Panorama Católico

El Catolicismo Sufrió una Bofetada

La homilía del Card. Bergoglio y su manejo del tema Cromañón produce desconcierto y fastidio entre muchos clérigos y fieles. Parece ser el único tema en el que el Cardenal Primado ha decidido poner en juego su imagen, mientras cientos de reclamos sobre otras cuestiones permanecen durmiendo en los cajones primados.

Escribe Marcelo González

La homilía del Card. Bergoglio y su manejo del tema Cromañón produce desconcierto y fastidio entre muchos clérigos y fieles. Parece ser el único tema en el que el Cardenal Primado ha decidido poner en juego su imagen, mientras cientos de reclamos sobre otras cuestiones permanecen durmiendo en los cajones primados.

Escribe Marcelo González

El acompañamiento de las personas que sufren es una obra de misericordia. ¿Quién podría objetar que la Iglesia dedique un tiempo de su actividad pastoral a los familiares de las víctimas de Cromañón? Por el contrario. Sin embargo, hay algo objetable. Lo objetable es el cómo y el cuánto.

No hemos visto la figura del Cardenal Primado empleada personalmente en muchas causas. “Cultiva un perfil bajo”, parece ser la explicación que absuelve al prelado de la obligación de ponerse a la cabeza de su feligresía ante las grandes causas. “Trabaja en silencio” es otro de los dichos favoritos de su entorno.

Pero hay momentos en que los prelados deben trabajar con “perfil alto” y “sonoramente”. Así parece creerlo el propio cardenal, a juzgar por su par de apariciones anuales, minuciosamente estudiadas.

Ausencias cardenalicias

Hace apenas poco más de un año, el ahora agonizante Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires apoyaba una exposición blasfema. El clero de Buenos Aires casi no se movió en protesta. ¿Por voluntad propia? ¿O por prohibición expresa, aunque discreta?

Los laicos que se organizaron solo tuvieron respaldo eclesiástico en la Nunciatura, que se avino a recibir un petitorio y prestar oídos a los organizadores. Cuando la presión de los fieles y -presumimos- parte del clero, se hizo muy fuerte, en parte porque el propio cardenal mencionó, quizá involuntariamente, la palabra “blasfemia”, todas las maniobras de la más alta jerarquía porteña tendieron a desviar o hacer fracasar una ruidosa manifestación pública de Fe.

Cromañon, fuego del cielo

Días después del cierre voluntario anticipado de la exposición tan fuertemente sostenida por el suspendido Jefe de Gobierno porteño, llovió fuego del cielo y causó hasta ahora 194 muertos. Y desde ese momento la vida política y personal de Ibarra ha sido un pequeño infierno. Dios hace a veces justicia en la tierra.

También fue un infierno la vida de los familiares de las víctimas. Pero un infierno políticamente rentable, al que no faltaron comedidos, con el propósito de redituar. Por eso el tratamiento que la Iglesia porteña debía dar a su pastoral, sin duda alguna, tenía que ser lo menos parecido a un acto demagógico o sospechable de demagogia, de búsqueda de un rédito.

Por eso nunca debió mandar a un Mons. Lozano (hoy promovido a obispo de Galeguaychú) a bendecir el presunto ¿”santuario”? con su presencia y sus misas. Por eso no se debió embanderar la catedral con la consigna “Un año sin ellos… Que no se repita”, alusiva a las víctimas del incendio de un local nocturno (lugar no muy acorde a las costumbre cristianas). Nunca se debió actuar de modo que pudiese parecer un exhibición de poder…

Por eso no se debió reclamar vagamente a la ciudad que “llore para ser purificada por el llanto”. La ciudad, y los padres de las víctimas, que forman parte del conjunto de responsables de esta tragedia, deben llorar por sus pecados de acción y omisión. Deben ser purificados por la contrición cristiana y la confesión sacramental. No hemos oído la palabra pecado en la homilía del cardenal. Y menos la palabra confesión sacramental.

Vidas insustituibles

También se ha pedido a la Ciudad que llore por las 194 victimas que “no van a ser sustituidos por nadie”. No recordamos palabras tan elocuentes cuando innumerables veces se ha pedido al obispo de la Ciudad Autónoma que ponga la cara por los cientos y quizás miles de vidas insustituibles que causa el aborto, promovido por las autoridades nacionales y locales. Esas vidas no parecen gozar del favor de la voz Primada, ni de sus invitaciones al llanto, a pesar de ser personas no solo insustituibles sino además inocentes.

Clamor de los fieles

Tampoco vemos tanto fervor para atender los reclamos por los abusos de todo tipo que ocurren en la Diócesis, empezando por los litúrgicos y la persecución de los sacerdotes fieles.

Un párroco de destacada actuación ha debido irse de su sede por repetir lo que dice la Iglesia respecto a los prelados que la denigran con su conducta nefanda. Tenemos el testimonio de sacerdotes jóvenes perseguidos porque tienen disposición a dar la comunión de rodillas, o se atreven a decir que estarían dispuestos a usar la sotana, para su propia protección espiritual y como bandera de la Fe.

Tenemos el testimonio de los muchos reclamos que llegan a la secretaría primada y allí mueren. “Nunca le vamos a contestar por escrito”, dice una amable voz femenina. Tal vez el reclamante se sorprenda de recibir una llamada telefónica personal del propio Arzobispo. Difícilmente se sorprenderá viendo su problema efectivamente atendido.

En definitiva, Buenos Aires tiene un Obispo que está solo a veces y pone la cara para ciertas ocasiones. No es justo. Todos los fieles de la diócesis tienen derecho a ser atendidos sin que sus reclamos se vean triturados por una maquinaria burocrática kafkiana.

Pero, por sobre todo, Cristo tiene derecho a que sus obispos pongan la cara, aunque se las golpeen, cuando su honor, la verdad y el buen nombre de su Esposa Castísima quedan amenazados.

Fórmense los católicos ante la Catedral porteña cuando los pervertidos van a gritar “iglesia, basura”, pero con los prelados a la cabeza. Y fórmense detrás de sus prelados cuando llegue la hora de poner en caja a los abusadores, burócratas y apóstatas. Pero por sobre todo, fórmense los pastores, porque sin ellos la grey queda herida de muerte.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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