Panorama Católico

El Papa Francisco según el P. Claude Barthe

De la larga entrevista de Present al P. Claude Barthe nos interesa destacar algunos puntos que como tradicionalista, como europeo, y en particular, como francés, pero a la vez como buen conocedor de la materia que analiza, pueden poner en perspectiva más clara el nuevo pontificado. Comento, además, sus opiniones.

De la larga entrevista de Present al P. Claude Barthe (*) nos interesa destacar algunos puntos que como tradicionalista, como europeo, y en particular, como francés, pero a la vez como buen conocedor de la materia que analiza, pueden poner en perspectiva más clara el nuevo pontificado.

Después de describir la situación de la Iglesia como de gravísima crisis, el entrevistado ofrece una semblanza personal del nuevo Papa, cuya personalidad asocia a la del Card. Benelli, hombre de gran poder bajo el reinado de Paulo VI.

Bergoglio, dice, es un jesuita muy atado a sus deberes, de vida ascética, que se levanta al alba, hace su hora diaria de oración, infatigable en el trabajo, de portentosa memoria, inteligencia flexible y una enorme capacidad para controlar directamente todo lo que está a su cargo: en la práctica, jamás ha tenido un secretario.

Un intelectual, hombre cultivado que se ha vulgarizado en su esfuerzo por ser simple y usa permanentemente expresiones de argot, mientras que sus ataques al consumismo y a la religión difusa están formulados en expresiones muy roborativas.

Es un hacedor de obispos.

Comentario: nosotros diríamos que un hombre que tiene una sensualidad por el poder que lo obliga a un ascetismo de lo sensual para estar siempre alerta, vigilante y no mostrar debilidades. Inclusive su notable ascenso de peso resulta curioso, y se conjetura que es producto del consumo de corticoides para aliviar los dolores que le causa movilizarse. Renquea ostensiblemente y estuvo a punto de caer en una de las primeras ceremonias a causa de un traspié. Probablemente artrosis o artritis.

¿Es un progresista?, le preguntan. Responde el P. Barthe. No, en el sentido en que podemos entender a un Card. Martini, también jesuita. Así como el Papa Ratzinger es un hombre de “centro derecha” y no un tradicionalista, hoy Bergoglio es un hombre de “centro izquierda”, no alineado con la Teología de la Liberación radical, a la que contribuyó a combatir, sino más bien un peronista católico. Es decir que acepta de ella la “opción preferencial por los pobres”, no el ateísmo ni la lucha de clases.

Comentario: El P. Barthe elude aquí la cuestión doctrinal saliendo por la tangente política. ¿Es o no un hombre de buena doctrina en materia social?  Tal vez la pregunta no tenga respuesta, porque se diluya en una multitud de gestos y frases notoriamente ambiguas características la forma pública  de ser del nuevo papa. Y su fraseología En privado, cada uno tiene su propia versión, dicha por el propio ex cardenal Bergoglio con notable habilidad para que su interlocutor oiga lo que desea oír.

 Define el P. Barthe al peronismo como un “populismo” lleno de matices pero radicalmente hostil al marxismo, aunque marcadamente “social”. Es decir, que tiene como bandera a los pobres.

Comentario: La capacidad de análisis del peronismo que muestran los europeos suele ser menguada. No por su culpa, necesariamente, sino porque el peronismo es complejo y contradictorio. Si se refiere al peronismo fundacional, podría ser que tuviese razón al hablar de “radicalmente hostil al marxismo”. Pero en la actualidad ha sido tan permeado por el marxismo en su fraseología y en la aceptación del derechohumanismo (justamente por influencia clerical) que no podría decirse con propiedad que no sea marxista. Es más bien un conglomerado que generación a generación se vuelve más marxista, al menos en el sentido gramsciano de la palabra. Inclusive sus dirigentes más de “derecha” han asumido muchos conceptos marxistas por contagio de la modernidad contra la cual pocos tienen resistencia doctrinal. Y una historia de persecución que ha dejado mella.

Asignarle al Papa Francisco la calidad de “peronista” es un poco difuso, tanto como el peronismo en sí. Que ha querido dar la impresión de serlo es mucho más seguro de afirmar. En lo cual, paradójicamente, resulta adecuado llamarlo peronista, en su praxis.

Bergoglio estuvo cerca de personalidades como Sodano y Sandri cuando fueron Nuncios en Chile uno y en Venezuela y México el otro; ambos han sido gestores de su ascenso al trono de Pedro.

Comentario: Si tal apoyo existió, es un pacto superador de una guerra casi pública entre dichos cardenales y Bergoglio, guerra en la que movilizó tropas y planeó estrategias el ex embajador Esteban Caselli, hoy declarado bergogliano.

Respecto a los temas morales, su postura es muy clara en contra de la homosexualidad, pero muy tímida en el apoyo concreto contra el llamado “matrimonio” entre homosexuales.

