Panorama Católico

El Cardenal en la Pólítica Porteña

“El cardenal se metió en la campaña”. “Su gesto de ayer no parece casual y lo ven como el motor del pacto pacto Telerman- Carrió”.

“El cardenal se metió en la campaña”. “Su gesto de ayer no parece casual y lo ven como el motor del pacto pacto Telerman- Carrió”.

(“La Nación”, 19.4.07)

Escribe Juan Olmedo Alba Posse 

Contradicción   La nota del diario “La Nación” aludida precedentemente acrecienta sorpresas, que culminan al compararlo al cardenal con un personaje jesuita de “El Gatopardo”, concluyendo que pertenece a esa escuela y que “para él, la ambigüedad no tiene secretos”.  A partir del atrevido extremo, es difícil negar que la crónica suscita grandes perplejidades. Y al tratarse de incursiones políticas, queda habilitada la respetuosa expresión del criterio prudencial. En rigor correspondería discutir aquello de la ambigüedad. Puesto que de suyo la expresión habitual del prelado –a pesar de las hipérboles y otros notables tropos- no parece acusar la oscuridad de lo ambiguo, sino el tropiezo de la contradicción. En el presente caso, contrariando lo de siempre, al despegarse del tradicional rechazo a las ideas y actitudes en todo tiempo proscriptas.          

Confusión   Así se explicaría su alineamiento con Telerman, la Carrió y  Olivera. Porque Telerman es un ex (¿?) comunista, perteneciente además a los elencos porteños que contrataron, en la época de Ibarra y Filmus, el asesoramiento de la entidad pro-homosexual denominada SIGLA. (Hay  que subrayar aquí, que las expresiones del cardenal Bergoglio precisamente tuvieron como marco una Misa por la Educación).  Elisa Carrió dio suficientes pruebas de aceptación del aborto y de promoción del divorcio vincular, siendo una de las autoras de la Ley Nacional de Salud Sexual, abierta al aborto farmacológico. Para colmo, todo ello haciendo simultánea ostentación de una “piedad” (comunión diaria) objetivamente escandalosa. La confusión se agrava muchísimo si queda respaldado -con el apoyo cardenalicio- el tinte moralista y cristiano que impregna contradictoriamente la prédica de la postulante.

En cuanto al “católico ferviente” -Enrique Olivera-, el año pasado votó la ley de Educación Sexual y cuando era jefe de Gobierno promulgó la ley de salud reproductiva. Para él, el feminismo es una de las grandes luchas reivindicadoras del siglo XX, la que logró el reconocimiento de la dignidad de la mujer. La postergación del cuerpo y de la mujer estuvieron  históricamente ligadas… (cfr. NOTIVIDA, Año VI, nº 396, 13 de octubre de 2006).

Observación    Más allá de estas penosas reflexiones, se ha oído la protesta de facciones opuestas a la fórmula apoyada por el Cardenal, acusando que el acontecimiento fue un acto político de la Iglesia. Hay que reconocer que, desde afuera, no le faltaría asidero a semejante aserto, fortaleciendo las dudas sobre la efectiva exclusión clerical de las lides electorales. Lo cual, desde adentro y a la inversa, aumenta el pesar por tantas ocasiones en que las autoridades religiosas no actúan frente a trascendentes cuestiones manoseadas por la política. Cuando se esperaba ansiosamente la voz categórica de la Iglesia argentina. Como en el caso límite de la sede castrense impedida. (Silencio que en forma indirecta, pero no menos categórica, acaba de subsanar el Sumo Pontífice). Otro caso paradigmático es el del sacerdote Christian von Wernich, prisionero por cumplir su ministerio.   

Bajo el emotivo ángulo de la tragedia de Cromagnon, que conmueve hasta las lágrimas -y la exigencia de lágrimas- del cardenal arzobispo de Buenos Aires (LN. 19.4.07), cabe reconocer que no ayudaría al saneamiento de las costumbres la implantación y el uso de un “santuario” a la vera del antro quemado.  Tampoco se percibe –siempre desde la observación política- la preocupación eclesiástica por la multiplicación de tales “boliches”.  Probadas antesalas de vicios y delitos, conforme lo acaba de ilustrar patéticamente la denuncia de una camarista federal de Rosario  sobre el narcotráfico impune (“La Nación”, 19.4.07).

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