Panorama Católico

Ecumenancia y Tolerismo

Tecnicismos la margen, esta infalibilidad está asegurada por la “identidad” en la formulación de las verdades de Fe, “siempre, por todos y en todo lugar”, se llamó “tradición”. Que no es cuestión de bastos y encimeras, por noble que esto sea, sino lo que nos viene de Cristo
por los apóstoles y sus sucesores, creído siempre y en todo lugar por
los fieles, profesado por los confesores y abonado con la sangre de los
mártires. Cantado en la misas y predicado en las homilías…

Tecnicismos la margen, esta infalibilidad está asegurada por la “identidad” en la formulación de las verdades de Fe, “siempre, por todos y en todo lugar”, se llamó “tradición”. Que no es cuestión de bastos y encimeras, por noble que esto sea, sino lo que nos viene de Cristo
por los apóstoles y sus sucesores, creído siempre y en todo lugar por
los fieles, profesado por los confesores y abonado con la sangre de los
mártires. Cantado en la misas y predicado en las homilías…

Escribe el Editor y Responsable

Uno de los goces de administrar una página como Panorama Católico es estar al tanto de la variedad de opiniones que campean por allí. Esto ofrece a los librepensadores atenuados, como nosotros, la posibilidad de aplicar el consejo agustiniano: en la verdad, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad…

Nosotros estamos obligados a creer solo lo que la Iglesia nos ha revelado como verdad. Y ante todo, estamos obligados a creer que existe la Verdad, que es Cristo. El se ha definido así: yo soy la Verdad. Y de esa verdad, manan o participan las verdades, (dos y dos son cuatro y cosas así…).

También estamos obligados a creer en la razón, pero no en la razón autónoma, sino informada por los sentidos y perfeccionada por el sentido común. El propio Agustín y sobre todo Tomás el Grande, el Doctor Común, no le hicieron asco a la verdad alcanzable por la recta razón conforme a sus propias fuerzas.

Y como algunos paganos ya se habían pelado la frente estableciendo ciertas verdades de orden natural (es decir, comprobándolas y exponiéndolas con un cierto sistema que se llamó “filosofía”), los susodichos doctores de la Iglesia –y muchos otros- decidieron ahorrar camino y aplicar lo ya rectamente pensado para sistematizar las Sagradas Escrituras, haciendo una monumental tarea solo comparable con la construcción de las catedrales: esto se llamó “teología”.

Y como la verdad no se muda, (“Dios no se muda”, dice Teresa la Grande, la Verdad tampoco) hemos vivido durante unos felices 1960 años creyendo que “dogma” es una verdad revelada por Dios y “garantizada” como tal por la Iglesia Católica, representante oficial y exclusiva de Dios en el universo mundo, con garantía de infalibilidad.

Tecnicismos al margen, esta infalibilidad está asegurada por la “identidad” en la formulación de las verdades de Fe, “siempre, por todos y en todo lugar”, que se llamó “tradición”. Que no es cuestión de bastos y encimeras, por noble que esto sea, sino lo que nos viene de Cristo por los apóstoles y sus sucesores, creído siempre y en todo lugar por los fieles, profesado por los confesores y abonado con la sangre de los mártires. Cantado en la misas y predicado en las homilías…

Hoy en día, y desde hace varias décadas, hay buena gente en la Iglesia que dice que esto ya pasó. Vale. Lamentamos que la autoridad no los desautorice y castigue en caso de pertinaz recurrencia.

Pero también hay mucha gente –incluyendo parte de la “autoridad”- que dice que esto no pasó, es decir, continúa, y lo que ahora hay, que no coincide con lo que continúa, es tan válido como lo que nunca pasó pero en los hechos es como si ya hubiese pasado. Lamento tener que ir a tales honduras intelectuales. Simples, abstenerse.

La cosa es así: lo blanco ahora es negro, pero sigue siendo blanco… Y lo dicen personalidades muy encumbradas y en documentos muy encumbrados. ¿Es este tal vez un extraño caso de daltonismo intelectual? San Pío X lo llamaba “modernismo”.

¿O quizás los colores no existen y hemos soñado que el blanco los posee todos y el negro es la privación de todos ellos? Y que el arco iris es una creación del hombre que no puede afrontar la realidad de las cosas, a saber: no existe la realidad de las cosas.

Nosotros, a ejemplo del carbonero, de alma blanca y manos negras, nos quedamos con lo que ha dicho siempre la Iglesia y no con el modo de interpretar (de patadas con Aristóteles y con Tomás) lo que dicen que quería decir o no quería decir lo que decía la Iglesia cuando todo el mundo entendía lo que la Iglesia quería decir.

Y esto aunque un concilio, un papa o un ángel digan lo contrario, como ya nos advirtió San Pablo iba a ocurrir.

Así pues, en uso de nuestro derecho de librepensadores atenuados por la Fe Católica reclamamos tolerancia y ecumenismo interno para seguir creyendo lo que la Iglesia siempre creyó y para creer que lo que se viene diciendo últimamente en muchos casos no es lo mismo que lo que se decía antes sino más bien lo contrario.

En una palabra, ecumenancia y tolerismo, ¡nunca más!

Vale.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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