Panorama Católico

El Siglo de los Mártires (última parte)

Al iniciarse la era comunista en la China la Iglesia estaba dirigida por 20 arzobispos y 83 obispos. Había 17 seminarios mayores con unos 4.000 alumnos, tres universidades y más de 4.000 escuelas. Mao comenzó expropiando todas las tierras, medida que fue aprobada por personalidades protestantes, en Shangai. Este y otros datos desconocidos lo sorprenderán al lector del artículo del Prof. Ossandón Valdéz, cuya última parte publicamos hoy.

Al iniciarse la era comunista en la China la Iglesia estaba dirigida por 20 arzobispos y 83 obispos. Había 17 seminarios mayores con unos 4.000 alumnos, tres universidades y más de 4.000 escuelas. Mao comenzó expropiando todas las tierras, medida que fue aprobada por personalidades protestantes, en Shangai. Este y otros datos desconocidos lo sorprenderán al lector del artículo del Prof. Ossandón Valdéz, cuya última parte publicamos hoy.

Escribe Juan Carlos Ossandón Valdéz

EL ESTE DE EUROPA

Como Polonia, aunque no en tan alto grado, estos países sufrieron primero el vendaval nazi para continuar con el comunista. Es necesario recalcar que el segundo fue mucho peor que el primero.

En Checoslovaquia los nazis encerraron en los campos a muchos sacerdotes. Se estima en 73 los muertos en el comienzo de la persecución. Después de que un comando británico asesinara a Reinhard Heydrich en 1942, pueblos enteros fueron arrasados como represalia. Cuando entró el ejército rojo en 1945, los ciudadanos de nacionalidad alemana fueron expulsados o confinados: el 90% de ellos era católico. En 1950 se inicia el intento de supresión de la religión con el juicio de nueve superiores religiosos, acusados de espionaje a favor de la Santa Sede. Hacia 1954, trece obispos y unos 2.000 sacerdotes estaban confinados en los "campos de trabajo" o en prisiones. El hábito religioso fue prohibido y se creó una asociación de sacerdotes colaboracionistas con el gobierno. En 1982, de 4.600 parroquias, 1.600 carecían de sacerdote.

En Hungría los nacionalsocialistas mataron a unos 485.000 ciudadanos. Los judíos de raza eran unos 80.000, pero en su mayoría eran católicos de religión… igual perecieron. Hoy se acusa a los obispos católicos de sumisión… mas la actitud de Mons. Midszenty muestra el verdadero temple de ese episcopado. Cuando penetró en la región el ejército rojo, el episcopado llamó a los sacerdotes a no abandonar a los fieles. Poco conocido es el caso del obispo Mons. Apor, por ejemplo, asesinado por intentar defender a las numerosas mujeres que habían buscado refugio en su palacio.[1] En 1951 los comunistas intentaron suprimir la Iglesia. Fueron deportados unos once mil religiosos. ¿Cuántos perecieron en prisión? Tal vez algún día algo se sepa de su suerte.

Otro tanto puede decirse de Yugoslavia con la diferencia de que hubo un gobierno nacionalista en Croacia, amparado por las fuerzas del Eje. Por desgracia, a pesar de que muchos de sus miembros eran católicos, prevaleció el nacionalismo herido y las matanzas fueron atroces.

El fin de la segunda guerra no supuso el fin de la crueldad. Ya vimos que los comunistas habían intentado separar a los católicos de Roma. La misma táctica usarán en los países que les regaló la miopía occidental. Y el martirio continuó.

En Rumania, previa deportación de todos sus obispos, los greco-católicos fueron asimilados a la Iglesia ortodoxa, lo que creó una Iglesia clandestina. Se desconoce el número de sacerdotes y religiosos que corrieron la misma suerte que sus obispos, pero se sabe que la mayoría murió en el GULAG. A los católicos de rito latino se los trató de otro modo: se los dejó tranquilos mientras se suprimía a los de rito griego… mas pronto intentaron separarlos de Roma. Intento vano. Un sacerdote recuerda que se le acercó, en el GULAG, un hombre demacrado que le dijo: "Antonius episcopus fame moritur. Da mihi absolutionem". Era Mons. Durcovici quien fallecía a los pocos días, el 10 de diciembre de 1951[2].

