Panorama Católico

El regreso del Misal de Pío V, algo más que una cuestión de idioma

Podemos preguntarnos legítimamente, teniendo en cuenta la historia de
la liturgia, de la teología y del derecho canónico, y todos los
aspectos prácticos de la pastoral, si este Motu propio toma en serio la
liturgia o si la considera solamente como un menú más de la cafetería
católica.

Por Mark Francis, c.s.v.

Podemos preguntarnos legítimamente, teniendo en cuenta la historia de
la liturgia, de la teología y del derecho canónico, y todos los
aspectos prácticos de la pastoral, si este Motu propio toma en serio la
liturgia o si la considera solamente como un menú más de la cafetería
católica.

Por Mark Francis, c.s.v.

La decisión del papa Benedicto XVI de autorizar el uso de la misa tridentina es un cambio sin precedente en la vida litúrgica de la Iglesia. Este cambio tiene consecuencias teológicas y pastorales inquietantes.

Comentario Druídico: Benedicto XVI no autorizó el uso de la misa tridentina, sino que reconoció solemnemente que su uso nunca había sido abrogrado, lo cual es bien diferente.

Esperado desde hace tiempo, el Motu proprio de Benedicto XVI que autoriza un uso más amplio de la edición de 1962 del Misal de Pío V – que recibe el nombre de Misa tridentina – ha sido, finalmente, publicado. Contiene elementos que seguramente van a dejar descontentos tanto a tradicionalistas como a progresistas.

Comentario Druídico:
Es posible.

No nos extraña que la gran muchedumbre de los católicos anónimos sufra al comprender la agitación provocada por esta iniciativa del Papa, porque sólo una pequeña minoría reclamaba ardientemente la autorización para utilizar el rito antiguo. Una cosa es segura, los católicos no se dirigirán a sus parroquias para exigir que los altares sean desplazados y adosados a la pared ni para que se aparte el dinero dedicado a la compra de nuevas casullas y manípulos barrocos, la compra de instrumentos para dar la paz o para la instalación de comulgatorios.

Comentario Druídico: Con un fariseísmo notable (o una notable ignorancia de la historia) el autor describe exactamente lo que se hizo, pero en sentido inverso, cuando se impuso el Novus Ordo a sangre y fuego. Destruir altares, arrancar comulgatorios, arrancar sagrarios, blanquear frescos, eliminar imágenes, todo ello, claro, muchas veces con lucrativa reventa en las casas de antigüedades y demoliciones. Tampoco los católicos se dirigieron en masa a pedir esos cambios y muchísimas veces protestaron contra ellos, gracias a lo cual algo se ha salvado.

Lo que se necesita ahora es recuperar los misales de altar, las sacras, poner tres manteles y dos candelabros, (o seis, según el caso) el ara (todo esto debería estar cuidadosamente depositado en cada una de las parroquias puesto que es propiedad de toda la Iglesia, lo mismo que los ornamentos que fueron desechados). En realidad, el autor, sacerdote, está confesando que todo lo que no está fue malbaratado o tirado a la basura.

También es preciso decir que la publicación de la carta Summorum Pontificum del papa a los obispos es inquietante. Sentimos que, a pesar de la reacción negativa de muchos obispos a la publicación eventual de este Motu proprio, sobre todo en Francia, y a pesar de las numerosas declaraciones de Benedicto XVI a favor de la colegialidad, el Papa, según mi opinión, ha dado más peso a un pequeño grupo de consejeros (y posiblemente a su piedad personal) que a la opinión de los obispos que son los que están constantemente en contacto con la vida pastoral de la Iglesia.

Comentario Druídico: ¿Y qué problema tienen los obispos que están en contacto con la vida pastoral de la Iglesia en cumplir con la orden papal que ha dado la razón a miles y miles de fieles que reclamaban el libre uso del rito tridentino.


Por otra parte, la colegialidad episcopal no está por encima del Sumo Pontífice, esto ha quedado definido en la fórmula del dogma de la Infalibilidad Pontificia.

Hasta el día de hoy, el Papa, que no tiene una formación de liturgista, se ha mostrado interesado y sensible a las cuestiones litúrgicas. Sin embargo, el Motu proprio parece traslucir un desconocimiento del papel de la liturgia en la vida de la Iglesia.

