Panorama Católico

El caso Wielgus. El por qué de la dimisión

Era el nuevo arzobispo de Varsovia y Benedicto XVI lo había apoyado casi hasta el último. Pero después le ordenó dimitir. Han sido muchos los que han defraudado al Papa, incluso en el Vaticano

por Sandro Magister

Era el nuevo arzobispo de Varsovia y Benedicto XVI lo había apoyado casi hasta el último. Pero después le ordenó dimitir. Han sido muchos los que han defraudado al Papa, incluso en el Vaticano

por Sandro Magister

ROMA, 11 de enero del 2007 – La “rezygnacja”, la renuncia pronunciada entre lágrimas por Stanislaw Wielgus en la catedral de Varsovia de la que debía ser el nuevo arzobispo, el domingo 7 de enero, no ha puesto fin a la tempestad que sacude a la Iglesia católica en Polonia y en Roma, hasta a su pastor supremo.

El pasado 25 de mayo, primer día de su viaje a Polonia, Benedicto XVI entró en esa misma catedral.

Se arrodilló sobre la tumba del heroico cardenal Stefan Wyszynski, señalándolo como modelo para todos.

Y a los obispos, clero y fieles de Polonia les pidió entre otras cosas:

– “humilde sinceridad” en admitir los errores del pasado;

– magnanimidad en juzgar las culpas cometidas “en otros tiempos y en otras circunstancias”;

– orgullo por todo el bien realizado en aquellos años, durante la resistencia a un totalitarismo que “generaba hipocresía”.

Pero ninguna de estas tres consignas ha sido respetada en las convulsionadas semanas entre el nombramiento y la dimisión de Wielgus.

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El enemigo externo hace su parte en la actual “oleada de ataques a la Iglesia católica en Polonia”, ha denunciado el 7 de enero el portavoz vaticano, el Padre Federico Lombardi: el enemigo que actúa como “extraña alianza entre perseguidores del pasado y otros adversarios”.

Pero hay también enemistades internas en la Iglesia que causan estragos.

Están las encendidas campañas de Radio Maryja polaca – ninguna relación con la homónima emisora en Italia – que ha llegado incluso a acusar de estar coludido con el régimen comunista al ícono de su derrocamiento pacífico, Lech Walesa; y que en cambio, después, ha defendido hasta el último, de estas mismas acusaciones, al arzobispo Wielgus, gran protector de la misma Radio.

Están las guerras entre las facciones católicas, intransigentes y liberales, a golpes de cartas de la “Sluba Bezpieczenstwa”, la policía secreta del pasado régimen: kilómetros de cartas en los depósitos – ya no más secretos – del Instituto de la Memoria Nacional, tal vez “copias de hojas fotocopiadas tres veces” fáciles de agitar contra cualquier persona incluso inocente, ha tronado el arzobispo saliente de Varsovia, Józef Glemp, en la homilía de despedida suya y del fallido sucesor Wielgus, también el 7 de enero.

Están los profesionales de la acusación como el Padre Tadeusz Isakowicz-Zaleski, él mismo hace meses sospechoso de colaboracionismo, que se ha convertido en cazador infatigable de los culpables, con el beneplácito, según decía, del arzobispo de Cracovia y ex secretario de Juan Pablo II, el cardenal Stanislaw Dziwisz.

Paradójicamente, precisamente Dziwisz y su entorno están hoy al centro de la última ola de acusaciones. Uno ya saltó, el párroco de la catedral de Cracovia, Janusz Bielanski, que dimitió la noche del 8 de enero.

Otras nubes amenazan a los intelectuales de “Tygodnik Powszechny”, el histórico semanario de Cracovia en el cual escribía Karol Wojtyla. La primavera pasada una sus firmas más ilustres, el Padre Michal Czajkowski, responsable del la comisión para el diálogo entre cristianos y hebreos, fue acusado de haber sido espía nada menos que en perjuicio del sacerdote mártir Jerzy Popieluszko antes que la policía secreta lo secuestre y lo mate en el 1984.

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Pero hay más. El actual director de “Tygodnik”, el Padre Adam Boniecki, que fue amigo personal de Wojtyla y responsable de la edición polaca de “L'Osservatore Romano”, dijo:

“No sé quién, pero alguien ha desinformado al Papa Joseph Ratzinger. Es grave y alguno deberá pagar, en Polonia o en el Vaticano”.

Estas palabras, dichas en una entrevista al diario italiano “La Repubblica” el día de la dimisión de Wielgus, han sido relanzadas y puestas muy en evidencia por “Avvenire”, el diario de la Conferencia Episcopal Italiana que tiene también canal directo con el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone: señal de que en el vértice de la Iglesia la desilusión y la irritación eran fuertes, por la manera como los hechos se habían sucedido hasta llegar a su epílogo.

En efecto, el golpe de escena final, la renuncia de Wielgus apenas 40 horas después de haber tomado posesión formalmente del cargo de arzobispo de Varsovia, se explica sólo con un acto de autoridad de Benedicto XVI en persona.