El martirologio de los obispos por esta causa es historia de nunca acabar. Especialmente notable es la resistencia de los primados: Midszenty en Hungría, Wyszynski en Polonia, Stepinac en Yugoslavia, por nombrar solo los más conocidos. Para forzar su asentimiento, la tortura era la norma. Pero evitaban matarlos. Así nació la técnica conocida como "lavado de cerebro" que resultó bastante efectiva… o bien forzaban un acuerdo ambiguo que luego explotaban en su favor… un poco como hicieron antes los nazis.

Algún éxito tuvieron estas tácticas como lo prueban esos 38 eclesiásticos que formaron la "asociación de sacerdotes progresistas" en Rumania, excomulgados por el cardenal Hossu. Este Cardenal, el resto de los obispos y seiscientos sacerdotes fieles fueron inmediatamente arrestados. Así pudo celebrarse un sínodo que unió a los greco-católicos con Moscú.

Tal vez sea Albania donde el Estado ateo logró su mayor éxito. En 1980, se calcula que más del 1,5% de la población del país estaba detenida en los campos. Desde 1967 quedó prohibida toda manifestación de culto. El uso de la tortura parece que sobrepasó todos los límites. Leamos una página sobrecogedora, a modo de ejemplo, de cómo se vivía en esos famosos campos:

"Era enero de 1946, una noche consagrada a las torturas… Bajo las escaleras estaban las letrinas, sin puertas, que apestaban de un modo insoportable. Fue allí que vi una sombra oscura que se movía hacia adelante y atrás… Le pedí al guardia que me dejara ir al lavabo. Después de insistir, el guardia accedió y me desató los pies. Cuando entré en aquél lugar… la sombra… se desplazó hacia delante. No pude reconocerla porque estaba oscuro y porque tenía el rostro desfigurado a causa de las torturas. Por la sotana advertí que se trataba de un sacerdote católico… Al cabo de poco llegaron los guardias para conducirlo arriba. Y ese "arriba" significaba, después de medianoche y en la jerga de la prisión, ser sometido a interrogatorios y torturas… Un poco antes del alba oímos a los guardias trasladarlo abajo. Lo arrojaron inerte a nuestros pies. Los guardias intentaron llevarlo hasta las letrinas, debajo de las escaleras, pero no llegaron porque el hedor les impedía respirar. Lo dejaron en el suelo de cemento, delante de nosotros. No se movía, sólo gemía de vez en cuando. Su sotana estaba cubierta de sangre que brotaba de sus ojos como también de su rostro… A la hora de la comida, uno de nosotros, que había recibido algunos alimentos de la familia, le dio una naranja, sin que los guardias se percatasen de ello. Pero, para nuestra sorpresa, el sacerdote la rechazó: "No, hijo mío, cómetela tú. Tú eres joven y la necesitas más que yo". Después los guardias lo cogieron y lo condujeron debajo de las escaleras, a aquel lugar horrible y oscuro, lleno de excrementos viscosos. Solo con el tiempo supe que aquel hombre… era el P. Dajani S.J., mi viejo profesor, el mártir que no pude reconocer porque había sido terriblemente torturado"[3].

A pesar de tan horrible persecución no se conoce el caso de ninguna apostasía en el clero albano.

CHINA

Este país merece una investigación muy acuciosa porque es el más desconocido. Ya hemos insistido en que ignoramos más de lo que sabemos en materia de persecución y martirio de nuestros hermanos lo que es particularmente cierto de China.

En 1900 se produjo lo que suele denominarse la "revuelta de los bóxers", contraria a la presencia de occidente. Cinco obispos, 30 religiosos europeos, 100 religiosos chinos y unos 30.000 fieles perecieron en esos años, aunque algunos elevan la cifra a cien mil. También los protestantes sufrieron muchas víctimas. Su carácter de mártir no puede ponerse en duda ya que a casi todos se les ofreció perdonarles la vida si renunciaban a la fe extranjera. La reacción occidental castigó a China con una matanza tal vez peor que la realizada por los bóxers.

