Panorama Católico

El Papa cedió

Cuando monseñor Marcel Lefebvre fue excomulgado, la razón fue que decidió ordenar obispos en contra del mandato pontificio. Es decir, se rebeló contra la autoridad del Papa Juan Pablo II y a éste no le quedó más remedio que constatar la excomunión del prelado francés. Pues bien, acabamos de asistir en Austria a algo que canónicamente no tiene mucho que ver pero que en el fondo es exactamente lo mismo. La autoridad papal ha sido puesta en entredicho. Pero en esta ocasión el Papa ha cedido. Gerard Wagner no será obispo auxiliar de Linz. Las presiones para tirar abajo el nombramiento del padre Wagner han sido muy efectivas. Y eso puede suponer un antes y un después no sólo para la Iglesia en Austria sino para la Iglesia Católica en todo el mundo.

Por Luis Fernando Pérez

Cuando monseñor Marcel Lefebvre fue excomulgado, la razón fue que decidió ordenar obispos en contra del mandato pontificio. Es decir, se rebeló contra la autoridad del Papa Juan Pablo II y a éste no le quedó más remedio que constatar la excomunión del prelado francés. Pues bien, acabamos de asistir en Austria a algo que canónicamente no tiene mucho que ver pero que en el fondo es exactamente lo mismo. La autoridad papal ha sido puesta en entredicho. Pero en esta ocasión el Papa ha cedido. Gerard Wagner no será obispo auxiliar de Linz. Las presiones para tirar abajo el nombramiento del padre Wagner han sido muy efectivas. Y eso puede suponer un antes y un después no sólo para la Iglesia en Austria sino para la Iglesia Católica en todo el mundo.

Por Luis Fernando Pérez

Sin duda Benedicto XVI ha valorado todos los pros y los contras de la decisión que ha tomado. De haber mantenido el nombramiento de Wagner, se habría presentado como un golpe de autoridad en contra de todos los obispos austriacos. El hecho de que el propio sacerdote austriaco haya “colaborado” presentando la renuncia ha facilitado las cosas, pero aquí todo el mundo sabe bien cuál es la partida que se ha jugado, quién la ha ganado y quién la ha perdido. La autoridad del Vaticano, sobre todo la de la Curia pero también la del propio Papa, ha recibido uno de sus peores golpes de las últimas décadas. Vendrán ahora los oficialistas a vendernos otra historia, a justificarnos lo ocurrido con mil y un argumentos, pero los hechos son irrefutables: el Papa elige a un sacerdote para ser obispo, obispos y sacerdotes del país se muestran contrarios a dicha elección, el sacerdote se ve obligado a “renunciar” y el Santo Padre se echa atrás de su primera intención “aceptando la renuncia".

¿Consecuencias para el futuro? Pues sólo Dios lo sabe. El método de elección de obispos ha variado mucho a lo largo de la historia. Y actualmente ni siquiera es el mismo dependiendo de si el obispo es de rito latino o si es de las iglesias orientales en comunión con Roma, en cuyo caso el Papa se suele limitar a dar el visto bueno a los candidatos elegidos por las mismas. Pero por encima del debate sobre la necesidad de mantener o reformar el actual sistema de elección, lo que acá está en juego es en qué queda eso del primado jurisdiccional del Papa sobre toda la Iglesia. Es obvio que no todas las iglesias locales van a estar tan ensoberbecidas como la austriaca, pero ¿qué se hará con las que sí lo estén? ¿ceder?

El mecanismo de cambio, reforma y recuperación de las iglesias enfermas pasa necesariamente por el nombramiento de buenos pastores. Precisamente por eso, si se las permite oponerse a la llegada de esos buenos pastores, ¿qué instrumento le queda al Papa para forzar dichas reformas? Si cunde el ejemplo, estaremos ante un desastre de proporciones considerables. El Papa se ha atado de pies y manos respecto al futuro de la Iglesia en Austria, cuyos obispos necesitarán ahora el visto bueno de personajes como el arzobispo de Salzburgo e incluso de curas contrarios al conservadurismo de Wagner. Si algo positivo podemos sacar de todo esto es que la figura del cardenal Schönborn ha quedado ya absolutamente desacreditada para ser papable en el futuro. Su papel en todo este asunto ha sido patético, cobarde y de nula fidelidad al Papa, si no en las formas, sí en el fondo. Quien se comporta así no es digno de ser sucesor de Pedro en el futuro.

