Panorama Católico

El Esplendor de la Liturgia latina tiene su Esperanza en los Jóvenes

El esplendor de la eucaristía

Gabriel Rodríguez Escandón
gabriel.rodriguez@estoesconmigo.org

El esplendor de la eucaristía

Gabriel Rodríguez Escandón
gabriel.rodriguez@estoesconmigo.org

Centenares de jóvenes de distintas nacionalidades reunidos en Dusseldorf para organizar misas en latín sorprendieron a los periodistas que cubrieron la Jornada Mundial de la Juventud en el 2005, quienes no esperaban encontrar tal devoción por ritos antiguos entre muchachos que nacieron décadas después del Concilio Vaticano II.

Andrea, una de esas jóvenes, manifestaba su atracción por la riqueza de los ritos, los ornamentos, la música y la reverencia con que se celebraba la misa tridentina. Para los muchachos que estaban ahí, el incienso, el latín y los cantos gregorianos resaltaban la intensidad del misterio que estaban viviendo.

Cada misa es un misterio sobrenatural que para la mente humana es imposible de comprender. Su esencia pertenece al reino de lo espiritual, al cual el hombre solo tiene acceso a través de la revelación divina y la fe. Pensar que Dios se materializa en un pedazo de oblea es un absurdo monumental, ante el que cualquier mente racional naturalmente se rebela. Únicamente quienes tenemos fe podemos aceptar semejante idea.

No es difícil entender entonces por qué los sospechosos de siempre salieron lanza en ristre contra la exhortación apostólica Sacramentum Caritatis, en la que el Papa retoma las recomendaciones hechas por 256 obispos para que los católicos recuperen el sentido de la eucaristía.

A los críticos les aterra que vuelva el hechizo del latín, aunque solo sea para ciertas celebraciones (cuando los participantes son de varias nacionalidades) y ciertas partes de la misa (están excluidas las lecturas, la homilía y la oración de los fieles); o que resurja la solemnidad de los cantos gregorianos, pues solo ven en estos vestigios del pasado y artimañas para deslumbrar al pueblo inculto.

En cambio, quienes nos lamentamos por la superficialidad con que se recitan muchas oraciones en la misa, agradecemos el encanto de la música gregoriana, que ayuda a disponer nuestra actitud interior en concordancia con el misterio que se celebra. De igual forma, el latín rompe la monotonía con que se pronuncian algunas fórmulas sacramentales y nos sintoniza con la belleza y profundidad del misterio que renueva el sacrificio de la cruz.

Sería mucho pedir que quienes acaso van a misa cuando hay funerales o matrimonios, o católicos que perdieron el fervor hace rato y pasan la liturgia pensando en los huevos del gallo, entendieran la necesidad de devolverle la solemnidad a la celebración, cuando, en primer lugar, ni siquiera encuentran razones para ir.

En cuanto a quienes esperan que la Iglesia acepte el aborto, la homosexualidad, la anticoncepción y el divorcio, nada tiene que ver el que estas personas hayan perdido su fe. El problema aquí es que, seguramente mucho antes, ya habían perdido el sentido común.

Alguien decía que ni la mejor de las madres ha dado de comer a sus hijos con su propia carne, y eso es, precisamente, lo que hace Cristo en cada eucaristía. Una vez el misterio es aceptado, la cuestión para el hombre es cómo responder con dignidad semejante muestra de amor. Las formas y los ritos solo intentan manifestar sentimientos de admiración y alegría que surgen naturalmente ante el milagro que se contempla. Quien solo ve formas vacías y rituales anacrónicos es quien no comprende, o tal vez olvidó, lo que está pasando ante sus ojos.

Fuente: El Tiempo, de Colombia

Comentario Druídico: No nos sorprende: por algo hay tanta oposición. Nadie le teme a un muerto. La liturgia tridentina está viva y vigorosa, y por eso es que los "conservadores conciliares" le tienen tanto miedo. ¡Motu Proprio subito!

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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