Con la segunda guerra mundial ingresa en China el comunismo asesino de cristianos. Había más de 3.000.000 de fieles al inicio del conflicto. A diciembre de 1941 ya habían sido asesinados dos obispos, 55 sacerdotes, 17 religiosos y 9 monjas. En 1949 Mao proclama la República Popular China, donde "el Cielo también tiene que ser chino"… lo que nos muestra el sentido que tendrá la persecución, una de las más crueles y astutas de que haya memoria.

Puede decirse que el país se convirtió en un gran campo de trabajos forzados… se ha podido contabilizar más de un millar de ellos, algunos de grandes proporciones, dedicados a reeducar al pueblo. Se calcula que su población, promediaba unos 10 millones de prisioneros, con un índice de mortalidad del 5% anual. Es decir, cada año morían unas doscientas mil personas en ellos. Lo más curioso es que cuando se cumplía la condena, como a menudo no se les autorizaba a abandonar el campo, muchos prisioneros seguían allí por tiempo indefinido.

Al iniciarse la era comunista, la Iglesia estaba dirigida por 20 arzobispos y 83 obispos. Había 17 seminarios mayores con unos 4.000 alumnos, tres universidades y más de 4.000 escuelas. Mao comenzó expropiando todas las tierras, medida que fue aprobada por personalidades protestantes, en Shangai.

Recuerdo que un misionero jesuita chileno, expulsado de China, nos explicaba, a los alumnos de los colegios católicos de Santiago, la astucia de la persecución. En el pequeño pueblo donde misionaba, había un católico de edad avanzada muy respetado. Al ingresar los comunistas y observar el ascendiente del anciano, lo acusaron de corrupción… acusación que, por supuesto, nadie creyó. Cuál no sería la sorpresa del sacerdote y de todos al ver a la esposa e hija del anciano testificar en su contra. Posteriormente la hija le explicó: los comunistas nos prometieron salvar la vida de mi padre si testificábamos en su contra… tan solo les interesaba hacerlo salir del pueblo, nos aseguraron. Por desgracia, ellas creyeron en la palabra de los hijos de Satanás. Así se comprende que en ese país hayan logrado formar una iglesia nacional, independiente de Roma, con obispos y todo.

A nosotros nos resulta incomprensible el clima que estas persecuciones producen. Recuerdo que el profesor Héctor Herrera me contaba que Juan Gómez Millas, ex ministro de educación en Chile, que visitó China en varias ocasiones, tuvo que asistir a numerosas cenas de gala. En más de una ocasión le tocó sentarse junto a un obispo de la iglesia patriótica. Cuenta que los obispos que le tocó conocer parecían autómatas… no importaba qué se les preguntase sobre su iglesia, su respuesta era siempre más o menos del siguiente tenor: "el gobierno ya conoce el problema y va a tomar la medida más conveniente para el pueblo". En más de una ocasión vio deslizarse lágrimas por las mejillas del obispo. Los que vivimos en Chile el clima creado por el tirano Allende, y eso que fue sólo el prólogo, algo entendemos a estos pobres obispos.

Pero la creación de la iglesia patriótica no la lograron fácilmente. En 1952 ya habían expulsado a 12 obispos extranjeros y a 30.000 misioneros… mientras 23 obispos nativos estaban encarcelados. Incontables cristianos laicos fueron apresados e ignoramos su suerte aunque la sospechamos. En 1957 lograron formar la Asociación Patriótica de Católicos Chinos que llegó a contar con 42 obispos ordenados sin autorización de Roma. Los que no ingresaron en la asociación fueron arrestados. Los obispos fieles a Roma respondieron ordenando nuevos obispos, secretamente, en prisión, a fin de que pudieran seguir la lucha que dura hasta hoy.

