luego de sus duras críticas al ministro de Salud, Ginés González García. Su salida aún es debatida entre Roma y la Rosada.

Pero en los últimos meses se produjeron dos nombramientos, el de Fabriziano Sigampa en el arzobispado de Resistencia y el de José Luis Mollaghan en el de Rosario, que tampoco figuraban en la terna. En el caso de Rosario, la sorpresa fue mayúscula porque el número puesto era el obispo de Lomas de Zamora, Agustín Radrizzani, que en noviembre recibió el espaldarazo de sus pares al ser elegido vicepresidente segundo del Episcopado. Una clara señal para Roma.

En la Iglesia argentina hay temor de que sus sugerencias sigan siendo ignoradas. Debe tenerse en cuenta que, en breve, deberán cubrirse media docena más de obispados. ¿Por qué no se está escuchando al Episcopado?. En verdad, desde que la administración de Carlos Menem tejió una relación privilegiada con el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Angelo Sodano, la conducción eclesiástica local cayó en desgracia con la curia romana.

No son pocos los que ven detrás de toda esta ofensiva al ex embajador ante la Santa Sede durante el menemismo Esteban Caselli, un severo objetor de la renovación que encabezaron los últimos tres presidentes del Episcopado : Estanislao Kar lic, Eduardo Mirás y, el actual, Jorge Bergoglio. Caselli sigue teniendo una relación privilegiada con Sodano y en enero alojó en su casa de Punta del Este al presidente de la comisión Justicia y Paz del Vaticano, cardenal Renato Martino.

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