Panorama Católico

El Cardenal Martini declara la guerra

Todos sabíamos que el Card. Martini, emérito de Milán, es el jefe del partido que disputaba el Papado en nombre del progresismo eclesiástico extremo. Su renuncia a la candidatura dejó sin chances al ala más liberal del Colegio Cardenalicio y le granjeó un sofocón al Card.

Todos sabíamos que el Card. Martini, emérito de Milán, es el jefe del partido que disputaba el Papado en nombre del progresismo eclesiástico extremo. Su renuncia a la candidatura dejó sin chances al ala más liberal del Colegio Cardenalicio y le granjeó un sofocón al Card. Bergoglio, elegido para dar una batalla perdida pero honorable al único candidato que había quedado en pie, el actual Papa Benedicto. También sabíamos que un cierto pánico se apoderó del cardenal porteño, quien se bajó de la candidatura en la tercera ronda de votos. Con lo cual el camino hacia el solio pontificio quedó despejado para el Card. Ratzinger en uno de los cónclaves más breves de la historia.

Escribe Marcelo González

Martini esperó un año para el inicio de las hostilidades abiertas. Ante los inevitables balances del primer aniversario, ya Hans Küng anticipó los lineamientos que, en su perspectiva de representante del "espíritu del Concilio", el actual Papa debería adoptar para encaminar su hasta ahora insulso gobierno. El Card. Martini eligió una estrategia más política que intelectual: descerrajó cuatro o cinco cuestionamientos a la moral católica, eligiendo temas "políticamente correctos" para ganar buenos espacios en la prensa, pasando la raya de la ortodoxia expresamente en algunos, cargando de dudas otros, lesionando la Fe en todos.

Es el reto del progresismo fundamentalista en boca de Martini: desautorícenme o callen (y por lo tanto, acepten) mis postulados. Sin duda mucho más efectivo que los devaneos megalómanos de Küng. Ahora la pelota está en la cancha del Papa. El juega. Lo que ha dicho Martini puede ser relativizado o respondido por prelados de la segunda línea. Pero en ambos casos la autoridad papal quedará fuertemente lesionada. Y el Magisterio herido de gravedad.  Es el Papa mismo quien debe responder con todo el poder de su investidura y urgido por  las responsabilidades de su cargo.

Sabemos que el estilo del Papa Ratzinger es conciliador. Apenas días antes de este desafío, en una charla improvisada, recomendaba los textos del Card. Martini como guía para una lectura más profunda de las Sagradas Escrituras. Hoy se ve en el predicamento de -al menos- desautorizarlo. ¿Lo hará? 

Como comentáramos en otras notas, el Papa está siendo disputado. Unos lo quieren empujar hacia los ideales -según ellos mismos nunca debidamente desarrollados- del verdadero espíritu conciliar. Otros esperan un nuevo Juan Pablo II, de estilo más discreto pero en la misma orientación eclesial. Finalmente los sectores tradicionales lo llaman a mostrar en los hechos que realmente entiende la crisis de la Iglesia. Que ella no soporta ya sus tensiones internas y los fieles se va hundiendo, congelados, como los naufragos de una barca arrojados al mar ártico del relativismo, la confusión y finalmente la apostasía.

Las graves declaraciones del Card. Martini son una apuesta alta. El astuto italiano está seguro de que el cauto Papa alemán elegirá una respuesta suave, con lo cual habrá esmerilado su poder y habrá avanzado varios casilleros su bandera progresista. Es indudable que estamos ante el primer gran tropiezo de la política gradualista del Pontífice. ¿Habrá previsto el Papa este escenario? Parece muy probable, dada su experiencia vaticana. ¿Se habrán vencido los plazos de alguna tregua que no conocemos? ¿Hemos de ver un Ratzinger desconocido hasta ahora que responda fuerte y claro aunque esto agite más las aguas eclesiales? ¿O lo veremos reconocer en los hechos que no está preparado para ejercer su pontificado "a la luz de la Tradición", no, al menos, sin renunciar a algunos de sus ideales de joven teólogo.

La respuesta de estos enigmas no puede demorarse mucho.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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