Michael Davies, anticipó el proyecto de Benedicto XVI
Panorama Católico

¿El indulto universal vs. la póliza de seguros universal?

Michael Davies, anticipó el proyecto de Benedicto XVIEl editor del la prestigiosa revista tradicionalista estadounidense The Remnant, con más de dos décadas de existencia, resume en este interesantísimo artículo el sentimiento que va ganando terreno dentro del catolicismo tradicional de cara a una inminente restauración universal de la Misa Tridentina.

Michael Davies, anticipó el proyecto de Benedicto XVIEl editor del la prestigiosa revista tradicionalista estadounidense The Remnant, con más de dos décadas de existencia, resume en este interesantísimo artículo el sentimiento que va ganando terreno dentro del catolicismo tradicional de cara a una inminente restauración universal de la Misa Tridentina.

Por Michael Matt,
Editor de The Remnant

¿Qué es lo que va a hacer… y por qué?

Es noviembre otra vez, y los vaticanistas están a la expectativa de otra sorpresa de noviembre: el Papa Benedicto XV -se dice- dará a conocer un motu proprio que restaurará más plenamente la Misa tradicional en el mundo. Es demasiado temprano para decirlo, por supuesto, pero quizás las predicciones del fallecido Michael Davies no estuviesen tan alejadas de la realidad. ¿Está el "Cardenal Ratzinger" preparando esa decisión trascendente en favor de la Tradición que Michael Davies insistía pronto iba a conocerse? Evidentemente, todos lo sabremos muy pronto.

Pero más allá de lo que pase en las próximas semanas, el indulto propuesto por el Papa ya ha dado lugar a enormes ansiedades entre los episcopados liberales. Los obispos franceses, por ejemplo, no están felices. Un buen número de ellos han protestado con vehemencia contra la decisión y se espera más desacuerdo en lo sucesivo. "Esto podría crear graves dificultades, especialmente a aquellos que han permanecido leales al Vaticano II. Estamos corriendo el riesgo de crear un sentimiento de tristeza, desánimo y desilusión para con la Santa Sede. La liturgia es solo la punta de iceberg", ha dicho Robert Le Gall, de Toulouse quejosamente al diario católico La Croix.

Un despacho de Reuters del 31 de octubre firmado por Tom Heneghan sugiere que el bramido francés está teniendo un triple efecto: "Los líderes eclesiásticos en Bélgica y en Alemania han empezado a gruñir también, diciendo que la cantidad de gente que solicita el viejo rito Tridentino en Latín es irrelevante y advirtiendo que los tradicionalistas podrían usarlo como un ariete para empujar otros temas de contrabando, temas que producen divisiones en la Iglesia más grande del mundo". El informe de Reuters pinta un panorama muy desolador.

El Arzobispo de Paris, Andre Vingt-Trois presentó -sin mayores rodeos el tema de los problemas que los tradicionalistas traerían- en una conferencia en París, a la que asistiría el Card. Arinze, prefecto vaticano a cargo de la liturgia, lo que es como decir, la misa. "Bajo la fachada de una campaña para defender cierto tipo de liturgia, hay una crítica radical al Concilio Vaticano, inclusive un rechazo de plano a algunas de sus declaraciones", dijo. "El rechazo de las nuevas liturgias fue seguido por insultos públicos contra los papas y coronados por actos de violencia tales como la toma por la fuerza de una parroquia de París y el intento, impedido, de hacer otro tanto por parte de la misma gente". La advertencia de Vingt-Trois vino después de que se había producido un creciente coro de críticas de otros clérigos de Francia…

No sorprende, pues, que la iniciativa papal esté conduciendo a nuestro viejo amigo de Bruselas, el Card. Godfried Danneels a la apoplejía. Este izquierdista radical, que en su fanatismo liberal favorece inclusive el nombramiento de mujeres en la Curia Romana, le ha dicho a Reuters que "el Rito Tridentino latino es solo la locomotora, la carga está en los vagones arrastrados por ella. Detrás de la locomotora están los vagones que yo no quiero".

Si juzgáramos lo méritos del indulto propuesto por el Papa Benedicto según la catadura de los que se le oponen, los tradicionalistas bien podrían estar gratamente sorprendidos. Sin embargo, la estridente reacción contiene un cierto tono de presagio que recuerda las proféticas palabras de la pequeña Jacinta de Fátima: "El Santo Padre tendrá que sufrir mucho". Si lo hace y cuando el Papa ponga en efecto medidas concretas en favor de los tradicionalistas, será crucificado.

