Panorama Católico

El Magisterio del Querido Benedicto XVI

Es necesario que los sacerdotes y obispos seamos fieles transmisores del Magisterio del Sumo Pontífice. Para ello hay que estar atentos a sus palabras y ser dóciles a sus llamados.

Escribe Pastor Ignotus

Es necesario que los sacerdotes y obispos seamos fieles transmisores del Magisterio del Sumo Pontífice. Para ello hay que estar atentos a sus palabras y ser dóciles a sus llamados.

Escribe Pastor Ignotus

No pocas veces oímos hablar, con cierta nostalgia, del “querido Juan Pablo II”, el cual dijera esto o aquello, y se recuerda con cariño al Papa que fue, hasta he oído por radio el comentario de que ” el Papa Benedicto debería salir, hablar, y manifestarse… pero, ¿tratamos nosotros de enterarnos de lo que nos dice el Santo Padre Benedicto XVI? Es bueno recordar lo que nos enseñara y dijera S.S. Juan Pablo II, pero veamos ahora lo que nos está enseñando, siguiendo con la tarea específica de los Romanos Pontífices, S. S. Benedicto XVI:

En ocasión de una visita protocolar al presidente de Italia, el 24 de junio del corriente año, publicada en L’Osservatore Romano del 1 de julio, Su Santidad recuerda el principio de la “sana laicidad de Estado, en virtud de la cual las realidades temporales se rigen según sus normas propias, pero sin excluir las referencias éticas que tienen su fundamento último en la religión. La autonomía de la esfera temporal no excluye una íntima armonía con las exigencias superiores y complejas que derivan de una visión integral del hombre y de su destino eterno”. Es decir, dicho en buen criollo: no podemos olvidar y dejar de lado las raíces cristianas de Europa, especialmente de Italia.

Después hace referencia a algunas “preocupaciones pastorales que no pueden dejar de interesar también a quien tiene la responsabilidad de los asuntos públicos” Y alude al problema de “la protección de la familia fundada en el matrimonio… al problema de la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su fin natural, y por último al problema de la educación y consiguientemente de la escuela, lugar indispensable para la formación de las nuevas generaciones….” Es decir, en una simple visita protocolar, el querido Benedicto XVI toca tres temas fundamentales, después de dejar bien asentado que el Estado no puede ser meramente “laico” en un sentido de oposición a “todo lo que se llama Dios y se adora” y en un país donde sus dirigentes, hacen constante apreciación del Estado Laico, y donde las leyes permiten impunemente el aborto, propician el divorcio vincular y dificultan la enseñanza de Religión en las escuelas del Estado, el querido Benedicto XVI no cae en el recurso fácil de hablar de lo que nos une y no de lo que nos separa, sino que alude a “algunas preocupaciones pastorales que no pueden dejar de interesar también a quien tiene la responsabilidad de los asuntos públicos“.

Con respecto a la familia nos dice “la Iglesia, acostumbrada a escrutar la voluntad de Dios inscrita en la naturaleza misma de la criatura humana, ve en la familia un valor importantísimo que es preciso defender contra cualquier ataque encaminado a minar su solidez y a poner en tela de juicio su misma existencia”.

Por otra parte, en la vida humana “la Iglesia reconoce un bien primario, presupuesto de todos los demás bienes, y por eso pide que se respete tanto en su inicio como en su fin, aun destacando el deber de prestar adecuados cuidados paliativos que hagan que la muerte sea más humana”.

“Por lo que respecta a la escuela, su función se relaciona con la familia como expansión natural de la tarea formativa de ésta. A este propósito, respetando la competencia del Estado para promulgar las normas generales sobre la instrucción (no dice ” educación”), no puedo por menos de expresar el deseo de que se respete concretamente el derecho de los padres a una libre elección educativa, sin tener que soportar por eso el peso adicional de ulteriores gravámenes”.

Es decir, el querido Benedicto XVI, como quien no quiere la cosa, recuerda que los Estados gobernantes no pueden dejar de lado la historia y la tradición de su país, deben velar por la vida humana desde el primer instante de su existencia, respetar la familia humana tal como Dios la ha instituido y velar por que sus habitantes tengan una educación, instrucción y formación adecuada a la voluntad de los padres de familia.