ESTE DE ASIA Y OCEANÍA

En Corea hay que recordar, después de las terribles persecuciones del siglo XIX, la matanza de la isla Cheju, en 1901, donde murieron al menos 600 cristianos. También en Birmania, a pesar de lo pequeño de la comunidad católica, cada cierto tiempo hemos de lamentar el asesinato de un sacerdote o catequista. Lo mismo habría que decir de Sri Lanka como también de los diversos países que conforman la Oceanía. Aunque nos llame la atención, tales delitos se continúan cometiendo en el día de hoy. Pero el momento álgido fue la segunda guerra cuando el ejército japonés, tan benemérito desde otros puntos de vista, se forjó una fama de crueldad incomprensible para nuestras costumbres occidentales. Nuevamente la ignorancia cubre con su velo la tragedia. Digamos que sólo en Indonesia los japoneses confinaron a la mayoría de los misioneros en campos de concentración. Sabemos que, al menos, murieron allí unos 74 sacerdotes, 47 misioneros laicos y 169 monjas. En diversas islas conquistadas por ellos en Oceanía y Nueva Guinea, se habla de la muerte de 118 religiosos y 78 monjas, además de la destrucción de 1.200 edificios. Por supuesto que la persecución también afectó al mismo Japón, aunque, por el momento, carecemos de mayor información. Tal vez lo más lamentable haya sido la destrucción de Nagasaki donde residía el grupo de católicos más numeroso de todo el país.

Después de la guerra de Corea, el norte intentó destruir toda presencia cristiana en su territorio. A la comisión ya han llegado 240 historias que relatan los indecibles sufrimientos de los católicos que permanecieron en él.

Tampoco hay que olvidar a Indochina que conoció una horrible masacre de católicos en el siglo XVIII. Hacia 1950 había casi un millón y medio de cristianos en Vietnam guiados por 1.250 sacerdotes nativos, mientras 450 jóvenes estudiaban en los seminarios. El inicio de la guerra hizo huir hacia el sur a unos 800.000 fieles. Al norte los comunistas aniquilaron lo que quedó. Al conquistar el sur, comenzaron a perseguir a la Iglesia formando también una asociación patriótica… pero no lograron la ayuda de ningún obispo. Todos los misioneros extranjeros fueron expulsados.

Algo parecido puede decirse del pequeño Laos, mas Camboya merece mención aparte por la locura del tristemente célebre khmer rojo. Se calcula que asesinó a la tercera parte de la población en su afán de crear un "pueblo nuevo". La Iglesia desapareció del todo en ese país. Poco antes de las matanzas, los católicos eran 62.000, servidos por 77 sacerdotes y 266 religiosas. Tal parece que no hubo supervivientes.

ÁFRICA

En el siglo XX, África fue el continente de las misiones y, como siempre ha ocurrido, la Iglesia nació en medio del martirio y la persecución. Sin embargo, lo peor comenzó con la independencia de las nuevas naciones en la segunda mitad del siglo. Hay que consignar, eso sí, que casi siempre se limitaban a matar… no sobresalen en ese refinamiento en la tortura, tan propio de los socialismos de todo tipo.

Cuando estalla la primera guerra, ya hay más de un millón de cristianos en el continente… en 1920 su número se ha duplicado. Cuando se inicia la independencia de las naciones, su cifra supera los 24 millones, sin contar los catecúmenos. Por desgracia esta independencia hace regresar las riñas tribales que buscan lisa y llanamente la extinción de la rival… es decir, son genocidas. Y la Iglesia se ve envuelta en el conflicto. Por eso, muchas veces, las muertes no tienen motivo religioso… pero sí lo tiene la permanencia del clero, religiosos y religiosas que no quieren abandonar a los fieles. Por ello pueden considerarse mártires, siempre que se pruebe que su permanencia se debió a su fe o su caridad sobrenaturales.

En 1950, los cristianos, incluidos los protestantes, constituían cerca del 10% de la población que habitaba al sur del Sahara y que comenzaría su proceso de emancipación de las potencias coloniales… es decir, unos once millones. En 1978 ya había unos 5.000 sacerdotes nativos en dichos territorios. Cabe recordar que el gran organizador del catolicismo africano fue Mons. Lefebvre, hecho reconocido por Riccardi[4].

