Panorama Católico

El Papa Benedicto Toma Posesión

A siete meses de su entronización, podemos considerar que el Papa Benedicto XVI ha dado por terminado el período de adaptación, en el cual la inercia del pontificado anterior lo determinó fuertemente, y comienza a mostrar su línea personal de gobierno.

Escribe Marcelo González

A siete meses de su entronización, podemos considerar que el Papa Benedicto XVI ha dado por terminado el período de adaptación, en el cual la inercia del pontificado anterior lo determinó fuertemente, y comienza a mostrar su línea personal de gobierno.

Escribe Marcelo González

Joseph Ratzinger no es un hombre ávido de confrontación. Pero es firme en sus convicciones. De modo que suaviter in modo no deja de decidir lo que le parece necesario… y aplicarlo prudencialmente.

Tampoco es apasionado. Se ha curtido por más de medio siglo en la “romanitá” vaticana. Toma su tiempo para decidir, y expresa sus decisiones con la mayor gentileza que cada caso permite.

No manifiesta tampoco ser un hombre prejuicioso. Formado en el más rancio progresismo teológico, sin embargo, a lo largo de su extensa función como “Custodio de la Fe” ha visto más de lo necesario como para tener el claro que “la barca de la Iglesia hace agua por todos lados”. No obstante esgrime su espada en defensa del Concilio, que fue a todas luces el detonante (aunque tal vez no el directo causante) de la crisis que hoy vivimos, posiblemente la más aguda en la historia de la Iglesia universal.

¿Un plan de gobierno o el día a día?

Con frecuencia nos preguntamos ¿de qué manera comenzará el Papa a definir un pontificado netamente distinto del de su predecesor, tal como sospechamos hará? ¿Por los nombramientos? El único de cierta relevancia, el de Mons. Levada en Doctrina de la Fe, fue ciertamente motivo de decepción. Claro que no conocemos la estrategia papal, sino más bien la vamos descubriendo, de modo que no sabemos aún como encaja esta pieza en el armado de su plan de gobierno.

Ha dado mensajes a izquierda y a derecha. Todos los sectores doctrinalmente “medios” de la Iglesia lo pueden reivindicar con expectativas inversas. Los progresistas moderados, en una línea de continuidad. Los conservadores, en la acentuación de su medidas correctivas.

En cambio los que pretenden una revolución absoluta, el corte definitivo con todo el anclaje doctrinal, litúrgico y disciplinario le temen. Y los sectores tradicionalistas ven el retorno sobre sus pasos con cierta expectativa desconfiada. En especial, por su reivindicación apologética del Concilio.

¿Qué cabe esperar?

La disciplina eclesiástica está desguazada. Hoy en día podemos decir -sin que la frase comporte una exageración ridícula sino apenas un énfasis oratorio- que en la Iglesia nadie obedece a nadie. Está en estado deliberativo, sin contar el amotinamiento de algunos sectores nada despreciables por su influencia y el número de sus seguidores… y su amenaza velada de cisma.

Más que velada, discreta. En Colonia, los obispos alemanes le dijeron al Pontífice: si se reconoce a la Fraternidad San Pío X nosotros nos vamos… Así de claro fue el mensaje, que de alguna manera tenía el mandato de representación de los obispos austriacos, suizos, holandeses, y hasta podríamos intuir que de los mismos franceses.

El mensaje fue muy claro. “Aquí no hay vuelta atrás”. Cualquier intento serio en este sentido tendrá como respuesta un putsch eclesial o la fractura formal.

Un Papa con destreza política

Después de esas fintas a derecha e izquierda, que no pueden explicarse tan solo como la espontánea disposición de apertura intelectual del Papa (tiene demasiados años de Vaticano en su haber como para no entender el lenguaje de los gestos) Benedicto parece decidido a responder a las amenazas de los alemanes en términos directos: su mensaje a los obispos austriacos, despojado de la suavidad de los modos eclesiásticos, es un duro reproche. En pocas palabras podría sintetizarse así: quiero que enseñen el catecismo de la Fe católica y no cualquier doctrina personal que a Uds. se les ocurra. Y los responsables de esta enseñanza y el ejemplo que muestren al mundo son Uds., los obispos: ante Dios, ante el clero, ante los fieles. Obedezcan.

Luego disparó, con pocos días de diferencia, el Motu Proprio que suprime los privilegios otorgados por Paulo VI en 1966 a los franciscanos custodios de Asís. Doble golpe, una seguidilla, un uno-dos podríamos decir usando la jerga boxística. Les quita el poder, devolviéndolos a la jurisdicción del arzobispo del lugar. Nombra un prelado de su confianza. Y el golpe del K.O.: lo dirige a los realizadores materiales de Asís-reunión interreligiosa.

Benedicto nunca encontró sentido alguno a la reunión de Asís, por el contrario, la consideró extremadamente peligrosa para la Fe. De hecho no participó en 1986 y fue a “Asís II” con serias reservas. Según Vittorio Messori Benedicto XVI, al tomar esta medida contra los franciscanos, hizo lo que pretendía desde 1986, “acabar con los excesos de los frailes”, como permitir a los animistas africanos sacrificar pollos en el altar de la iglesia de Santa Clara y a los pieles rojas americanos bailar en el templo”. El golpe asestado a la Fe al propiciar la “communicatio in sacris” no solo con religiones que no aceptan la Revelación ni la Fe trinitaria sino hasta con el paganismo más grotesco (recordemos que en la segunda Asís participaron miembros de una secta “vodoo”), es inconmensurable.

