Panorama Católico

El campo, la Iglesia y la desobediencia civil

Como hija de la Iglesia, quisiera hacer un análisis a la luz de la fe ante las detenciones de ocho productores agropecuarios en su legítima protesta de 80 días ante el gobierno y la judicialización del conflicto.
 
Escribe Marta de Olivero

Como hija de la Iglesia, quisiera hacer un análisis a la luz de la fe ante las detenciones de ocho productores agropecuarios en su legítima protesta de 80 días ante el gobierno y la judicialización del conflicto.
 
Escribe Marta de Olivero
Uno de los temas más delicados que se plantean a la conciencia moral del ciudadano es el relativo a la resistencia al poder del Estado. La resistencia a la autoridad supone distinguir entre lo justo o injusto, según el orden natural y divino y la ley positiva. Los griegos ya reconocían leyes injustas. El problema consiste en distinguir hasta dónde un ciudadano debe acatar una ley injusta respetando la autoridad pública que la promulgó y cuando debe legítimamente resistirla.
La Iglesia enseña que una ley injusta genera violencia. O sea, para Dios y su Iglesia, las retenciones, por ser confiscatorias y atentar contra el derecho natural a la propiedad privada son ilegítimas, y genera violencia moral en conciencia no resistirlas. Ya Monseñor Giaquinta, obispo emérito de Resistencia, en su homilía dominical del 6/11/05 había advertido que si el Estado insistía en repartir anticonceptivos en las escuelas, él mismo "animaría a los cristianos a una desobediencia civil".
La desobediencia civil es una práctica pública, no violenta, consciente y política contraria a una ley u orden de la autoridad injusta o ilegítima. La sociedad civil la ejerce para invalidar dicha ley u orden y promulgar una nueva, donde los derechos sociales y civiles sean reconocidos. A veces es moralmente imprescindible para expresar el rechazo a una política o a una ley injusta. La advertencia de Mons. Giaquinta estaba basada en la doctrina de la Iglesia sobre los poderes, en donde el poder temporal debiera estar sometido al poder espiritual, por la simple razón que la ley de Dios es superior a la de los hombres. Como decía Mons. Giaquinta en su momento, si el Estado violaba este orden estaría perdiendo su "razón de ser".
El reclamo del campo es por justicia, porque se les quiere quitar la justa ganancia que les corresponde, a la que tienen derecho. Ante la injusticia, hay dos tipos de resistencia: la pasiva y la activa. La falta de políticos que representen los reclamos del pueblo que los votó y la evidente y pública destrucción de las instituciones ha obligado a los hombres de campo ha optar por la resistencia pasiva, pidiendo hasta públicamente el auxilio y el aval divino. En el acto de Rosario, sus dirigentes, alineados detrás de la Virgen de Luján, Patrona de Argentina, comenzaron proclamando la súplica escrita por nuestros obispos: "Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos". Detrás de ellos, durante 80 días de protesta, cientos de miles de productores orgullosos de la gestión de sus dirigentes ( inmanejables para el gobierno porque no se los ha podido comprar ) han dado un ejemplo de civilidad y educación a la Nación.
El Evangelio anima a los hombres de campo y al pueblo que los acompaña a seguir en este camino. Permanecemos fieles a la Iglesia si resistimos a leyes que violan las leyes naturales y divinas. En este caso, el derecho natural a la propiedad privada que involucra la justicia (de darle a cada uno lo suyo, lo que le corresponde, lo que tiene derecho), la falta de soberanía de las Provincias que enuncia la Constitución federal y las políticas agropecuarias a largo plazo. Rogamos a la Virgen de Luján asista y fortalezca al campo para resistir en este justo reclamo, ya que Nuestro Señor Jesucristo también curó a personas el sábado, demostrando que la ley debía ser hecha para el hombre y para su bien y no al revés.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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