La Conexión con la FSSPX

Nuestros nerviosos obispos parecen particularmente preocupados por el hecho de que un indulto universal amplíe mucho el campo de acción a la Fraternidad San Pío X. Sin perder oportunidad de excitar su núcleo paranoico en lo concerniente al desarrollo del movimiento tradicionalista, el insufrible Card. Danneels ha urgido al Vaticano a ser duro con la FSSPX. "Nunca he oído que sus jefes hayan dicho, ni siquiera una vez, que aceptan el Vaticano II", ha dicho al diario De Standaard de Bruselas. "Creo que el Vaticano debería exigir esto".

Pero, ¿y si hay algo más en el indulto que la conexión FSSPX? Para ampliar esta línea argumental, supongamos que el Papa está personalmente convencido –como sostenía Michael Davies– de los méritos de una iniciativa universal de restauración de la antigua Misa. Esto, ciertamente no excede el límite de lo posible, ni supone que el papa le de la espalda al Vaticano II. En numerosas ocasiones el Santo Padre ha expresado su preocupación sobre el estado de colapso de la liturgia "reformada". Ciertamente no ha pasado por alto el hecho de que, mientras los seminarios de la FSSPX tienen abundancia de vocaciones, las del Novus Ordo casi se han desvanecido; a la vez que la asistencia a Misa continúa en caída libre. No se requiere ser un tradicionalista de la más rancia estirpe para ver que el Novus Ordo navega a buen viento hacia su extinción. Por lo que se sabe, pues, este pontífice de 79 años, a pesar de su progresismo, puede estar convencido de que, con o sin la FSSPX, el indulto universal es necesario para impedir el colapso completo de la estructura de la Iglesia diocesana oficial.

Después de todo, inclusive prelados de alto rango están admitiendo que la Iglesia del Vaticano II está en crisis. El obispo Fabián Bruskewitz, en una alocución a los Ciudadanos Católicos de Illinois (19 octubre del 2006), hizo la siguiente y sobresaltadora admisión de hechos:

Dicho esto, deberíamos, sin embargo darnos cuenta de que la Iglesia Católica en los Estados Unidos, y en una gran extensión del mundo occidental, está enfrentando una formidable serie de crisis… A menos que haya una fuerte advertencia de esto por parte de los católicos practicantes, de que hay un crisis, y de que esta crisis merece nuestra determinación absoluta de enfrentarla y superarla, no llegaremos demasiado lejos, excepto en un descenso mayor en la desolación de este triste invierno.

¿Un "triste invierno"? Hurras por su Excelencia, por haber tenido el coraje de decir lo obvio. Pero ¿cómo se conjuga esto con la "primavera del Vaticano II"? El obispo continúa así:

Entre las nociones erradas y las distorsiones históricas que derivaron del Concilio está la de caos litúrgico. Teníamos además, una idea completamente errónea de las relaciones con los no católicos, tanto en lo individual como en lo grupal. El decreto sobre el ecumenismo y la declaración sobre las religiones no cristianas, Unitatis Redintegratio y Nostra Aetate se convirtieron en plataformas de lanzamiento de lo que vino luego, de acuerdo con nuestro actual Santo Padre, la dictadura del relativismo…

¿"Caos litúrgico"? ¿La "dictadura del relativismo?" ¿Hemos de conjeturar, pues, que el Papa Juan Pablo el Grande gobernó sobre todo este caos abyecto por casi tres décadas y no dijo ni una palabra al respecto?

El Arzobispo Ranjith

En una entrevista del 13 de julio a I Media, agencia informativa francesa, el Arzobispo Albert Malcolm Ranjith Patabendige Don, recientemente designado Secretario de la Congregación para el Culto Divino, hizo una observación que dio vuelta patas arriba la Nueva Iglesia. Comentando las numerosas quejas de los fieles de todo el mundo sobre los abusos litúrgicos de la Nueva Misa, dijo: "Es nuestro deber mantener la vigilancia… Porque, al final, la gente terminará asistiendo a la Misa Tridentina y nuestras iglesias se vaciarán".