Si al final, imponiendo la dimisión, el Papa se ha decidido a invertir la línea de conducta que mantenía hasta ese momento, de apoyo constante al mismo Wielgus como nuevo jefe de la diócesis más importante de Polonia, es porque lo deben haber convencido hechos verdaderamente muy graves.

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Wielgus no siempre estuvo en la baraja de candidatos a la sucesión de Glemp.

La terna que la congregación para los obispos del Vaticano, que tiene por prefecto al cardenal Giovanni Battista Re, examinó antes del verano estaba compuesta por el arzobispo de Lublin, Józef Miroslaw Zycinski, exponente de punta de los “liberales”, el arzobispo de Przemysl y presidente de la conferencia episcopal, Józef Michalik, y por el obispo de Tarnów, Wiktor Skworc.

Habían además pretendientes con sus respectivos partidos, entre los cuales estaba el obispo de Danzig, Tadeusz Goclowski, otro “liberal”, el curial Stanislaw Rylko, presidente del pontificio consejo para los laicos, y el mismo nuncio vaticano en Varsovia, Józef Kowalczyc, que tiene entre sus tareas justamente la de elaborar los dossier sobre los candidatos a obispo, y transmitirlos a Roma.

Demasiados pretendientes, ningún vencedor. La situación estancada favoreció después del verano la aparición de un candidato que constituía una alternativa más satisfactoria, Wielgus, hasta 1999 profesor y rector de la Universidad Católica de Lublin y después obispo de la pequeña diócesis de Plock, docto especialista en filosofía medieval y al mismo tiempo considerado de casa en la populista Radio Maryja.

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En 1978 Wielgus pasó varios meses en la universidad de Munich, la ciudad alemana en que Ratzinger era entonces arzobispo. Los dos se conocieron.

Si hubiese obedecido a la policía secreta que le había dado el pasaporte para Alemania, regresando a Polonia, el joven profesor debería haber entregado a la policía una ficha informativa sobre el futuro Papa.

Pero del pasado de Wielgus como colaborador de la “Sluba Bezpieczenstwa” no había nada en el perfil transmitido a Roma por el nuncio. Sin embargo en Polonia ya circulaban noticias de documentos que lo podrían haberlo condenado.

En el Vaticano se tomaron algunas semanas de tiempo. Pero no solicitaron ni obtuvieron ulteriores investigaciones que ahondaran en el asunto.

El 6 de diciembre fue el anuncio oficial del nombramiento. Un mes después el prefecto de la congregación para los obispos, el cardenal Re, habría confesado: “Cuando monseñor Wielgus fue nombrado nosotros no sabíamos nada de su colaboración con los servicios secretos”.

Podría haber dicho: “Nosotros no queríamos saber nada”. Porque recién el 2 de enero la nunciatura vaticana pidió al Instituto de la Memoria Nacional los documentos sobre Wielgus.

Pero mientras tanto, el 21 de diciembre, el Papa en persona se había expuesto de nuevo, saliendo en defensa del nuevo arzobispo de Varsovia: confirmando nuevamente su “plena confianza” en él después de haber examinado “todas las circunstancias de su vida” y también – como se supo posteriormente – después de haberlo escuchado nuevamente.

En público Wielgus seguía negando. Pero el 3 y el 4 de enero en los diarios polacos aparecieron las copias de los documentos firmados por él para la policía secreta.

Igual el 5 de enero Wielgus tomó posesión del cargo de arzobispo de Varsovia y dijo haber informado al Papa de sus errores antes de recibir el nombramiento.

El 6 de enero, fiesta de la Epifanía, hizo leer en todas las iglesias de Polonia un mensaje en el cual finalmente admite “haber hecho daño a la Iglesia” colaborando con la policía y negando después en público tal colaboración. Pero ratificaba que había confesado todo al Papa previamente.

El mensaje de la Epifanía en nada hacia prever la dimisión. Wielgus pedía a los fieles de Varsovia “acogerlo” como nuevo arzobispo: “seré entre ustedes como un hermano que desea unir y no dividir”. Agregaba solamente: “me someto a cualquier decisión del Papa”.

La orden le llegó el mismo día, antes de la noche: dimitirse.

Habían finalmente llegado al Vaticano, traducidas al alemán, las cartas de los servicios secretos. Los obispos polacos, interpelados uno por uno, se habían pronunciado por mayoría en contra.

Pero fue sobre todo el mensaje que había hecho leer esa mañana en las iglesias lo que había decepcionado al Papa.