Curiosamente, los protestantes que allí vivían fueron entusiastas partidarios de la descolonización, en especial la comunidad anglicana que, en 1958, en la conferencia de Lambeth, se pronunció en su favor. Los católicos procuraron mantenerse al margen del problema político. El resultado del proceso es aterrador. Sólo en el Congo belga murieron unos 400.000 en los años sesenta. Cabe destacar que un 40% de su población era católica. Particular incumbencia tuvo, en los luctuosos sucesos, el comunismo de inspiración china, con el consiguiente intento de exterminar a la Iglesia.

Poco a poco comienzan a llegar a la "Comisión Nuevos Mártires" testimonios procedentes de Kenia, Camerún, Uganda, Zimbabwe, Angola, Mozambique, Madagascar, etc. etc.… además de los ya conocidos con anterioridad. Como el de los 50 misioneros asesinados en Buta, ex Congo belga, en 1965. O el del obispo de Wamba, Mons. Wittebols, belga, asesinado junto a siete misioneros, en 1964. En ese país africano se organizó el movimiento Simba, de inspiración comunista china, que se destacó por su odio del cristianismo.

En Kenia la fama se la llevó el movimiento Mau Mau por su odio contra Occidente y la facilidad con que mataba a todo europeo. ¿Cuántos de ellos fueron mártires? Imposible saberlo sin un estudio circunstancial de cada caso.

En Uganda sobresale el sanguinario Idi Amin Dada que toma el poder en 1971. Se calcula que sus víctimas ascienden a unos trescientos mil.

En Ruanda, en los noventa, las víctimas se cifran en ochocientos mil. ¿Y qué decir del genocidio en que están enfrascados hutus y tutsis? ¿Y las víctimas de UNITA en Angola? Es temprano aún para hablar de cifras.

EL LIBERALISMO

Como decía al comienzo, el liberalismo fue asesino en el siglo XVIII, pero excepcionalmente volvió a serlo en México y España en el XX. En ambos casos sucede algo muy peculiar. La persecución que comenzó siendo liberal terminó bolchevique. Con lo que se cumplió admirablemente lo que el magisterio pontificio siempre enseñó: el socialismo es el hijo natural del liberalismo.

Particularmente deficiente es el tratamiento de este capítulo de parte de Riccardi quien, de partida, ignora absolutamente que la causa del martirio radica en la ideología liberal… aunque a veces recuerda el anticlericalismo decimonónico sin especificar la naturaleza de dicha actitud… es decir, su carácter liberal.

México libró la heroica guerra cristera, a comienzos del siglo, en forma casi desconocida para el resto del mundo, que trató de ignorar la tragedia mediante el velo del silencio. Velo hecho posible por el control masónico liberal de los medios periodísticos a nivel mundial. Recordemos que la laicización del país legal comienza a mediados del siglo anterior, pero la prudencia de Porfirio Díaz logró una convivencia pacífica soportable, hasta el extremo de que la Santa Sede intentó firmar un concordato, lo que no prosperó. Los obispos pudieron, incluso, celebrar concilios provinciales. En 1911 se forma un partido político católico, pero el asesinato de Madero en 1913 abrirá las puertas a una nueva persecución. Después de una breve guerra civil, Carranza se impone y destina al exilio a cuanto sacerdote halló, además de destruir iglesias, etc. 160 sacerdotes hallan la muerte en ese fatídico 1915.

La nueva constitución de 1917 es violentamente antirreligiosa y pretende someter enteramente la Jerarquía al Gobierno. Desde entonces se considera a los sacerdotes: "espías del Vaticano". Pero sus artículos más violentos contra la Iglesia no se aplicaron hasta que asumió el poder Plutarco Elías Calles quien, entre otras iniciativas, creó la iglesia apostólica mejicana, independiente de Roma, por supuesto. A Dios gracias no contó con la ayuda de ningún obispo y casi ningún sacerdote. En 1926, al grito de ¡viva Cristo Rey! el pueblo mejicano no soporta más tanto abuso y se alza en armas. Por desgracia Pío IX no apoyó a los cristeros, como tampoco una parte del episcopado nacional, limitándose a denunciar el anticlericalismo gubernamental. En los primeros días, unos noventa sacerdotes fueron fusilados y el número de víctimas civiles es incontable. Gracias al gran apoyo popular, prácticamente unánime, y a la corrupción del ejército federal, el pueblo se fue armando y ganó la guerra.