Comentario Druídico: Tanto el Cardenal Ratzinger como Benedicto XVI han escrito reiteradamente sobre temas litúrgicos, prologado obras de este carácter y naturalmente no desconocen el papel de la liturgia en la vida de la Iglesia. Esta afirmación es risible.

Inesperadamente, el papa, que ha expresado a menudo su antipatía para con el relativismo y lo considera una plaga de la vida moderna y una amenaza misma para la integridad de la fe, ha cedido al relativismo que tantas veces ha denunciado.

Comentario Druídico:
¿Cuál es el relativismo? Se ha pronunciado claramente sobre la vigencia del rito tridentino, ahora llamado “forma extraordinaria del rito romano”. ¿En qué consistiría su actitud relativista en esta materia?

Podemos preguntarnos legítimamente, teniendo en cuenta la historia de la liturgia, de la teología y del derecho canónico, y todos los aspectos prácticos de la pastoral, si este Motu propio toma en serio la liturgia o si la considera solamente como un menú más de la cafetería católica.

Comentario Druídico: Después de ver los desastres del Novus Ordo de ¿donde tiene cara este tío para decir semejante sandez?

En buena lógica, para comenzar una buena discusión hace falta preguntarse, antes que nada, por qué, en la carta apostólica, se cualifica el rito tridentino como "rito romano extraordinario". Tal designación no tiene precedente en la historia litúrgica de la Iglesia y se funda sobre la presunción, eminentemente discutible, que la publicación de los libros litúrgicos mandados por el Concilio Vaticano II no abrogó el uso del rito tridentino.

Comentario Druídico: Más que presunción, el Pontífice declara solemnemente que no fueron abrogados. ¿Capisci?

Desde 1970, año de la promulgación del Misal de Pablo VI, hasta 1984, año del indulto por el cual la Congregación para el Culto divino le concedía a un obispo local la facultad para autorizar celebraciones según el antiguo rito, considerábamos que el Misal tridentino había sido revocado.

Comentario Druídico: Consideraban erróneamente, como ha quedado en claro.

En 1988, la carta apostólica Ecclesia Dei adflicta de Juan Pablo II "exhortó a los obispos a utilizar ampliamente y generosamente esta facultad" ya permitida por el indulto de 1984. Una vez más, subrayamos que el uso del antiguo rito era una concesión pastoral a las personas incapaces de adaptarse al nuevo rito, pero a condición expresa de que esta concesión no fuera interpretada como la desestimación del Concilio Vaticano II o de la validez de la re forma litúrgica. La utilización del antiguo rito jamás fue presentada en estos dos documentos como una "norma".

Comentario Druídico: Por eso veníamos reclamando desde hace 37 años el libre uso del rito tridentino… Porque nunca fue abrogado. Además de que las personas “incapaces de adaptarse al nuevo rito” lejos de decrecer, como naturalmente debería haber ocurrido por razones biológicas, aumente año a año… Los discapacitados litúrgicos somos cada vez más.

En el contexto, pues, de esta situación disciplinaria más bien ambigua, no es sin duda inútil reflexionar sobre la naturaleza de un "rito" dentro de la Iglesia. El rito romano es uno de los 23 ritos reconocidos en la Iglesia católica. La palabra "rito" no abarca solamente el Ordo de la misa y, por lo menos en nuestro modo tradicional de hablar, establece el modo por el que un grupo de cristianos expresa su fe en la vida y en las celebraciones del culto. Esto va bastante más allá que las cuestiones de lengua, de rúbricas o de directivas para las ceremonias, y esto comprende no sólo los diferentes modos de designar el tiempo litúrgico, el modo de atribución de los días a santos y a santas, el estilo particular de oración litúrgica utilizada en todos los ritos sacramentales, e incluso los gestos y los movimientos particulares utilizados en estas celebraciones litúrgicas.

Comentario Druídico: Exactísimo.

La adopción de un nuevo calendario que modificó el año litúrgico y la importancia relativa de ciertas fiestas o conmemoraciones, la desaparición, en el ciclo santoral, de santos y santas de cuya existencia jamás hubo fundamento histórico, la revisión de la celebración de los funerales, la vuelta al catecumenado de adultos…, todo esto cambió la liturgia, y poco importan las declaraciones del Papa sobre la continuidad entre los antiguos y los nuevos ritos.

Comentario Druídico:
Al margen de otros comentarios posibles, ¿y los resultados de ese cambio, los frutos…? ¿Qué podemos decir de eso?

