Panorama Católico

El Falso Dilema Magisterio Conciliar vs. Indefectibilidad de la Iglesia

Pero como señalamos más arriba, para que el magisterio ordinario alcance la nota de infalibilidad, también debe cumplir de manera equivalente con las cuatro condiciones vaticanas: la sentencia debe ser propuesta por la universalidad de  los obispos en comunión con el Papa de manera definitiva y por el peso de la autoridad que tienen de Cristo. Si los obispos, en cambio, toman una actitud liberal creyendo que los movimientos religiosos de sus fieles gozan de una asistencia infalible del Espíritu Santo y no asumen la responsabilidad aún de oponerse a todos si los ven emprender una vía errada, no harán uso de su propia autoridad, única asistida por la infalibilidad. Ya no siguen las ovejas al pastor, sino el pastor a las ovejas, por lo que no hay que extrañarse que tomen mil caminos equivocados.

Si el movimiento carismático o el camino neocatecumenal tienen éxito congregando mucha gente, los obispos se creen hoy obligados por el “espíritu” a confirmarlos. Ante una supuesta aparición de la Virgen no se sienten con derecho a juzgarla según los antiguos criterios doctrinales, sino que deben estar atentos al sentir del pueblo fiel para confirmarlo y unificarlo.  Pues bien, si la universalidad de los obispos en montón con el Papa aceptan de esta insensata manera, por ejemplo, los principios del movimiento carismático, nada tiene esto que ver con la infalibilidad, porque no están poniendo en juego la autoridad que tienen de Cristo.

El Espíritu Santo nos asegura que los obispos no pueden errar cuando imponen su autoridad, pero nada nos asegura cuando la deponen. Quedan siempre en pie las promesas de la indefectibilidad de la Iglesia –las puertas del infierno no prevalecerán–, pero muy empequeñecido quedará el rebaño de Cristo si los pastores siguen adorando al sentir de su grey, cada vez más inspirado por el espíritu nada santo del actual aparato publicitario.

El magisterio conciliar no ha recurrido nunca al ejercicio de la infalibilidad por modo extraordinario, ni puede alcanzar nunca la infalibilidad del magisterio ordinario universal mientras se crea obligado a ejercer su oficio de modo subordinado a una inexistente infalibilidad del sentido de la fe del común de los creyentes.

Fuente: La Lámpara Bajo el Celemín, de Alvaro Calderón, págs. 50-1.

Pero como señalamos más arriba, para que el magisterio ordinario alcance la nota de infalibilidad, también debe cumplir de manera equivalente con las cuatro condiciones vaticanas: la sentencia debe ser propuesta por la universalidad de  los obispos en comunión con el Papa de manera definitiva y por el peso de la autoridad que tienen de Cristo. Si los obispos, en cambio, toman una actitud liberal creyendo que los movimientos religiosos de sus fieles gozan de una asistencia infalible del Espíritu Santo y no asumen la responsabilidad aún de oponerse a todos si los ven emprender una vía errada, no harán uso de su propia autoridad, única asistida por la infalibilidad. Ya no siguen las ovejas al pastor, sino el pastor a las ovejas, por lo que no hay que extrañarse que tomen mil caminos equivocados.

Si el movimiento carismático o el camino neocatecumenal tienen éxito congregando mucha gente, los obispos se creen hoy obligados por el “espíritu” a confirmarlos. Ante una supuesta aparición de la Virgen no se sienten con derecho a juzgarla según los antiguos criterios doctrinales, sino que deben estar atentos al sentir del pueblo fiel para confirmarlo y unificarlo.  Pues bien, si la universalidad de los obispos en montón con el Papa aceptan de esta insensata manera, por ejemplo, los principios del movimiento carismático, nada tiene esto que ver con la infalibilidad, porque no están poniendo en juego la autoridad que tienen de Cristo.

El Espíritu Santo nos asegura que los obispos no pueden errar cuando imponen su autoridad, pero nada nos asegura cuando la deponen. Quedan siempre en pie las promesas de la indefectibilidad de la Iglesia –las puertas del infierno no prevalecerán–, pero muy empequeñecido quedará el rebaño de Cristo si los pastores siguen adorando al sentir de su grey, cada vez más inspirado por el espíritu nada santo del actual aparato publicitario.

El magisterio conciliar no ha recurrido nunca al ejercicio de la infalibilidad por modo extraordinario, ni puede alcanzar nunca la infalibilidad del magisterio ordinario universal mientras se crea obligado a ejercer su oficio de modo subordinado a una inexistente infalibilidad del sentido de la fe del común de los creyentes.

Fuente: La Lámpara Bajo el Celemín, de Alvaro Calderón, págs. 50-1.

 

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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