Panorama Católico

El Episcopado Argentino da Señales de Vida

Cuantas veces la vida o la muerte de una sociedad, de una nación, de una civilización dependen del un acto de arrojo de un corazón valiente. Ya nos previene el Evangelio que “los últimos serán los primeros”. Así, un obispo que por décadas gobernó la diócesis más pobre de la Argentina, fiel a su misión apostólica, siempre digno en su porte, siempre sencillo y llano en su trato, una vez elevado al obispado castrense puso en marcha una jurisdicción moribunda. Propinó duros golpes a los enemigos de la Iglesia. Comenzó a rezar la Misa Tridentina, y esgrimió su autoridad pontifical para acusar -en serio- a los corruptores de la sociedad.

Escribe Marcelo González

De hecho, el golpe directo al Ministro de Salud del Duhaldato y del Kirchnerato no fue una bravata contra un funcionario de segundo rango. Ginés González García es un hombre encumbrado, figura clave del aparato Duhaldista y representante de los intereses ideológicos y financieros más poderosos. Son las multinacionales de la muerte, los lobbies farmacéuticos, los organismos internacionales de crédito los que exigen detrás de él la regulación poblacional del de la Argentina, así como la exigen en todo el mundo. Y Ginés ha sido su ejecutor durante casi cuatro años. Y estas exigencias no son divagaciones conspirativas, atestiguadas en protocolos secretos: son los planes a aplicar, que figuran en los documentos oficiales y dictaminan lo que deben hacer los países “descartables”.

El acierto de este Pastor ha sido la doctrina clara y la oportuna aplicación a la circunstancia, con la palabra exacta, proporcionada a la gravedad del daño que se propicia desde el poder. Esta es la figura que se recorta nítidamente: la del hombre que no se reserva para mejor batalla porque la batalla es hoy. La del hombre que quijotescamente arremete contra enemigos superiores en poder, en medios… contra la indiferencia pública, contra el aparato publicitario manejado por los lobbies ideológicos. El hombre que sabe que casi ninguno de sus hermanos en el episcopado lo apoyará… Pero confiando en Dios arremete.

Este hombre ha dado una vitalidad nueva al Episcopado Argentino. Su valentía vale mucho más que una recua de obispos acomodaticios. Su importunidad política nos devuelve el orgullo de ser católicos. Por una vez en tantos años no debemos bajar la frente sonrojados con vergüenza ajena por el papel de algunos prelados nefandos. Por primera vez nos sentimos redimidos de los silencios primados, de las tolerancias ñañosas, del doblez arzobispal mendocino, de la avaricia de Club… de los caritativos.

Un hombre solo, con un gesto valeroso, digno, viril ha hecho hablar a las piedras, devolvió la voz a los mudos, o al menos a muchos de ellos. Ha puesto a la luz del día la noble estirpe de un Mons. Stá¶eckler, ha hecho producir una magnífica declaración a los obispos de Cuyo, entre los cuales algún prelado jamás hubiese imaginado firmar un documento de tal tenor. Ha movido a los obispos del Litoral a refrendar la doctrina, ha conseguido sacudir la tibieza acomodaticia de los miembros del Establishment católico, para quienes la primera verdad de Fe es conservar el puesto bien ganado en el estamento católico donde han sentado sus reales… Que todos defienden por excelentes razones, ya lo sabemos. Lo que no sabemos es si Dios opinará lo mismo.

En fin, ha demostrado que existe vida en el Episcopado argentino. Que se puede resucitar a un moribundo con una dosis suficiente de fe y coraje, con el ejemplo de alguien que no teme jugarse por la causa única que vale la pena, la de Dios. Ha demostrado que Dios tiene sus caminos y sus razones muy distintas de las tortuosas razones de los hombres, mitrados o no.

A este hombre nuestra más sincera gratitud y admiración. A este hombre, de quien se puede decir, como Jesús de Natanael, es un verdadero católico, en quien no existe la mentira. Gracias Monseñor, no ceda. Más allá de lo que hagan de Ud., manténgase firme. Resista.  Vale más su ejemplo de hombre de Dios que cien mil declaraciones, documentos y homilías insulsas. La fuerza de la Verdad habla en sus dichos y en sus hechos. No ceda. Permanezca siempre “fuerte en la Fe”. Confírmenos en la Fe.

Documentación

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