En efecto, cuando Pío XI encargó a Mons. Ruiz y Flores, obispo de Morelia que lograra un acuerdo con el gobierno, éste, con el apoyo de los demás obispos, intimó la rendición de los cristeros y la entrega de las armas, bajo pena de excomunión, cuando la guerra estaba prácticamente ganada. Estos hechos no los narra Riccardi, por supuesto. Quisiera justificar mi aserto que podría sorprender. El poder civil solo controlaba las ciudades de mayor población, pero carecía del mundo rural que es el que produce los alimentos. ¡Tres cuartas partes del territorio eran ya cristero! Solo era cuestión de meses y la capital caería en sus manos. Días antes de firmarse el acuerdo, una gran ofensiva del gobierno federal, apoyada por aviones que EE.UU. le había proporcionado, había terminado en un doloroso fracaso.

La primera medida del gobierno fue ordenar el asesinato de todos los que habían entregado las armas, a pesar de haber obtenido un salvoconducto oficial, por obedecer a la Jerarquía Eclesiástica. Es una de las páginas más tristes de nuestra historia: que nuestros obispos hayan traicionado la causa de Cristo y ¡de qué forma! Es, tal vez, el mejor ejemplo que se pueda proponer del feo vicio del clericalismo. Porque si lo pensamos un instante, tenemos que aceptar que si hay una actividad propia de seglares donde los eclesiástico no tienen autoridad, es la guerra. Quien debía llevar adelante las conversaciones de paz era el responsable del movimiento cristero alzado en armas y no los obispos, la mayoría de los cuales estaba en el exilio. Pero Pío XI ignoró absolutamente a los combatientes para entenderse directamente con el tirano, a pesar de desconocer la situación militar.

Se sabe que, en sus últimos meses, el Papa sufría de terribles escrúpulos. ¿Serían consecuencia de esta terrible decisión? Para colmo de males, en su encíclica contra el comunismo, Divini Redemptoris, Su Santidad culpa de todos los males al marxismo. ¿Acaso nada tuvo que ver la masonería liberal? ¿Acaso es posible desconocer que Calles recibió un generoso apoyo de parte de los masones norteamericanos, especialmente del presidente de ese país, también masón? De aquí la sospecha de una supuesta subordinación suya a la masonería. ¿Quién podrá probar tal cosa? Hasta la fecha no ha sido posible, pero la sospecha duele y cada día suena más fuerte la presunción del influjo de la secta satánica en el Vaticano.

Claro que Riccardi nada dice sobre este triste final, como si no hubiera ocurrido. Tampoco trae cifras sobre el martirio del pueblo mexicano, ni relata los portentosos milagros ocurridos durante la guerra, ni menciona que en cuanto los cristeros depusieron las armas, unos 3.000 fueron asesinados vilmente. Otros elevan esta cifra hasta 6.000. Pensar que durante los tres años de guerra, los cristeros tuvieron solamente 5.000 bajas. Durante esa misma guerra, 180 sacerdotes sufrieron el martirio. Pero los obispos excomulgaron a los sacerdotes que habían acompañado a los combatientes…

El presidente mexicano que logró el acuerdo con el Vaticano, Portes Gil, años más tarde declararía su extrañeza por la rendición de un ejército victorioso. Añadió:

"la lucha no comienza hoy. La lucha es eterna. La lucha comenzó hace veinte siglos. Ciertamente, pero la novedad está en que el Vaticano no se halla en el campo en el que debería estar"[5].