Los vientos de cambio realmente parecen sacudir con fuerza, pero ¿por qué ahora? Y ¿podría este indulto universal ser una argucia para acorralar la contrarrevolución católica por medio de una cooptación de su mayor fraternidad sacerdotal tradicionalista? Después de décadas de sufrir traiciones, es una cuestión nada menuda para plantearse.

Mons. Fellay, Superior General de la FSSPX, sin embargo, da pocas señales de estar "cayendo en una trampa"… si, de hecho, una trampa es lo que tenemos aquí. El 14 de octubre de 2006, en entrevista a DICI.org, el obispo Fellay afirmó lo siguiente:

Durante el Capítulo [General de la FSSXP], hemos examinado algunas situaciones hipotéticas: supongamos que hacemos un acuerdo [con Roma] hoy, ¿qué pasaría mañana? Somos perfectamente reconocidos como miembros de la Iglesia oficial, así pues, los párrocos nos invitan a darles una mano. "Miren, nos dicen, tenemos un montón de fieles… nos podrían venir a ayudar a distribuir la Sagrada Comunión?" ¡Ahí ya tenemos el primer problema! "No, yo no doy esta comunión. Se que la Misa Nueva es mala. No puedo tomar parte en ella. No voy a tomar parte en ella ni voy a dar la comunión". La cosas comienzan muy mal. Y puede considerar las cosas desde el punto de vista que quiera, las relaciones con los que nos rodeen pronto serán una mar de conflictos y dificultades. Nos veríamos obligados a permanecer entrampados en nuestras parroquias para no tener problemas, y eso ya de por sí es un problema. En la tarde misma del día del acuerdo, estaríamos ya en tal estado de desacuerdo que nos volverían a excomulgar, y retornaríamos a la casilla uno…

¿Son estas las palabras de alguien que está a punto de "venderse"? No lo parecen, y es improbable que el Vaticano las considere como tales. ¿Qué, entonces, hemos de hacer frente a la presunta iniciativa papal de librar un indulto universal en cualquier caso, más allá de las masivas protestas de los obispos?

El Dr. David Allen White, un buen defensor de la tradición, es enemigo de una acuerdo prematuro de la FSSPX con el Vaticano, tal cual el Vaticano está hoy. Por eso en una entrevista concedida a PRWEB

el Dr. Allen notó que mientras el indulto universal no sería "un remedio completo para los 40 años de crisis", sin embargo sería un paso en la dirección correcta: "Nunca es malo tener más misas latina tradicionales. Si este paso de Roma produce que más sacerdotes sean capaces de rezar la Misa Tradicional, eso es algo bueno".

Sospecho que la mayoría de los católicos tradicionales coincidirían con él, siempre y cuando tuvieran una suerte de seguro de que el fin último del indulto no sea el socavar la contrarrevolución católica.

Hay, además, otras preocupaciones: la interna del movimiento católico tradicional – incluyendo la FSSPX, la San Pedro, las capillas independientes, el Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote, sacerdotes de orientación tradicional amparados por el indulto vigente, etc.– todos han podido, en diversos grados, arreglárselas para preservar la Misa tradicional durante cuarenta años de "abrumación y terror". (*) ¿Queremos realmente que este tesoro tan celosamente preservado termine convirtiéndose en el juguete del P. Elton John? ¿Estamos dispuestos a asistir a un encuentro entre Palestrina y Joan Baez?

Por otra parte ¿serían el P. Elton John y su alegre feligresía palmeadora tan receptivos con la vieja Misa como lo son los obispos franceses? La Misa Tridentina es a los liberales lo que el agua bendita a los vampiros. En este caso, ¿no tendría acaso el indulto universal mucho más éxito proveyendo santuarios a los sacerdotes prisioneros en el Gulag del Novus Ordo, que se las han ingeniado para guardar la fe, al precio de vivir en agonía espiritual, enfermos ya de la Nueva Misa protestantizante? Parecería que sí.

En Alemania hace apena un mes, la FSSPX envió a 6500 párrocos de Misa Nueva de las Diócesis de Munster, Trier, Berlín, Munich, Paderborn y Colonia una invitación para comprar copias de un DVD instructivo sobre como rezar la Misa Tridentina. Según lo reportado por RU ANEC news, ¡1.000 sacerdotes alemanes y 100 seminaristas ya lo han comprado! En noviembre, se envió la misma carta a otros 4500 sacerdotes, y se planea un envío de otros 5.100 a principios de 2007.

