Panorama Católico

El Monte del Templo y el conflicto árabe-israelí

Cuando se analiza el conflicto árabe-israelí suele no mencionarse para nada una de sus raíces más importantes: la Montaña Santa, también conocida como el Monte del Templo de Jerusalem o Monte Moria.

 

Escribe el Dr. Horacio Boló

Cuando se analiza el conflicto árabe-israelí suele no mencionarse para nada una de sus raíces más importantes: la Montaña Santa, también conocida como el Monte del Templo de Jerusalem o Monte Moria.

 

Escribe el Dr. Horacio Boló

El Monte del Templo se encuentra dentro de la ciudad antigua de Jerusalem entre los valles de Tiropeón y Cedrón, sobre la llamada colina de Ofel. En el centro del Monte se alza la dorada Cúpula de la Roca, construida por los musulmanes sobre una superficie aplanada conocida como la plataforma del Templo. Actualmente el Monte se encuentra rodeado de murallas y su historia está vinculada con las tres grandes religiones monoteístas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Sin lugar a dudas constituye un registro viviente de nuestra relación con un solo Dios.

Como veremos, la posesión del Monte del Templo es tremendamente importante y esta ha sido y es la causa de un continuo derramamiento de sangre. A los que no tienen ninguna fe, los agnósticos y los ateos, les resulta muy difícil entender que en nuestra era del racionalismo el conflicto actual tenga raíces religiosas. Muchos creen, por ejemplo, que la guerra de Irak está fundamentalmente motivada por el petróleo, pero basta leer “The Israel lobby” de John Mearsheimer y Stephen Walt, dos expertos en política internacional, profesores de la Universidad de Harvard y de la Universidad de Chicago respectivamente, publicado el 23 de marzo del 2006 en la London Review of Books, para darse cuenta de que los que toman las decisiones realmente importante piensan en forma diferente. Veremos por qué, pero para ello es necesario conocer la historia de esta montaña, aunque sea brevemente.

La historia comienza entre el 1800 y el 1700 antes de Cristo, es decir, hace 3800 años, cuando según el relato bíblico del Génesis (Capítulo XXII, versículos 1-9) Dios le pidió a Abraham que sacrificara sobre el monte Moria a su hijo Isaac. Dios al ver la fe de Abraham evitó el sacrificio del niño. La piedra sobre la cual habría Abraham sacrificado a su hijo es la que se encuentra en la cima del monte y está ahora cubierta por la Cúpula de la Roca. Por eso esta montaña de Jerusalem se convirtió para los judíos en el símbolo (lo que une) de la unión del cielo y la tierra. Mil años después el rey Salomón construyó en ese lugar el famoso templo que lleva su nombre (ver Biblia, Antiguo Testamento, II Paralipomenos, Capítulo II y III). Vale la pena destacar que el lugar donde debía ser levantado el templo le había sido señalado por Dios a su padre David. Este templo fue una de las obras más maravillosas del mundo antiguo y su construcción tiene una profunda vinculación simbólica, y tal vez real, con la Masonería y nadie podrá negar la importancia que ésta tiene en el mundo actual, más allá de cualquier juicio de valor. Pero además en él se colocó el Arca de la Alianza que guardaba las tablas de la Ley entregadas por Dios a Moisés, símbolo de su alianza con Dios y el objeto de culto más sagrado para la religión judía. El Templo fue destruido en tres oportunidades, la última en el año 70 de nuestra era por los romanos. Se intentó reconstruirlo en dos oportunidades. Lo más importante es que la religión judía quedó sin un lugar para rendir su sacrificio a Dios, ya que se considera al Monte del templo el único lugar legítimo para hacerlo. Del Templo queda sólo una muralla, el Muro de los Lamentos. Allí hoy se llora.

Para el islam el lugar es también sagrado. Mahoma habría volado hasta allí donde lo esperaban Abraham, Moisés, el rey David y el ángel Gabriel, quién confirmó a Mahoma como profeta de Alá y allí recibió las instrucciones de cómo debían rezar los musulmanes. En el 636 Jerusalem fue tomada por los islamitas y el Monte del Templo era ya reverenciado como un lugar sagrado para el islam. Se construye entonces la llamada Cúpula de la Roca y hoy está en manos de los musulmanes, mientras que Jerusalem es la capital del estado de Israel.

Jerusalén fue tomada por el ejército israelí el 7 de junio de 1967. El rabino jefe de las Fuerzas Armadas israelíes dijo a las tropas: “Hemos tomado la ciudad de Dios y estamos entrando en la era mesiánica para el pueblo judío.” Pero la Cúpula Sagrada quedó en poder de los musulmanes. Si los judíos intentaran apoderarse por la fuerza del Monte del Templo el conflicto sería terrible.

Vale la pena señalar que una fracción importante del protestantismo, sobre todo en Estados Unidos, apoya, por razones estrictamente religiosas, la presencia de Israel en Tierra Santa. Es por eso que el gobierno de Norteamérica puede hablar del “eje del Mal” y de una guerra santa.

A la luz de esta breve reseña resulta innegable que la raíz última del conflicto árabe israelí es religiosa.

Imposible entrar en más detalles. He querido subrayar la importancia de este lugar para judíos, cristianos y musulmanes y su vinculación con la Masonería. Este último aspecto es muy interesante y merecería otro artículo. Al que desee profundizar el tema le sugiero que lea “Sangre en la Montaña” de Richard Andrews, Plaza & Janés, Barcelona, 2000.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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