Benedicto XVI nunca había escuchado esas cosas antes, de ese modo, por parte del hombre en quien había puesto tanta confianza, para la Polonia católica de los grandes Wyszynski e Wojtyla.
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Textos útiles

Las palabras que dijo exactamente Benedicto XVI el 25 de mayo del 2006, durante su viaje a Polonia, al clero reunido en la catedral de Varsovia, sobre la colaboración con el pasado régimen comunista:

“El Papa Juan Pablo II, con ocasión del gran jubileo, exhortó muchas veces a los cristianos a hacer penitencia por las infidelidades del pasado. Creemos que la Iglesia es santa, pero en ella hay hombres pecadores. Es preciso rechazar el deseo de identificarse solamente con quienes no tienen pecado. ¿Cómo habría podido la Iglesia excluir de sus filas a los pecadores? Precisamente por su salvación Cristo se encarnó, murió y resucitó. Por tanto, debemos aprender a vivir con sinceridad la penitencia cristiana. Practicándola, confesamos los pecados individuales en unión con los demás, ante ellos y ante Dios. Sin embargo, conviene huir de la pretensión de erigirse con arrogancia en juez de las generaciones precedentes, que vivieron en otros tiempos y en otras circunstancias. Hace falta sinceridad humilde para reconocer los pecados del pasado y, sin embargo, no aceptar fáciles acusaciones sin pruebas reales o ignorando las diferentes maneras de pensar de entonces. Además, la 'confessio peccati', para usar una expresión de san Agustín, siempre debe ir acompañada por la 'confessio laudis', por la confesión de la alabanza. Al pedir perdón por el mal cometido en el pasado, debemos recordar también el bien realizado con la ayuda de la gracia divina que, aun llevada en recipientes de barro, ha dado frutos a menudo excelentes".
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El comunicado de la oficina de prensa vaticana del 21 de diciembre del 2006:

“La Santa Sede, al decidir el nombramiento del nuevo Arzobispo Metropolitano de Varsovia, ha tomado en consideración todas las circunstancias de su vida, entre las que están las referentes a su pasado. Lo que significa que el Santo Padre tiene hacia Su Excelencia Mons. Stanislaw Wielgus plena confianza y, con plena conciencia, le ha confiado la misión de Pastor de la Arquidiócesis de Varsovia”.
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El enlace al mensaje del arzobispo Stanislaw Wielgus leído en las iglesias de Polonia el sábado 6 de enero del 2007, fiesta de la Epifanía:

> “Si me acogéis, que os lo pido con corazón arrepentido…”
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La noticia oficial de la dimisión de Wielgus como arzobispo de Varsovia, difundida la mañana del domingo 7 de enero del 2007:

“La Nunciatura Apostólica en Polonia comunica que Su Excelencia Mons. Stanislaw Wielgus, Arzobispo Metropolitano de Varsovia, en el día en que estaba previsto su ingreso en la basílica catedral para dar inicio a su ministerio pastoral en la Iglesia de Varsovia, ha presentado su dimisión del oficio canónico a Su Santidad Benedicto XVI, según la norma del canon 401 § 2 del Código de Derecho Canónico.

“El Santo Padre ha aceptado la dimisión del Arzobispo Stanislaw Wielgus y ha nombrado a Sua Eminencia el Cardenal Józef Glemp, Primado de Polonia, Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Varsovia hasta nueva indicación”.
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El comentario a la dimisión de Wielgus leído el 7 de enero del 2007 en Radio Vaticana por el Padre Federico Lombardi, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

“El comportamiento del monseñor Wielgus en los años pasados del régimen comunista en Polonia ha comprometido gravemente su autoridad, incluso ante los fieles.

“Por lo tanto, no obstante su humilde y conmovedora solicitud de perdón, la renuncia a la sede de Varsovia y su rápida aceptación por parte del Santo Padre se ha presentado como una solución adecuada para afrontar la situación de desorientación que se ha creado en esa nación.

“Es un momento de gran sufrimiento para una Iglesia a la que todos debemos muchísimo y a la que amamos, que nos ha dado pastores de la talla del cardenal Stefan Wyszynski y sobre todo del Papa Juan Pablo II. La Iglesia universal debe sentirse solidaria espiritualmente con la Iglesia que está en Polonia y acompañarla con la oración y el aliento para que pueda volver a encontrar pronto la serenidad.

“Al mismo tiempo, es conveniente observar que el caso de monseñor Wielgus no es el primero y probablemente no será el último caso de ataque a personalidades de la Iglesia en base a la documentación de los servicio secretos del pasado régimen. Se trata de material abundante y, al tratar de medir su valor y de sacar conclusiones fiables, no hay que olvidar que fue producido por funcionarios de un régimen opresivo y chantajista.

“A tantos años de distancia del final del régimen comunista, ausente la grande e inalcanzable figura del Papa Juan Pablo II, la actual oleada de ataques a la Iglesia católica en Polonia, más que una sincera búsqueda de transparencia y de verdad, parece una extraña alianza entre perseguidores del pasado y otros adversarios, y una venganza por parte de quien, en el pasado, la había perseguido y fue derrotado por la fe y por el anhelo de libertad del pueblo polaco.

“‘La verdad os hará libres’, dice Cristo. La Iglesia no tiene miedo de la verdad y para ser fieles a su Señor, sus miembros deben saber reconocer las propias culpas.

“Es nuestro deseo que la Iglesia en Polonia sepa vivir y superar con valentía y lucidez este periodo difícil, para que pueda continuar ofreciendo su precioso y extraordinario aporte de fe y de impulso evangélico a la Iglesia europea y universal”.

Fuente: Chiessa

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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