El Cardenal Daneells puede tener una buena razón para estar preocupado. ¡Ojalá!

El Indulto

Respecto al fenómeno del indulto en su totalidad histórica, ¿no deberíamos evaluar sus méritos (o deméritos) no tanto sobre la base de discernir el "por qué se otorga", sino observando "en qué dirección ha movido el indulto a los fieles hasta ahora"? Quizás debamos preguntarnos si los "indultados" tienden a centrifugarse de la FSSPX hacia la corriente general (que era el propósito explícito del motu proprio Ecclesia Dei), o tiende a moverse al revés.

En la amplia mayoría de los casos, lo segundo parece ser lo que ha predominado. El fenómeno del indulto ha estado por mucho tiempo succionando católicos fuera de las marismas del Novus Ordo hacia aguas más límpidas. En el centro de misas indultadas de St. Paul, por ejemplo, hay quizás dos familias que han abandonado la FSSPX por el indulto. El resto son expatriados del Novus Ordo.

Concordantemente, un alto porcentaje de fieles de la FSSPX entraron por la puerta del indulto. Muchos jamás habrían puesto un pie en una capilla "cismática" si antes no hubiesen atado los cabos sueltos y completado "el resto de la historia" asistiendo a la Misa indultada.

¿Ven lo que está pasando? La "trampa" ha fallado en su propósito de enredar a su presunta presa. Las familias se están moviendo en grandes grupos hacia la Tradición, no alejándose de ella. Por lo tanto, si el Papa Benedicto, que sin duda tiene bien en claro esta tendencia, quiere expandir su número introduciendo un indulto más amplio aún, ¿cuáles pueden ser exactamente los fundamentos de nuestra objeción cuando la evidencia estadística señala que las misas indultadas han facilitado inadvertidamente defecciones en gran escala entre los asistentes al Novus Ordo? Incluso concediendo la más maquivélica de las intenciones de parte de los indultadores de 1984 y 1988, Dios parece haber eludido sus propósitos.

El indulto tiene sus contras, por cierto. The Remnant ha sido, de hecho, la publicación que lideró la lucha contra la "mentalidad indultista" en las últimas dos décadas; una mentalidad que disolvería la resistencia pública tradicionalista frente a la revolución conciliar por la dádiva de obtener los permisos para la Misa "de nuestra preferencia". Mirabile dictu, la multitud que practica el lema "sonría y obedezca a su obispo apóstata" parece en estado de dispersión, mientras que los laicos militantes tradicionales –tanto en centros de Misa aprobados como en los no aprobados– están perforando con sus taladros pneumáticos las bases de la gran fachada del neocatolicismo.

El rechazo total de la "nueva orientación eclesial" del Vaticano II ha sido motorizado por la contrarrevoluclión católica tradicional desde 1969. No fueron las "preferencia litúrgicas del Arzobispo Lefebvre" las que impulsaron el motu proprio Ecclesia Dei y abatieron las iras de los modernistas sobre su cabeza. Fue su tonante NO a la Nueva Misa y al "espíritu" destructivo del Vaticano II.

¿Y los resultados? El barco de la Nueva Misa se hunde y cientos de miles de sus viejos pasajeros se apretujan en algunos de los muchos botes salvavidas que flotan a su alrededor. En este punto extremo, ¿qué importancia tiene si los botes salvavidas han sido o no aprobados por la Guardia Costera? Las víctimas del naufragio litúrgico están siendo arrojadas por la borda, y la propuesta de Bendicto de una indulto universal es una promesa de enviar más botes salvavidas. (**)

La política del reaseguro

Algunos años atrás estaba yo en la oficina del rector de St. Mary's (***) en Kansas, R.P. Ramón Angles, FSSPX. Discutíamos sobre las internas dentro del tradicionalismo católico y yo estaba tratando de explicar mi punto, a saber: en tanto la resistencia contra el Vaticano II y la Nueva Misa se mantuviese, los católicos tradicionales dentro de la FSSPX y fuera de ella tendrían mucho en común. "Y si y cuando el Indulto llegue arrollando, todos sabrán que la FSSPX está allí, lista, patrullando las aguas y recogiendo supervivientes".

El padre me guiñó un ojo mientras decía: "Es bueno saber que a la vuelta de casa siempre está el agente de seguros".

