Panorama Católico

El Rosario y las Naciones

En Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

Me gustaría hablar sobre el santo Rosario porque es una oración muy poderosa para la salvación no solo de las almas individualmente, sino de las naciones.

En Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos hermanos,

Me gustaría hablar sobre el santo Rosario porque es una oración muy poderosa para la salvación no solo de las almas individualmente, sino de las naciones.

Por supuesto, el Rosario contribuye muchísimo para nuestra santificación personal: es un resumen del Evangelio; nos recuerda y nos hace pensar, meditar sobre los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos de la vida de Nuestro Señor. También es como un “mini-catecismo” que nos hace contemplar los grandes misterios de la religión: la Encarnación, la Redención, la vida eterna, y pedir las principales virtudes cristianas: fe, esperanza, caridad, humildad, paciencia, pureza, espíritu de pobreza…

Especialmente en estos tiempos actuales. Según Sor Lucía, vidente de Fátima: “En estos últimos tiempos en que vivimos, la Santísima Virgen dio una eficacia nueva a la oración del Rosario. De tal modo que no hay ningún problema, por muy difícil que sea, temporal o sobre todo espiritual, en la vida personal o familial, o en la vida de los pueblos y de las naciones, que no se pueda resolver por el Rosario. Con el santo Rosario, nos salvaremos, consolaremos a Nuestro Señor y obtendremos la salvación de muchas almas”.

¡Entonces, sean muy fieles en su Rosario cotidiano!…

Además, el Rosario puede obtener la salvación de las naciones. La historia lo muestra claramente: Lepanto (1571 contra los musulmanes), Francia (1628 contra los protestantes) Viena (1683 contra los Turcos), Hungría (1716), Brasil (1964 contra el comunismo), Chile (1973), etc. Son tantas victorias brillantes, humanamente inexplicables, obtenidas por el santo Rosario.

Voy a detenerme a hablar un poco del caso también de Portugal. Era, desde el principio del siglo XVIII el país más secularizado del mundo. La política antirreligiosa del Marqués de Pombal, el éxito de las ideas de la Revolución Francesa, la predominancia de la masonería, fueron las causas principales de esta situación gravísima. En el día 5 de octubre de 1910, los masones consiguieron destruir la monarquía y, hasta 1917, dejaron cometerse las peores violencias contra la Iglesia y los católicos. En el día 26 de marzo 1911, en un congreso de librepensadores, el masón Afonso Costa había afirmado que Portugal se hallaba admirablemente preparado para la ley de separación de la Iglesia y del Estado por la cual “en dos generaciones, el catolicismo estaría completamente eliminado”. Los años que siguieron fueron los más sombríos de la historia de Portugal. La anarquía y la impiedad hicieron todo para eliminar la religión católica: supresión de las relaciones con el Vaticano, varios obispos impedidos de residir en su diócesis, congregaciones enteras rechazadas, prohibición de llevar la sotana, un clero casi privado de lo más necesario, párrocos expulsados, los documentos pontificios prohibidos, enseñanza atea, escolares desfilando en las calles y gritando “ni Dios, ni religión”, etc.

Solamente un milagro podía salvar Portugal.

Ya desde 1910, algunos católicos reaccionaron. Estudiantes de la ciudad de Coimbra constituyeron una asociación para estudiar y difundir las encíclicas sociales de los Papas. Entre estos estudiantes, uno se llamaba Antonio de Oliveira Salazar…

También, estos estudiantes se dirigieron a Nuestra Señora que es, desde el día 20 de octubre de 1646, la Reina de Portugal (siempre sus Reyes colocaron su corona sobre la cabeza de la estatua de nuestra Señora de la Concepción). Así, en 1915, estos estudiantes católicos instituyeron la “Cruzada del Rosario” que tuvo un inmenso éxito: las iglesias de Lisboa estuvieron llenas durante todo el mes de Mayo; incluso se veía oficiales del ejército rezando con su uniforme, Rosario en mano, lo que era un acto de coraje.

Dos años después, la Santísima Virgen, Ella misma, “más fuerte que un ejército en orden de batalla[1], vino a Fátima y reactivó la palabra de orden de la Cruzada del Rosario, sinónimo de victoria para la cristiandad: “Rezad el Rosario todos los días”, repitiendo eso en cada una de sus seis apariciones y designándose bajo el título de “Nuestra Señora del Rosario”.

La situación de Portugal mejoró entonces tan rápidamente que, en el día 29 de abril de 1918, el Papa Benedicto XV no vaciló en hablar de una “ayuda extraordinaria [2] de la Madre de Dios”.

Portugal estaba salvado.

En nuestros países, la situación actual es semejante a la de Portugal cuando era gobernado por los enemigos de la Iglesia. La libertad religiosa, que San Agustín llama la “libertad de perdición”, hace de las instituciones públicas (universidades, escuelas, tribunales, hospitales, gobierno, leyes, etc.) instituciones ateas. La era de las naciones oficialmente y realmente católicas ha desaparecido. Estamos en una época en que “Jesucristo no reina sino por las calamidades vinculadas con su ausencia” [3]. Y, desgraciadamente, los obispos difunden esta terrible llaga de la libertad religiosa expresa en la declaración “Dignitatis humanæ” del Concilio Vaticano II.

Realmente, la situación es grave, humanamente sin solución.

Humanamente, sí. Con la fe y la oración perseverante del santo Rosario, no. La historia lo prueba. Lo que aconteció en Lepanto, en Austria, en Portugal, puede acontecer también en la Argentina. ¡Pero, Padre, somos tan pocos!”. Los estudiantes de Coimbra eran aun menos numerosos, los turcos de Lepanto eran poderosísimos, los protestantes franceses en 1628 parecían vencer, etc. Pero fue el Rosario que venció en todos estos casos, y en otros más.

El Rosario, pues, es una arma, pacífica por supuesto, pero una arma extremamente eficaz contra toda especie de mal; conocí un santo sacerdote que lo llamaba “la ametralladora con 53 balas que nunca falla”.

Podemos y debemos poner nuestra total esperanza en el Rosario, como Pío XII, que decía: “Ponemos una grande esperanza en el Rosario como remedio para los males que afligen nuestra época”.

Los malos hoy son fuertes porque los católicos en general tienen a menudo poca esperanza, o una esperanza ilusoria prefiriendo el espíritu de conciliación al espíritu de combate.

¿Cada uno puede responder “sí” en su corazón a esta pregunta?: “¿Usted reza el Rosario todos los días, y con la Argentina por intención?”.

Es lo que debemos hacer con una fe y una confianza inquebrantable, todos los días de nuestra vida.

Ave María Purísima.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


[1] Cantique des cantiques
[2] «Singulare quoddam auxilium»
[3] Cardenal Pie.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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