Panorama Católico

El Che, el asesino favorito de la izquierda

Los progres siguen rindiendo culto a la sangre, y veneran a sus máximos vertedores. Así como imitan a Herodes matando a los inocentes, queman incienso ante la imagen de quienes realizaron las mayores matanzas de la historia.

 

Escribe Pedro Fernández Barbadillo

Los progres siguen rindiendo culto a la sangre, y veneran a sus máximos vertedores. Así como imitan a Herodes matando a los inocentes, queman incienso ante la imagen de quienes realizaron las mayores matanzas de la historia.

 

Escribe Pedro Fernández Barbadillo

Casi todas las figuras que la Izquierda mundial ha venerado se ha demostrado que eran grandes asesinos: Lenin, Stalin, Mao, Ho Chi Min… Sólo la leyenda de uno de ellos sobresale en el mar de sangre: el Che.

En Bolivia, el movimiento social-indigenista ha homenajeado al Che con motivo del vigésimo noveno aniversario de su ejecución. Es asombroso, y aterrador, que Evo Morales, Álvaro García Linera y los demás gobernantes del país aplaudan a un argentino que fue a Bolivia mandado por un dictador cubano para matar bolivianos.

Lamentablemente, la izquierda suele creer que las muertes que causa son admisibles para alcanzar sus objetivos: la redención del proletariado, la justicia universal, la lucha contra el imperialismo, la supresión de la pobreza… En una espléndida biografía sobre este asesino con gabinete de comunicación que fue el Che, conté al menos veinticinco militares bolivianos muertos por él y sus compañeros terroristas durante su invasión. ¿Por qué Morales no acudió al acto montado por los veteranos de la lucha contra la guerrilla? ¿Es que estos muertos no tienen derecho a la memoria y sí su matador?

Para más inri, la hija del Che ha viajado a Bolivia para pedir justicia para su padre.

Mi padre fue asesinado (sic) aquí. Cuando un hombre cae en combate, luchando por una idea, eso uno lo acepta (…), lo que no es aceptable es que se asesine a un hombre y eso ocurrió aquí.

O sea, su papi, un niño pijo argentino de gatillo fácil (¡le encantaba matar a desertores de sus guerrillas, a adversarios militares y a homosexuales!), invade un país extranjero para matar a sus habitantes, y cuando éstos le pagan con su medicina, estamos ante un asesinato.

Cabe recordar que Ernesto Guevara fracasó en su plan de levantar en Bolivia un foco guerrillero porque ni el Partido Comunista boliviano ni los campesinos ni Castro le apoyaron. En un año su guerrilla fue incapaz de reclutar a un solo campesino.

Un pensamiento escogido del Che:

El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.

Y de este matarife ha escrito ese carcamal que es José Saramago lo siguiente, que recogí alucinado en mi Diccionario para entender a Rodríguez el progre:

Fue visto como un Cristo que hubiese descendido de la cruz para descrucificar a la humanidad, como un ser dotado de poderes absolutos que fuera capaz de extraer agua de una piedra con que se mataría toda la sed, y de transformar esa misma agua en el vino con que se bebería el esplendor de la vida. Y todo esto era cierto porque el retrato de Che Guevara fue, a los ojos de millones de personas, el retrato de la dignidad suprema del ser humano.

Y hoy Izquierda Unida metió en el Congreso de los Diputados a los abuelitos de las Brigadas Internacionales, la unidad que encuadró el genocida de Stalin, más criminal que Hitler. Y Santiago Carrillo, en El Faro del islam, reivindica a Juan Negrín. Al golpe de Estado de octubre del 34, en el que murieron 1.400 personas, lo denomina "movimiento de octubre" y afirma que, de haber triunfado la rebelión, Negrín habría sido ministro.

Esta fascinación por los asesinos que conmueve a la Izquierda sólo me la explico por la violencia de su ideología para crear el Hombre Nuevo, la versión izquierdista del Superhombre nazi.

Suelen olvidar que a veces se encuentran con alguien más fuerte y listo que ellos, como le ocurrió al Che.

Blog de Pedro Fernández Barbadillo

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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