Se sabe que el Papa trabaja discretamente para solucionar o al menos contener algunos gravísimos problemas en el clero. Esta medida particularmente irritativa para los sectores más liberales ¿será el comienzo de sus gestos públicos, a la vez que eficaces, ejemplificadotes? ¿O una pulseada para medir fuerzas? Veremos. Tal vez tenga algo de ambas cosas.

Disciplina y doctrina. Disciplina y Liturgia.

Lo indudable es la imposibilidad de restablecer la disciplina -que no es un mero “reglamento” sino la forma jurídica que regula la vida eclesiástica conforme al mandato evangélico- si no es cimentándola en sus fundamentos dogmáticos y doctrinales. Cualquier otra forma de “obediencia” aceptada por los clérigos sería un logro precario movido por el temor de medidas punitivas antes que una comprensión del espíritu de sujeción filial para con los superiores, representantes de la autoridad divina.

Asimismo, toda autoridad que reclame obediencia deberá obedecer ella misma a la ley divina y eclesiástica previamente, algo que se ve muy poco en estos días.

Sin volver a las fuentes de la Fe, cuya expresión más simple es el “catecismo”, (ese que Benedicto reclama a los obispos austriacos frecuenten con más entusiasmo) no habrá orden disciplinario.

Ni lo habrá sin el restablecimiento de la liturgia, soporte, coadjutor indispensable de la fe. Porque en sus textos y gestos ( ¡y realidades!) se da justa alabanza a Dios, se impetra misericordia, se agradece, se piden gracias indispensables para la vida virtuosa del católico. Sin culto digno la vida católica se degrada y finalmente el clero y los fieles pierden identidad. No encuentran el sentido del sacrificio, de la castidad, de la fidelidad, de la donación al prójimo.

Lo diremos una vez más: Lex orandi, lex credendi. Y podríamos aventurar, lex agendi. La ley de la oración expresa la ley de la Fe. Y por tanto -como es obvio- influye directamente en la moral práctica, de los clérigos y fieles. Rezar lo que creemos, vivir lo que rezamos.

Un problema complejo

Pero tampoco habrá un regreso a la liturgia -convertida hoy prácticamente en una reunión social- sin la aceptación de las directivas disciplinarias. Ni aceptación de estas sin esclarecimiento en la Fe.

El tema es complejo, pero no desesperante. El Papa tiene un mandato divino y las gracias de estado. Los fieles (y gran parte del clero) están más confundidos que enemistados con la Fe, al menos en los bastiones católicos. Dios es Todopoderoso. Ha prometido su asistencia hasta el fin de los siglos. Tenemos todo de nuestro lado.

El orden debe comenzar por la cabeza y la cabeza parece dispuesta a poner orden. Es más, es una cabeza que ve el desorden y ha consagrado los últimos años de su vida al restablecimiento de ese orden. Deberá, sin embargo, ver claramente las causas, no solo los efectos. FE – CULTO – DISCIPLINA, en ese orden se restablecerá la paz en la Iglesia. Aunque en la praxis de gobierno las medidas se tomen según la prudencia del gobernante, muchas veces, en sentido inverso.

A cada golpe, un contragolpe…

Pero los enemigos ad extra y ad intra del cuerpo eclesial no van a perdonar ningún movimiento dirigido a restablecer todas las cosas en Cristo. No de otro modo hemos de interpretar la denuncia mediática de un enorme número de casos de pedofilia en Brasil, que inunda las planas de los diarios en estos días. O la “filtración” de su documento sobre la homosexualidad y el clero.

El Papa había enviado una comisión a investigar el tema meses atrás, discretamente, como se hace en la Iglesia. Pero ya se lo recriminan como “ocultamiento” con visos de complicidad. Por cierto que al saberse que prepara un documento muy estricto a fin de evitar el ingreso y propiciar la expulsión de homosexuales de los seminarios norteamericanos, también lo han atacado. Palos porque bogas, palos porque no bogas…

“Una cosa es la homosexualidad”, dicen en su descargo, “otra la pedofilia”. Sí, es verdad, no es lo mismo. No obstante están tan vinculadas entre sí como -por tomar un ejemplo- el consumo personal de drogas y la iniciación de terceros en la drogadicción. ¿Cuántos adictos se abstienen de promover la droga o de traficarla o facilitarla? ¿Cuántos homosexuales no tienen tendencias a la pedofilia o a la iniciación de otros en la homosexualidad? Y ¿quiénes son las víctimas de esta iniciación sino los más jóvenes, víctimas apetecidas y reducidas por la fuerza, la seducción o el engaño? Si no queremos los efectos, tampoco propiciemos las causas.

Habemus Papam

El Papa se ha sentado en su trono pontificio, finalmente. Comienza a gobernar con medidas a la altura de los peligros que amenazan a la Iglesia, y comienza a recibir los contragolpes de los enemigos de la Iglesia. Es una señal de esperanza. No es el discípulo mayor que el maestro. Si me han odiado a Mí, también os odiarán a vosotros, dice el Señor. El odio del mundo es buena señal.

Oremus pro Pontifice nostro, Benedicto.

Volver a la Portada

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *