Panorama Católico

El insólito diálogo entre Ortega y Bergoglio

“Esos cambios hubiéramos querido hacerlos con nuestra gente que estudió Doctrina Social de la Iglesia en nuestra universidades, pero no fue así, fueron hechos por Hugo Chávez, Evo Morales, los Kirchner, Lula da Silva, Rafael Correa, Daniel Ortega, todos con una inspiración que viene desde atrás, de la Revolución Cubana de Fidel Castro”.

Sobre el otro episodio había rumores pero sin confirmación, algo así como los astrónomos deducen la existencia de un cuerpo celeste que no alcanzan a ver, por el equilibrio de distintas atracciones. «El día que el Papa Francisco fue elegido, yo viajaba en el mismo microbús que él viniendo de la Capilla Sixtina para la casa de Santa Marta. Llovía, hacía frío, veníamos sentados uno al lado del otro y le dije: 

-“Jorge yo quisiera hablar contigo un poco”; y me preguntó:

-“¿Cuándo?”.

Le dije: “Ahora mismo, nos quedan cuarenta minutos antes del almuerzo”. Me preguntó si mi habitación era grande, le respondí que sí, era la que me había tocado en la rifa, a él le había tocado una chiquita y en el quinto piso. Me indicó:

“Yo bajo a tu habitación”.

-“Yo quiero hablar contigo sobre América Latina –precisé–, porque tú vas a ser Papa hoy en la tarde”.

-“Bueno, si no se vira la tortilla”, acotó». El diálogo entre los dos cardenales continuó sobre América Latina, cuenta Ortega en la entrevista, quien a raíz de ello recuerda la época en que fue vicepresidente del CELAM y redactaba documentos sobre las desigualdades y sobre la dependencia del continente de Estados Unidos. Hasta llegar a nuestros días. Todavía la diferencia entre ricos y pobres sigue siendo grande, pero no existe esa dependencia de Estados Unidos, a nadie se le ocurriría hoy hablar de eso en un documento.

-“Toda la América Latina está unida, Cuba es la que preside la CELAC”, le dije. “Esos cambios hubiéramos querido hacerlos con nuestra gente que estudió Doctrina Social de la Iglesia en nuestra universidades, pero no fue así, fueron hechos por Hugo Chávez, Evo Morales, los Kirchner, Lula da Silva, Rafael Correa, Daniel Ortega, todos con una inspiración que viene desde atrás, de la Revolución Cubana de Fidel Castro”. “Y ante esos cambios –le dije–, me parece ver la Iglesia como expectante. ¿Y qué espera la Iglesia?, que pasen estos gobiernos y vengan otros que le den un lugar de privilegio y la favorezcan, y en ocasiones esta expectativa se vuelve crítica”. Y el cardenal Bergoglio, pues todavía no era Papa, me respondió:

-“No, no, la Iglesia no puede estar nunca a la expectativa, y menos una expectativa crítica. La Iglesia no puede ser nunca una simple espectadora, estos procesos la Iglesia los tiene que acompañar en diálogo”.

Le conté entonces mi última conversación con Benedicto XVI, y al llegar al final de mi historia y decirle la frase que cerró aquel encuentro, él se emocionó:

-“¡Ay, que frase! Esto lo pondría yo en una pancarta, a la entrada de todas las ciudades del mundo.

Fuente: Vatican Insider

Comentario Druídico: Uno preferiría creer que estos relatos son falsos. Porque si no lo son, tendremos que aceptar que dos de los cardenales electores del último cónclave, uno de ellos luego elegido, aceptan la realidad social de los países que han caído bajo regímenes de inspiración marxista con melancolía porque no ha sido la Iglesia la que ha conducido a “esos cambios”. 

Los cambios hechos ¿son buenos? ¿Qué se lamenta, que los cambios los hayan hecho otros, supuestamente, o que hayan sido malos? Esto queda en la ambigüedad en el texto, pero no es difícil responder a la pregunta.

Si el Card. Ortega cree que el punto común entre estos gobernantes es su política en favor de los más necesitados comete la ingenuidad de obviar el altísimo grado de corrupción moral y de enriquecimiento ilícito de los dirigentes, que aflora hoy por las fisuras de varios de estos gobiernos, algunos ya en etapa terminal. La corrupción y sus consecuencias.

Los “cambios” han conducido a enfrentamientos sociales a veces muy violentos, pero en todos los casos generadores de odios profundos entre clases. Nada evangélico hasta aquí.

El empobrecimiento de naciones ricas es una de las consecuencias más terribles -mirado todo esto desde el punto de vista material-. Mientras todos los dirigentes se han enriquecido, algunos de un modo tan grotesco que pasan a revistar entre las grandes fortunas del mundo, los resultados de sus gobiernos han sido, en el mejor de los casos, una ilusión de prosperidad atada a la introducción de leyes inicuas, destructoras de la moral pública. Un aumento exponencial de la delincuencia, desabastecimiento de productos indispensables, mala utilización de recursos, involucramiento en conflictos internacionales lejanos, que agregan actores y problemas innecesarios a las ya complejas realidades nacionales.

En todos los casos, si considerammos los aspectos que más deben preocupar a un católico, la Fe se ha visto cuanto menos atacada, perseguida muchas veces de un modo brutal. En franca disminución todos estos países, ya que las sectas diversas crecen a expensas de los fieles católicos.

Pero por sobre todo, la gran pregunta a la que habría que someter al Card. Ortega es ¿cuántos miembros del clero participaron de estos movimentos revolucionarios? Esa supuesta falta de participación de la Iglesia, ¿es tal?

Bergoglio va a beatificar a Mons. Romero, moviliza la causa de Pironio, apoya la de Helder Cámara… según noticias muy recientes. ¿No eran miembros de la Iglesia y co-autores de los “cambios” que Ortega dice hicieron otros por fuera de la Iglesia…

El clero parece haberse vuelto materialista. Dios resulta un recurso retórico, pero sus objetivos son la búsqueda de la felicidad en la tierra por los medios materiales. Igual que el liberalismo, igual que el marxismo.

A todo esto, olvidan que pobreza, enfermedad, injusticia son la condición permanente del hombre pecador tanto en sus relaciones interpersonales como sociales. Que la Iglesia busca, en esta materia, que la virtud personal mejore las relaciones sociales, que las instituciones humanas estén inspiradas en la doctrina evangélica para aliviar no para suprimir las consecuencias del pecado original. La erradicación de la pobreza, la injusticia y la enfermedad no son metas cristianas, sino del idealismo materialista. Mientras haya pecado habrá consecuencias del pecado, el paraíso no está en la tierra.

La doctrina de la Iglesia en esta materia busca ordenar la sociedad según los preceptos del Evangelio, y si el Estado puede suplir las carencias de los más necesitados debe hacerlo con el espíritu de las obras de Misericordia, nunca con el de vindicta social que preside todos los movimientos que el Card. Ortega reconoce se han anticipado según él a la Iglesia.

En definitiva, se busca la añadidura y se olvida el Reino de Dios y su Justicia. Y Nuestro Señor ya nos ha anticipado que la primera es consecuencia del segundo. El objetivo principal de la Iglesia es la salvación de las almas. De esto, desgraciadamente, ya no se habla.

Uno prereriría creer que este diálogo es falso, pero la realidad lo confirma todos los días. 

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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