Panorama Católico

El Card. Ratzinger y Benedicto XVI, litúrgicamente coherentes.

Se decía que la Misa anterior al Concilio Vaticano II

se esgrimía como bandera de rechazo al Vaticano II y al Papa.

Escribe Pedro Rizo

rizomart@infonegocio.com

Se decía que la Misa anterior al Concilio Vaticano II

se esgrimía como bandera de rechazo al Vaticano II y al Papa.

Escribe Pedro Rizo

rizomart@infonegocio.com

Pero nadie decía que la destrucción de la vida religiosa y la pérdida de orientación cristiana radicaba en la desidia e indisciplina doctrinales posteriores al Concilio; ni la incoherencia de la adhesión al Papa que incluso decía de vestir como sacerdotes y no se le hacía caso. Me refiero a los papas surgidos del Concilio.

Y nadie se preguntó si conculcar un derecho de la Iglesia, que somos todos, puede justificarse con ninguna hipótesis de rebeldía… más aun cuando con ello se da al rebelde una dimensión que se vuelve en contra. Nadie se preguntó si todo se originaba en unos déspotas jerárquicos que pretendieran, si acaso, más la separación y la excomunión de la Iglesia tradicional –simbolizada en Lefebvre o en tantos otros perseguidos-, que reconocer sus errores. No otra cosa puede explicar que incluso con el decreto Ecclesia Dei, que proponía a los ordinarios autorizarla a quien la demandara, se empeñaran por el honor “y la supervivencia” a ignorarla antes que acceder al propio deseo del Papa.

Un amigo me envía unas olvidadas declaraciones del Cardenal Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, que deberían hacer pensar a muchos. A algunos, si tuvieran vergüenza, hasta debería llevarles a reconsiderar si realmente tienen fe católica. Inclusive a devolver sus anillos… Cosa que no será inesperada cuando se imponga desde el Vaticano, aun diciendo –claro—que lo hacen porque Roma vuelve al fascismo litúrgico. O cualquier otra cosa. “Enemigo que huye puente de plata…”, dice el refrán, aunque yo se lo pondría de madera para evitar que lo vendieran…

Acerca de la intolerancia de los obispos hacia la Misa tradicional

"Es importante para una correcta concienciación en asuntos litúrgicos, que concluya de una vez la proscripción de la liturgia vigente hasta 1970. Quien hoy aboga por la perduración de esta liturgia o participa en ella es tratado como un apestado. Aquí termina la tolerancia. A lo largo de la historia nunca ha habido nada igual, esto implica proscribir también todo el pasado de la Iglesia. Y de ser así ¿cómo confiar en su presente? Francamente, yo tampoco entiendo por qué muchos de mis hermanos obispos se someten a esta exigencia de intolerancia que, sin ningún motivo razonable, se opone a la reconciliación interna de la Iglesia".

Card. Joseph Ratzinger, "Dios y el mundo" (Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2002).

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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