Por cierto. ¿Qué sería del movimiento indultista sin los cientos de sacerdotes y el millón de fieles de la FSSPX pujando para que la "generosidad" de los obispos modernistas se vuelva respetuosa de sus "legítimas aspiraciones". Muchos de los obispos progresistas estaban tan ciegos en sus sentimientos de rechazo absoluto de la FSSPX que a regañadientes dieron los permisos para que cientos de misas indultadas florecieron, produciendo el crecimiento de la feligresía tradicional al triple, mientras que, la FSSPX quedó catapultada como una fuerza de tareas a escala mundial. ¡Puso a su Superior General en capacidad de discutir el caso tradicionalista ante el Santo Padre, él mismo… en persona!

¡Miren alrededor! El Novus Ordo se muere mientras el Tradicionalismo prospera. ¿Para qué cambiar la estrategia ahora? Trabajando cada uno desde su lugar, desde adentro (el indulto y las instituciones aprobadas) y desde afuera (la FSSPX), los católicos tradicionales están logrando lo imposible, a pesar de la miríada de diferencias de opinión que cada uno tenga con los otros: están inyectando Tradición católica en el torrente sanguíneo de la Iglesia, después de 40 años de devastación jerárquica contra la Tradición.

Aquellos de nosotros que recordamos lo que significaba ser "tradicionalista" en los años '70 pueden bien revivir el sentimiento de vacío absoluto que nos rodeaba y llevábamos como pesadísima carga. Nuestra causa era ridiculizada y despreciada; nadie con autoridad parecía prestar la menor atención: éramos unos seres tortuosos, renegados y cismáticos. ¿Se acuerdan?

Hoy el dossier del tradicionalismo está en el tope de las carpetas vaticanas y de la Iglesia en todo el mundo; nuestros argumentos y objeciones con frecuencia son citados en las tapas de los diarios, desde Nueva York a París. Los neocatólicos van cayendo unos tras otros, en el intento desesperado de aparecer más tradicionales, algunos incluyo autoaplicándose el término. "Siempre estuvimos aquí", nos gorjean. Así sea. ¡Qué más da! Esto no es una vindicta personal. Lo importante es que la Misa de la Tradición ha sobrevivido, incluso si (o quizás porque) la situación general de la Iglesia ha sobrepasado nuestras más espantosas pesadillas.

En la medida que el mundo desciende más profundo en la oscuridad y la apostasía, millones están guardando la Fe en varios enclaves de catolicismo tradicional, que la historia reconocerá por haber servido bien a la Iglesia, más allá de que nunca hayan logrado un consenso común en su estrategia.

Algunos embisten insistentemente la gran fachada del neocatolicismo desde afuera, mientras que otros perseveran en desgastarla silenciosamente desde adentro. Después de 40 años de esto, la gran fachada está empezando a resquebrarse y, se ha vuelto obvio que la contrarrevolución tradicionalista es mucho mayor que cualquier grupo tradicionalista individualmente considerado.

No estoy sugiriendo que la oscura noche haya terminado o que el estado de emergencia haya cesado. ¡Lejos de eso! Si juzgamos según la beligerancia de la reacción eclesiástica contra el indulto universal del Papa, estamos a las puertas de una verdadera guerra por el alma de la Iglesia, más cerca de lo que pensamos. Pero algunas cosas han mejorado. Una de las causas del desánimo paralizador de las catacumbas que sufrimos durante años, por ejemplo, era el bullicio, el jolgorio que reverberaba sobre nuestras cabezas, allá arriba en las calles. Mientras parecía que estábamos perdiendo todo -Misa, Sacramentos, nuestros hijos- nuestros pastores y nuestros correligionarios se solazaban bajo la "nueva primavera" y se holgaban en un mundo deseoso de sacar provecho del "nuevo y mejorado catolicismo" del Vaticano II.

El partido, gracias a Dios, se acabó y los católicos, desde el más humilde peón hasta la altura del trono pontificio están empezando a darse cuenta de que hay que hacer algo. En pocos días, el Santo Padre mismo, se espera, extenderá su mano sobre la Iglesia Universal, y solemnemente proclamará que, al menos litúrgicamente, la resistencia tradicionalista estaba plenamente justificada. La vieja Misa restaurada.

¡Imagínense!