Al referirse a España, nuestro autor hace filigranas para evitar toda alabanza de Franco y calla el apoyo que Su Santidad, aleccionado por los sucesos de México, supongo, dio al Caudillo. Claro ¿cómo aceptar esa Iglesia "retrógrada y embarazosa" después del Concilio? Por supuesto que parte de la culpa de la situación la tuvieron los integristas y carlistas que había en España[6]… A pesar de todos sus prejuicios, Riccardi nos da un breve resumen de los acontecimientos.

Queda claro que la persecución comenzó con el triunfo liberal y la salida del rey, es decir en 1931. Tan pronto como a comienzos de mayo de ese año, se producen asaltos, saqueos y robos de conventos en Madrid, Valencia, Alicante, Murcia, Sevilla, Málaga y Cádiz. Los asesinatos de sacerdotes, religiosos y monjas se multiplican a partir de 1934. En Oviedo son asesinados 34, en Málaga otros 17. Cuando el alzamiento del 18 de Julio de 1936, la escalada de asesinatos es impresionante. En ese mes, 861… en Agosto, 2.077. La Comisión ya ha recibido el testimonio de unos 6.500 mártires. Parece que son 11 los obispos asesinados y un administrador apostólico… 4.200 sacerdotes y 2.500 religiosos… 45 monjas y 400.000 seglares. De estos últimos no es posible distinguir quiénes son verdaderamente muertos por odio a la fe y quienes por motivos políticos. En todo caso son innumerables los seglares que dieron su vida por la fe o por la caridad. El acto ejemplar del P. Kolbe, quien reemplazó al nominado a fin de salvarle la vida, se dio en muchas cárceles españolas. Unos 20.000 templos fueron destruidos o, al menos, profanados. La pérdida de arte sacro fue inmensa.

EL ISLAM

En verdad se persiguió a la iglesia desde el advenimiento del Islam hasta lograr su extinción, por ello las potencias occidentales invadieron esos territorios en diversas ocasiones, la última durante el siglo XIX. Queremos limitarnos, empero, al vigésimo. Tal parece estamos presenciando el inicio de un nuevo ciclo violento en esta guerra de exterminio que siempre el Islam predicó contra los cristianos.

Al tratar este tema, el ecuménico Riccardi tiene un serio problema: ¿cómo comprender que una religión brotada del seno de Abraham busque la aniquilación del catolicismo? Se responde a sí mismo con la siguiente reflexión, aunque no se atreve a presentarla como completamente cierta:

"El enfrentamiento violento habría sido un efecto natural de concepciones religiosas exclusivistas en lucha por afirmar su propia visión universal y convertir, por todos los medios, a las minorías. Las religiones, así entendidas, vendrán determinadas por la intolerancia. Los mártires, por el contrario, negarían esta visión excluyente de las grandes religiones, fomentando las actitudes dialogantes, portadoras de paz y conciliadoras"[7].

Da la impresión de que nuestro autor no ha leído el Evangelio, porque si ha habido un pensador exclusivista, ése fue Jesús de Nazaret[8]. Además de que los mártires rindieron su sangre por estar convencidos de la necesidad de mantenerse fiel a la única religión que salva. Sin ese "exclusivismo" no hay martirio, señor Riccardi.

Cerremos el paréntesis y volvamos a la triste historia.

El primer genocidio del siglo se realizó al interior del imperio Otomano: gran parte de la población armenia de Anatolia desapareció. Se calcula que pereció un tercio de ella. Mahometo V proclamó el Jihad en 1914. La persecución alcanzó también a la población cristiana de Siria. Sólo tenemos referencias de algunos hechos aislados, como la masacre de unos 400 cristianos en Nisibis en la noche del 15 de junio. Como consecuencia del genocidio puede consignarse que el 20% de la población turca era cristiana a comienzos del siglo… hoy lo es el 0,2%. Entre los pocos nombres que recordamos se encuentran los del arzobispo Maloyan a quien le ofrecieron el perdón si abjuraba de su fe, y del obispo Khatchadourian a quien le ofrecieron lo mismo. Ambos fueron asesinados.