En el mismo número del Osservatore Romano, en ocasión de la entrega del palio a los Arzobispos, les exige “presencia de Dios”, es decir: santidad de vida. Y hace referencia a San Marcos 3, 14, “Jesús llamó a los Apóstoles para que estuvieran con Él y también para enviarlos, casi parece una contradicción”, dice S. Santidad, o están con Él o son enviados y se ponen en camino. Y agrega: “El Papa San Gregorio Magno tiene un texto acerca de los ángeles que nos puede ayudar a aclarar esa aparente contradicción. Dice que los ángeles son siempre enviados y, al mismo tiempo, están siempre en presencia de Dios”, y continúa: “Dondequiera que sean enviados, dondequiera que vayan, caminan siempre en presencia de Dios” (Homilía 34,13). El Apocalipsis se refiere a los obispos como “ángeles” de su Iglesia; por eso podemos hacer esta aplicación: los Apóstoles y sus sucesores deberían estar siempre en presencia del Señor y precisamente así, dondequiera que vayan, estarán siempre en comunión con Él y vivirán de esa comunión”. Chupate el frasco, Carrasco, ni más ni menos, presencia de Dios, santidad, a portarse bien. ( El agregado es mío).

Pero no termina ahí el asunto, hablando del palio arzobispal que ha entregado, lo muestra como “expresión de nuestra misión apostólica”. “De nuestra comunión, que en el ministerio petrino tiene su garantía visible”. “Con la unidad, al igual que con la apostolicidad, está unido el servicio petrino, que reúne visiblemente a la Iglesia de todas las partes y de todos los tiempos, impidiéndonos de este modo a cada uno de nosotros caer en falsas autonomías, que con demasiada facilidad se transforman en particularizaciones de la Iglesia y así pueden poner en peligro su independencia”. Carrasco, sigue con el frasco.-

Sigue el texto, que recomiendo leer en su totalidad, “Con esto no queremos olvidar que el sentido de todas las funciones y los ministerios es, en el fondo, que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud, de modo que crezca el cuerpo de Cristo para construcción de sí mismo en el amor” ( Ef. 4, 13 – 16 ).-

Es notable, bueno, al menos yo lo he notado, como insiste el querido Benedicto XVI en que debemos crecer hasta alcanzar la plenitud de Cristo, veamos Efesios, capítulo 4 comenzando por el versículo 10: “El mismo que bajó es el que subió sobe todos los cielos para llenarlo todo; y Él constituyó a los unos apóstoles, a los otros profetas a éstos evangelistas, a aquellos pastores y doctores, para la perfección consumada de los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, cual varones perfectos, a la medida de la plenitud de Cristo, para que ya no seamos niños, que fluctúan y se dejan llevar de todo viento de doctrina por el engaño de los hombres, que para engañar emplean astutamente los artificios del error, sino que, al contrario, abrazados a la verdad, en todo crezcamos en caridad, llegándonos a Aquel que es nuestra cabeza, Cristo, de quien todo el cuerpo, trabado y unido por todos los ligamentos que lo unen y nutren para la operación propia de cada miembro, crece y se perfecciona en la caridad”.

Perdonen por la extensión del texto evangélico, pero dado que Su Santidad Benedicto XVI, el querido Benedicto XVI insiste tanto en “alcanzar la medida de la plenitud de Cristo”, ¿no será necesario reflexionar sobre ello, y sacar las debidas consecuencias?.

Y después de asentar la importancia del ministerio petrino, de la unidad de la Iglesia, dado que estaban presentes en esa ceremonia sacerdotes de la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla, agrega: “Desde esta perspectiva, ( alcanzar la plenitud de Cristo, para la unidad, evitando la atomización), sigue el texto: “saludo con afecto y gratitud a la delegación de la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla… Aunque aún no estamos de acuerdo en la cuestión y el alcance del ministerio petrino, estamos juntos en la sucesión apostólica, estamos profundamente unidos unos a otros por el ministerio episcopal y por el sacramento del sacerdocio, y confesamos juntos la fe de los Apóstoles como se nos ha transmitido en la Escritura y como ha sido interpretada en los grandes concilios”.

Es decir, no deja de aprovechar la ocasión para afirmar la doctrina, llamar a la unidad, alcanzar la verdadera madurez cristiana.

Y esto lo hemos comprobado con la simple lectura de L’ Osservatore Romano, claro, allí no están los reporteros transmitiendo e informando, no están los fotógrafos tomando fotos ni están grabando las declaraciones hechas, pero nos compete a nosotros, sacerdotes, Obispos, ser fieles transmisores de la enseñanza del “querido” Benedicto XVI, para ser así, realmente fieles al mensaje y al recuerdo del “querido” Juan Pablo II.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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