Una reseña histórica precedente demuestra que el "rito tridentino" fue revocado el año 1970. No se puede decir, por ejemplo, que después del siglo XVI hubo dos modos oficialmente reconocidos de celebrar el rito romano. Incluir los modos viejos y nuevos de un rito en la designación de éste, es intentar hacer un juego de manos que no soluciona el problema.

Comentario Druídico:
Teoría interesante, pero el caso del Novus Ordo no es analogable a la codificación del Rito Tridentino. De hecho muchos ritos particulares en ese momento fueron derogados y otros no, porque tenían una antigüedad mayor a los 200 años.

Es verdad que, en el momento de la promulgación del Misal de Pío V, existían en ciertos lugares de Francia y han sido mantenidos ritos medievales. La ciudad de Lyon, por ejemplo, tenía un rito particular. Estos usos autorizados eran concesiones hechas, en ciertos territorios, a costumbres antiguas de algunos siglos. No podemos pretender, tampoco, que el rito romano deba gozar del mismo estatuto que uno de los ritos orientales. Los antiguos ritos de las Iglesias orientales son la expresión de la fe cristiana vivida durante siglos por una nación o por un grupo étnico dentro de un territorio geográfico limitado.

Comentario Druídico: “No podemos pretender, tampoco, que el rito romano deba gozar del mismo estatuto que uno de los ritos orientales” puede entenderse de dos maneras. De hecho hay una primacía del Rito Romano por ser el de la Sede Apostólica Universal. El sacerdote de rito romano puede celebrar también los otros ritos, pero a la inversa se requieren permisos y motivos graves.

Parece también evidente que el papa Pablo VI tenía la intención de reemplazar el Misal precedente y quería restaurar la liturgia restableciendo ciertos ritos "según la antigua norma de los Padres" (Introducción general al Misal romano de 1970). Cuatro siglos antes, los artesanos del "Misal de Pío V" (éste data de 1570) no pudieron hacer otro tanto, porque no disponían de los recursos históricos necesarios. Eran incapaces de consultar los manuscritos anteriores al pontificado de Inocencio III, hacia 1216. El resultado es que el Misal del concilio de Trento es un híbrido de elementos medievales franco-germánicos que han sido añadidos a un núcleo romano que data de finales del siglo VI.

Comentario Druídico: Pelillos a la mar… “tenía la intención”… pues no la manifestó en un documento solemne, probablemente porque sabía que no podía hacerlo.

Por eso el nuevo Misal de Pablo VI está más cerca de "la antigua norma de los Padres" que el Misal de Pío V. El artículo 6 del Preámbulo de la Instrucción general del Misal de Pablo VI presupone que había algo incompleto en el antiguo Misal, porque afirma que "el antiguo Misal romano [Pío V] era perfeccionado con el nuevo [el de Pablo VI]".

Comentario Druídico: Los estudios de Mons. Gamber han demostrado cabalmente lo contrario. En libros diversos del actual papa se refuta esta afirmación, por ejemplo, respecto a la orientación del altar. Dejemos de lado la “protestantización…”.

El Misal de Pío V es un producto del siglo XVI y ha sido elaborado durante el período más revuelto de la Reforma. Lleva pues la señal de las relaciones difíciles de la Iglesia con un mundo que consideraba opuesto a su autoridad y a sus tradiciones. Lo vemos bien en la lista de las diferentes misas que era posible celebrar y que llevaban nombres que se remontaban a la Edad Media. Pensamos, por ejemplo, en la misa "Contra los paganos".

Comentario Druídico: Conclusión, el Novus Ordo es el resultado de una alianza de la Iglesia con el mundo moderno, por lo cual sería bueno instituir una misa a favor del paganismo…

El aspecto más problemático de la Misa tridentina es el tratamiento concedido al judaísmo. Los judíos fueron descritos como "pérfidos" en el antiguo misal. Esta referencia ha sido retirada del Misal en 1962, es verdad, pero se mantuvieron las oraciones para su conversión, lo que es contrario a la Declaración del Vaticano II sobre la Iglesia y las religiones no cristianas (cfr. Nostra Aetate 4).

Comentario Druídico: Houston, tenemos un problema…

Del mismo modo, cuando el Misal habla de cristianos de otras Iglesias, les designa como "herejes" y "cismáticos". Estas denominaciones no son, ciertamente, de naturaleza que favorezca el diálogo ecuménico.

Comentario Druídico: Lo cual reafirma el distinto fundamento teológico del cada uno de los misales.

