Panorama Católico

El desafío del cardenal Martini: punto crucial del pontificado de Benedicto

El desafío del cardenal Martini es el símbolo neto de un corte cronológico profundo y decisivo en el reinado, aún breve, de Su Santidad Benedicto XVI…  habrá para el papa alemán, y acaso para el papado mismo, un antes y un después del "episodio Martini", porque por causa de la falta de una respuesta proporcionada al insolente reto lanzado por el ex arzobispo de Milán, el sector proclive a este "príncipe" de la Iglesia ha obtenido un primer triunfo avasallador y, en c

El desafío del cardenal Martini es el símbolo neto de un corte cronológico profundo y decisivo en el reinado, aún breve, de Su Santidad Benedicto XVI…  habrá para el papa alemán, y acaso para el papado mismo, un antes y un después del "episodio Martini", porque por causa de la falta de una respuesta proporcionada al insolente reto lanzado por el ex arzobispo de Milán, el sector proclive a este "príncipe" de la Iglesia ha obtenido un primer triunfo avasallador y, en cierto modo, permanente, que consiste en haber retorcido la autoridad papal hasta reducirla al grado mismo de la de aquellos que le están subordinados.

 

En otros términos: que la doctrina moral pontificia ha pasado a ser relanzada como "una opinión más" en el plexo estelar del episcopado mundial –y mundialista–… significa pues, que el Papa solamente es considerado como sucesor de Pedro y no más Vicario de Cristo, de manera que "sus opiniones" serían, hogaño, objeto de libre discusión por parte de sus antaño fervientes vasallos, los obispos. Y un mero primado de honor de Pedro vendría a reemplazar, de esta guisa clandestina creada por el fait accompli, a la todavía jurídicamente vigente Vicaría de Jesucristo que el Papado reivindicó para sí mismo durante 20 siglos, con su jurisdicción soberana, plena, perfecta e inmediata sobre toda la Iglesia y todos los fieles, y su exclusiva y excluyente potestad "cancelar" (arcaísmo por: "de las llaves") concedida por Dios mismo al padre Cefas.

Por lo que a nosotros toca, Pedro podrá macanear, llorar, equivocarse, tratar de huir y acobardarse o, incluso, exhibirse con todas las flaquezas humanas que el mal gusto y la ordinariez moderna y antigua quieran encontrarle, o la vileza más ruin quiera publicar, pero seguirá siendo el Vicario de Cristo y el chanciller mayor del Cielo. Y el infierno no prevalecerá sobre él.

Por lo tanto, Martini no ha desafiado a Ratzinger a un juego de poder político, mundano y ramplón, sino que ha puesto su manaza triplemente sacrílega –de bautizado, sacerdote y cardenal– sobre el Vicario de Cristo para apoderarse, hasta donde lo crea posible, del Divino Representado… no abrigamos dudas, bajo la especie de la certeza moral, que tal es su designio y el de quienes le apañan y tal misma la finalidad que abrigan estos desconcertantes hechos.

Pero si advertimos resoplando de indignación esta mancha lunar en la blanca túnica pontificia… si acaso también la injusta manera en que traicionan a Pedro, nos tensa el alma y ya accionamos el filo de nuestra espada cortando los imaginarios aires de una batalla que nunca llega, en nuestra intimidad de soldados bruscos y poco inteligentes, nos condolemos más aún por la pasividad de un jefe inerte ante los ataques arteros de la traición.

¡Ya no es, Pedro, la oreja del modesto Malco lo que hay que cortar, sino interponerse ante el mismísimo Rostro de Cristo para que no sea abofeado otra vez por los sacerdotes del Sanedrín, cortando con todo vigor los sarmiento secos y sin vida de la traición, que la hora exige arrojar al fuego con singular denuedo!
 

Escipión El Porteño

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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