Mas, aún si esto sucede, ¿puede haber alguna duda de que, después de tanta traición y revolución, el bote salvavidas de la FSSPX deba permanecer anclado precisamente donde siempre ha estado, a salvo del vórtice que produce el hundimiento del Novus Ordo. La "política del reaseguro" no puede cancelarse hasta que haya un reconocimiento por parte de Roma de la plena extensión de la crisis bajo la forma de un revocamiento total del desastroso -desastroso litúrgica, teológica y filosóficamente– Novus Ordo.

Entretanto, paguen los premios. Aguanten a Mons. Fellay sosteniendo la controversia pública y afirmando lo que se necesita para la restauración de toda la Iglesia. Aguanten ahora, especialmente ahora cuando ya es obvio para todos, incluso para cardinales de alto rango en el Vaticano, que la FSSPX no está en cisma. (Dejemos esto atrás, ¿les parece? Nuestra lucha no es con los hermanos tradicionalistas. Es con el Maligno y sus secuaces, incluyendo un número de intrusos apóstatas que han tomado posesión de altos solios en el corazón y el seno de la Santa Madre Iglesia).

Ni las prudentes serpientes ni las cándidas palomas dejarán de advertir la absoluta necesidad de mantener las piezas del ajedrez tradicionalista en juego, justo como han estado hasta ahora -algunas dentro de la fachada, otras fuera–. Esta estrategia, junto con la devoción a Nuestra Señora y la determinación perruna de mantener la antigua Fe y rechazar el régimen de novedades, ha sido nuestra salvación. Los botes salvavidas, aprobados o no, lanzados a las aguas tormentosas, han rescatado a millones. A pesar de los mejores esfuerzos que cada uno hizo para perforar el casco de los otros. El Espíritu Santo debe haber estado atentamente trabajando a nuestro lado, incluso cuando nos imaginábamos estar haciendo las cosas nosotros.

Y ahora, porque el Papa Benedicto -el gran devoto del Papa Juan Pablo II y campeón del Vaticano II- repentinamente decide desafiar a los obispos progresistas y promover la restauración universal de la Misa Tridentina, ¿hemos de considerarlo algo tan por encima de nuestras esperanzas, que nos obnubile la simple realidad: el Paráclito está haciendo su trabajo allí también, en la Ciudad Eterna?

Si el Papa continúa el curso actual, deberíamos ser cautelosamente optimistas. No nos engañamos a nosotros mismos, el Santo Padre no es tradicionalista. Pero el siseo modernista y sus dentelladas ante la propuesta de un indulto universal indican que, felizmente, tampoco es uno de ellos. ¿Tratarán de clavar a Pedro cabeza abajo en una cruz por atreverse a restaurar la vieja Misa? Quizás sepamos más pronto de lo que suponíamos lo que la pequeña Jacinta vio en su visión, que la movió a gritar en medio de lágrimas: "el Santo Padre tedrá mucho que sufrir". Cualesquiera sean nuestros desacuerdos con el Santo Padre, haríamos muy bien en rezar por él con renovado fervor, especialmente ahora que todo el infierno parece estar abatiéndose contra él.

Notas: Agradecemos al Sr. Michael Matt la amable autorización para reproducir su artículo. Hemos creído necesario anotar algunas frases recordando en beneficio de los lectores algunos datos que el autor da por conocidos.

(*) El autor utiliza la expresión “shock and awe”, que sintetiza la doctrina militar que utilizaron los EE.UU. a partir de la Guerra del Golfo: abrumadora superioridad de fuerzas, dominio absoluto del campo de batalla, maniobras superiores, impresionante despliegue de poder para paralizar al enemigo por el terror. Una buena analogía de los métodos utilizados para imponer la "reforma litúrgica" posconciliar. (N. del E.)

(**) El autor refiere una realidad mucho más evidente en los EE.UU. y en Europa que en los países hispanoamericanos o en España misma. En Francia, Inglaterra, Alemania, etc, en Norteamérica, Australia y particularmente en Asia y el este Europeo, el éxito de la Misa Tridentina es creciente y llamativo.

(***) St.Mary's es una enorme escuela tradicionalista en los EE.UU. próxima a una pequeña ciudad, a la que se han mudado cientos de familias, constituyendo prácticamente una "ciudad tradicionalista". (N. del E.)

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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