Y dado que el Leccionario que tiene este misal no contiene, prácticamente, ninguna lectura del Antiguo Testamento, la presentación litúrgica de la Palabra de Dios es verdaderamente deficiente. Es un problema que los Padres del Concilio quisieron remediar (cfr. Constitución sobre la Santa Liturgia, 51).

Comentario Druídico: ¿1500 años de lecturas deficientes? ¿Ignorancia del Antiguo Testamento? Basta leer el misal de los fieles del rito tradicional para ver el fundamento veterotestamentario de muchísimas de las oraciones de la misa. Ni hablar del Breviario. Esta afirmaciones solo puede sostenerse en la ignorancia general (no culpable) de los fieles sobre el rito tridentino.

Debemos también subrayar la pobreza de la eclesiología del antiguo Misal. También en ella se presenta la imagen de la Iglesia de la Contra Reforma y concede muy poco sitio a los fieles bautizados. Se habla exclusivamente del papel de los ministros ordenados, y tanto la introducción como las rúbricas del Misal de Pío V no hacen mención de la asamblea de los fieles. Éstos deben pues contentarse con el papel de extras o de espectadores mudos.

Comentario Druídico:
A lo primero, se trata de lo que se llama “sacerdocio ministerial” hoy completa y desatrosamente confundido con el sacerdocio común de los fieles. El sitio de los fieles es el de asistentes a los misterios, no el de sus celebrantes. Sólo pueden celebrar los clérigos según su orden. Subidiáconos, diáconos, sacerdotes, obispos.


Por cierto que muchas de las partes de la misa son “dialogadas” y otras se cantan en común o reponsorialmente entre fieles y clero. La barandilla del comulgatorio, además, en la “pobre eclesiología tridentina” define claramente la división entre el sancta sanctorum y su área aledaña, solo accesible al clero (presbiterio) y la parte del templo que es común a todos los fieles.

Más allá de los problemas de eclesiología del rito tridentino, nos choca otra debilidad, es la pobreza de su pneumatología (la teología del Espíritu Santo). La fe que la Iglesia expresa en su liturgia es una fe en Dios trino. Rogamos al Padre, con el Hijo, en el Espíritu Santo. Desafío a encontrar, en el Misal de Pío V, un epiclesis (una invocación al Espíritu Santo sobre las ofrendas y los fieles), que las Iglesias como en Oriente que en Occidente consideran un elemento teológico importante para una Oración eucarística completa.

Comentario Druídico: “la pobreza de su pneumatología”_ Es insólito que bajo este neologismo que parece una especialidad médica se niegue la exactitud y riqueza del canon romano. Tamaña confusión requiere una explicación larga y autorizada:

“Para asegurar la validez de la misa y para celebrarla con la dignidad que se impone, la Iglesia desde la época patrística estableció un formulario y prescribió unas actitudes. El formulario está compuesto de un conjunto de oraciones oblativas, adorantes, suplicantes, que tienen una relación directa con la consagración. Esas oraciones dejan ver con una transparencia sin sombra que el relato de la institución leído durante la misa, opera objetivamente el Santo Sacrificio. Es algo infinitamente distinto de una lectura simplemente evocadora de la última Cena, sin eficiencia verdadera.

No solo las oraciones del Canon romano antes y después de la Consagración, sino también la fórmula que encuadra inmediatamente las palabras sacramentales, están compuestas de tal manera que manifiestan con toda limpidez la realidad objetiva del Sacrificio, su naturaleza y sus efectos. Son dignas en todo del Señor que nos ha dicho: “El Padre busca adoradores en espíritu y en verdad”. Ofrece infaliblemente el santo Sacrificio “en espíritu y en verdad”. El sacerdote que se deja guiar y llevar por el Canon romano.