Tampoco se puede dejar de lado la responsabilidad del dicasterio presidido por el cardenal Re, quien no sé a qué espera para presentar su dimisión de manera conjunta con el Nuncio de Su Santidad en Austria. Ellos son los responsables directos de la elección del padre Wagner y, por tanto, los que han hecho pasar al Papa por esta Vía Crucis estúpido. Lo que ocurre es que en la Iglesia las cosas no son así de simples. Los fallos, por muy graves que sean, no implican necesariamente que el que los comete coja la puerta para largarse con la música a otra parte. Ahora bien, ya me dirán ustedes qué tipo de confianza puede guardar el Papa hacia un dicasterio que le ha puesto en semejante tesitura. Y es que, se quiera reconocer o no, Benedicto XVI no ha estado especialmente feliz a la hora de elegir a la persona que tiene que controlar al resto de la Curia. El cardenal Bertone no vale para eso. Tendrá muchas cualidades que debido a mi falta de discernimiento espiritual soy incapaz de ver, pero dije hace años y vuelvo a decir que él es el gran error del papado de Benedicto XVI.

Vuelvo al principio de mi post. Lefebvre fue excomulgado por ordenar obispos que el Papa no quería que fueran ordenados. Ahora el Papa acepta que no se ordene como obispo a quien había elegido. El arzobispo francés se oponía, en mayor o menor grado, a la autoridad de un concilio ecuménico. La Iglesia en Austria se ha opuesto a la autoridad del Papa. Me parece más grave esto último.

Fuente: Cor ad cor loquitur

Comentario Druídico: La reflexión de Luis Fernando Pérez da en el clavo en un punto central, aunque podamos disentir en muchos aspectos. Se ha golpeado a Mons. Lefebvre durante décadas, actitud que continuó con sus sucesores, por haberse "rebelado contra el Papa". Aceptando que esta rebelión fuera tal, a los fines de plantear la hipótesis, debemos destacar que a nadie se le ocurre plantear los alzamientos de las conferencias episcopales europeas como "rebeliones contra el Papa". Esta visión sesgada de la realidad, que acompañan prolijamente los medios de comunicación es una prueba evidente del enfoque ideológico con que se analizan las realidades eclesiásticas.

Naturalmente no consideramos que lo de Mons. Lefebvre haya sido una rebelión, sino una resistencia forzada, un "non possumus" en nombre de la doctrina del Magisterio puesta en entredicho por el CVII y su praxis posterior. Hoy en día el "non possumus" lo plantean los neomodernistas cismáticos (de facto, todavía no de jure). Ellos lo hacen en nombre del superdogma CVII. Para decirlo en el lenguaje papal, están totalmente embarcados en la hermenéutica de la ruptura.

¿Podrán finalmente algunos abrir los ojos y dejar de lado la búsqueda de un inexistente "justo medio"? Se trata de la Fe. No es virtud moral, sino teologal. No hay exceso posible de Fe. Es hora de sumar  armas y bagajes a las flacas fuerzas de la restauración de la Iglesia, que de un modo tímido y vacilante  ha inaugurado Benedicto XVI. Sin desconocer los puntos oscuros, apoyarlo en aquello que ha hecho punta. El es el único que lo puede hacer, porque es el Papa. Toda otra forma de pretender la restauración de la Iglesia está mal encaminada y solo tiene por destino la ruina espiritual.

Mientras los papas fueron impermeables a todo intento de restaración, solo se podía rezar por ellos. Ahora que el Pontífice ha dado pasos concretos, además de rezar, hay que apoyarlo en este camino. Para que no ceda más ante sus enemigos.

 

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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