Comentario: Todos los que hemos vivido este proceso de cerca sabemos que no ha hecho nada efectivo para evitar el avance de la inmoralidad pública en esta y otras materias, y más bien ha impedido hacer a otros. Pero no obsta que lo primero sea cierto, y lo segundo un modo de no colisionar con quienes podrían poner piedras en su camino hacia objetivos que ahora vemos con más claridad.

¿Puede decirse que sea un conciliar?

Conciliar, es más, ultraconciliar, lo es en materia de ecumenismo y diálogo interreligioso, en especial con el judaísmo. Le interesa la colegialidad, pero para nada la exégesis neobulmaniana ni la heterodoxia eclesiológica de muchos de sus hermanos jesuitas. Citando una nota periodística, dice el P. Barthe que los cardenales han querido una reforma en la Curia, la restitución de una figura fuerte en el gobierno, pero a la vez la colegialidad. Unas aspiraciones ciertamente contradictorias.

Comentario: Pacto puede haber. Pero el estilo de ejercicio de mando del actual Papa es bien alejado de la debilidad y el dejarse llevar. Irá regulando, según su seguro sentido del poder, los cambios necesarios. Otra cosa que tiene de peronista, es su forma clara de ver la realidad del mando, o su “estilo de conducción”. Dará preferencia a los leales, aunque sean personas poco o nada virtuosas, antes que a los menos confiables y dóciles a sus órdenes. Dejará pasar los pecados personales (en materia sexual o de latrocinio) de sus colaboradores de confianza, como lo ha hecho en Buenos Aires, para obtener de ellos agradecimiento y sumisión. Y una carta de amenaza.

¿En lo litúrgico?

Dice Barthe que así como los cardenales no querían otro “papa lefebvrista”, según la expresión usada por un medio de prensa italiano, han elegido a alguien que dé garantía de que no hará esfuerzos por un “retorno” litúrgico, ni por la fallida “reforma de la reforma”.  Bergoglio ha aplicado el Motu Proprio Summorum Pontificum como la mayoría de los obispos franceses, solo para las elementales apariencias. Pero tampoco se espera un regreso a los “años de plomo” de Paulo VI, con la persecución impiadosa de todo aquel que pretendiese adherirse a la antigua liturgia.

Comentario: En Buenos Aires, bajo el Card. Bergoglio, se han vivido años de plomo. Pero tal vez no le convenga llevar esa violencia a la Iglesia universal. En especial porque como hombre de poder no querrá hacerse enemigos inútilmente. El tradicionalismo ya tiene un peso importante en la Iglesia, aunque sea minoritario. Se  verá, no es fácil anticipar nada.

El entrevistado pone en guardia a los lectores sobre una distinción necesaria entre Francisco y el “espíritu de Francisco” (parafraseando al famoso “espíritu del Concilio”). No todo lo que se dice, espera o promueve nace de la iniciativa de Francisco sino de las expectativas de otros, atizadas por los medios de comunicación.

Comentario: esta es una distinción inteligente que nos ayuda a ver las cosas en su justa proporción. La adulación de los medios puede generarnos reacciones desequilibradas en la apreciación de la realidad. El hecho de que haya renunciado a llamarse “papa”, al menos hasta ahora, puede ser una mera táctica. El modo de gobernar probablemente será más propio de un papado centralista que de uno colegial, porque así funciona su mente y su concepción del poder.

Sobre la FSSPX, dice el P. Barthe que es un tema pasado. No será parte de sus intereses. Los cardenales querían borrar vestigios de la curia ratzingeriana, y el bloque de fieles al papa emérito se disolvió como por encanto. La “vieja curia” buscó un cambio que no cambiase nada y los liberales abortar todo intento de restauración litúrgica o tradicionalista.

Comentario: Es probable que con los tradicionalistas no busque guerra sino más bien los quiera tener lejos e ignorados. A los de la “vieja curia” no les auguro mucho futuro salvo que puedan probar su fidelidad al nuevo régimen.

Finalmente, dice el P. Barthe que la crisis de la Iglesia es catastrófica. Aún si todos los obispos del mundo dejaran de usar auto y viajaran en el metro, la situación no cambiaría en absoluto. El problema no es la corrupción administrativa, ni las historias rocambolescas del IOR (banco del Vaticano). Es el Concilio y la reforma litúrgica (con o sin abusos) lo que cuenta y hay que resolver.

Comentario: Atinada reflexión. Pero cabe pensar que Dios, al haber permitido esta elección se proponga usarla para que, al menos por colisión de intereses, alguno de los viejos lobbies corruptos de la curia queden desmantelados. En cuyo caso sería mejor que Francisco volviera a usar el antiguo papamóvil, el de los vidrios blindados.

(*) El 23 de marzo, el diario francés Present publicó una entrevista al P. Claude Barthe, director de la revista Catholica. El P. Barthe es un conocido analista de la situación de la Iglesia. Estudió en Econe, luego salió de la FSSPX y se dedicó a la difusión de la liturgia tradicional y a promover el ideario tradicionalista.
Tuvo una relación privilegiada con el Card. Ratzinger, luego Papa Benedicto y fue actor importante en los fallidos intentos por dar un status jurídico regular a la congregación fundada por Mons. Lefebvre.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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