¿Qué medios se han puesto en práctica para arruinar el Canon romano, para hacer reinar el equívoco y la falta de devoción en un ordenamiento ritual que no era hasta ahora sino verdad y piedad? Esos medios son los desplazamientos, los agregados y sobre todo el silencio intencional. Se empieza por pasar para después de la consagración a la mayor parte de las “preces eucharisticae”: apenas una breve invocación al Espíritu Santo enclavada entre el Sanctus y el relato de la institución. Se quiere a toda costa que el sacerdote venga a tropezar con la consagración sin darle el tiempo conveniente para tomar conciencia de lo que va a hacer sin permitirle prepararse al misterio infinito que va a realizar. Luego, justo después de la consagración se desvía la atención del sacerdote hacia la asamblea para entablar un diálogo que, sin ser herético, no hace ninguna alusión precisa al Santo Sacrificio, ofrecido aquí y ahora. Finalmente, si se han retenido, más mal que bien, ciertas ideas del Canon romano sobre la naturaleza de la misa y sus efectos, se las ha sistemáticamente enervado y debilitado con omisiones bien calculadas: el Señor Dios a quien es ofrecido el Sacrificio ya no es invocado bajo los títulos de su omnipotencia o de su clemencia infinita; ni una palabra de nuestra condición de servidores y de pecadores, como obligados por esos dos títulos a ofrecer el Santo Sacrificio; nada sobre la Iglesia como “católica y apostólica”. Para acabarlo todo se esteriliza, no sin duda la fórmula sacramental de la consagración, sino al menos su presentación inmediata, privándola de toda referencia al “Padre Todopoderoso”. De resultas de esas alteraciones y manipulaciones, las inextinguibles riquezas, pero bien definidas, del rito consagratorio ya no son convenientemente explicitadas. Las disposiciones interiores requeridas para recibir los frutos sobrenaturales del Santo Sacrificio, ya no son favorecidas como conviene. ¿Cómo evitar que sacerdotes y fieles, poco a poco, cesen de percibir la significación de la Misa y que la Misa católica se deslice hacia la cena protestante.

Roger Thomas Calmel, OP, El Canon Romano, págs. 100-2

Todas las nuevas plegarias eucarísticas que se encuentran en el misal de Pablo VI contienen tal invocación al Espíritu Santo. La pobreza pneumatológica del acto central de la liturgia de la Iglesia (el canon romano es la sola plegaria eucarística del Misal de Pío V) es tal que las celebraciones de quienes utilizan solamente este misal están privadas de una gran riqueza.

Comentario Druídico: Sobre esto digamos que hay casi un canon distinto por misa, porque cada cura inventa el suyo.

Los problemas teológicos del rito tridentino son importantes y se deben al hecho de que dicho rito no es conforme con las enseñanzas del Vaticano II.

Comentario Druídico:
Houston, tenemos otro problema: la liturgia de mil años de la Iglesia romana no es conforme a las enseñanzas del Concilio Vaticano II…

Pero las dificultades pastorales que nacerán de la puesta en marcha de este Motu proprio peligran de ser aún mayores. La primera dificultad concierne a los sacerdotes. ¿Dónde se podrán encontrar sacerdotes competentes dispuestos a celebrar la misa y los otros sacramentos según el rito antiguo? Por otra parte, ¿se deberán ofrecer, en los grandes seminarios, cursos de latín y de liturgia para formar a los nuevos sacerdotes y hacerles capaces de celebrar la misa y los sacramentos según el rito antiguo al mismo tiempo que se les forma para celebrar según las exigencias del Vaticano II?

Comentario Druídico: Habrá leído este buen hombre no solo la Veterum Sapientiae sino la misma constitución Sacrosanctum Concilium… Pues en ambas se pide mantener el latín, etc.

Concediendo, oficialmente, al rito medieval del Misal de Pío V un estatuto “extraordinario”, el Papa Benedicto XVI compromete la coherencia de la visión que la Iglesia tiene de sí misma y corre el riesgo de reducir la liturgia a una cuestión de gusto personal en lugar de convertirla en lo que ella debe ser: la expresión auténtica de la fe de los cristianos que viven en el siglo XXI. Admitiendo que el Papa Benedicto XVI cita a menudo el axioma venerable de los Padres de la Iglesia “lex orandi, lex credendi” (tal como oramos, así creemos), su Motu proprio ignora su sentido.

Comentario Druídico: Este es un párrafo antológico. Casi tiene razón.

En una palabra, Summorum Pontificum debilita la unidad de la Iglesia porque ignora las orientaciones fundamentales del Concilio Vaticano II.

Comentario Druídico: A confesión de parte…

El P. Mark Francis, c.s.v., es el superior general de la Congregación de los Clérigos de San Viator. Enseña en el Instituto pontificio de liturgia de San Anselmo, en Roma, y en la Universidad Santa Clara, en California, EEUU

Traducido por Goio Eskibel, c.s.v.

Comentario Druídico:
Fíjense: es profesor de liturgia ¡en Roma!

Fuente: Radio Evangelización

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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