¿Cómo se pudo matar a tantos inocentes en tan poco tiempo? Se sabe que uno de los métodos fue apresar a toda un población y ordenarle marchar, a través de zonas desérticas, en dirección de otro pueblo. Era cosa de esperar a que el sol y la sed, la fatiga y el hambre, hicieran el trabajo. Nadie llegaba al supuesto destino.

En Egipto últimamente ha renacido ese espíritu tradicional genocida. Así en 1981 un ataque dejó 20 muertos y 112 heridos. Sadat, en respuesta al hecho, combatió a los fundamentalistas… pero también internó en un monasterio al patriarca copto de Alejandría. Los asesinatos han continuado, pero como hechos aislados, no aceptados todavía por las autoridades islámicas.

Otro tanto puede decirse de los diversos reinos islámicos de medio oriente. Un caso especial lo constituye el Líbano, ejemplo de convivencia religiosa a mediados del siglo. La guerra civil en que se ha visto envuelto en estos últimos años, especialmente desde los ochenta, ha tenido mucho de religiosa y las muertes han sido incontables.

A partir de la independencia, Argelia se ha vuelto peligrosa para los católicos. Los obispos ya han enviado 31 relatos de martirio a la Comisión y se esperan muchos más. Los años más duros van desde 1994 a 1996.

Lo mismo está ocurriendo en las comunidades donde prevalece el Islam en el lejano oriente. Da la impresión de que en cualquier momento habrá muchas más víctimas que lamentar. Se destaca en la región el caso de Indonesia, pero más aún el de Timor Oriental, después del intento de anexión por parte de aquel país. La mayoría de la población era cristiana y una tercera parte pereció a causa de la invasión, unos doscientos mil. Aunque el pretexto es político, el fondo es religioso: el Islam parece sentirse suficientemente fuerte para no aceptar el tener que convivir con los odiados cristianos… de ahí la resurrección del Jihad.

¿Habrá que recordar las matanzas ocurridas en el Chad, Liberia, Nigeria, Sierra Leona, etc.?

CONCLUSIÓN

La Comisión Nuevos Mártires había recibido, a mediados de 1999, más de 12.000 historias de martirios. ¿Será posible conocer algún día la verdadera cifra de los mártires de Cristo en este siglo criminal y asesino? Riccardi piensa que no es aventurado hablar de unos tres millones de mártires. Claro que el habla hasta de "mártires de la mafia" y otros despropósitos manifiestos en un libro como el que consultamos. Sea cual sea la cifra definitiva, es obvio que no hay siglo que compita con el que acaba de terminar. Y no sólo por lo abultado de la cifra, sino por la crueldad y el refinamiento en la tortura tan usada por los socialistas del mundo entero.

La lectura del libro resulta abrumadora. Constantemente uno se pregunta: ¿cómo pudieron seres humanos cometer tal cúmulo de horrores? Es para desesperar de la bondad humana. Y pensar que los liberales saludaron el advenimiento de este siglo como aquél en que iba a quedar atrás todo signo de la barbarie anterior, especialmente por el triunfo de sus ideas civilizadas y el retroceso de las religiones. ¡La guerra iba a desaparecer para siempre! Por ello la conmoción que sufrieron en 1914… pero como son incurables, pasado el conflicto, predicaron el desarme que tan bien aprovechó Hitler.

Nuestra fe es la única que puede darnos una respuesta:

"Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a Mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo… pero como vosotros no sois del mundo –… porque yo os he entresacado del mundo –… el mundo os odia (…) Si me persiguieron a Mí, también os perseguirán a vosotros (…) Pero os harán todo esto a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió (…) Quien me odia a mí, odia también a mi Padre que me envió" (Jn. XV, 18-23).

Primera parte de este artículo

[1] O.C. pág. 124.

[2] O.C. pág. 135.

[3] O.C. pág. 159.

[4] O.C. pág. 313.

[5] "Les Cristeros: une Vendée militaire au XXe siá¨cle » O. Lelibre. « Le sel de la Terre » N º 37 Été 2001 p. 216.

[6] O.C. págs. 293-5.

[7] O.C. pág. 242.

[8] Cfr. Mt. X, 14-15… Mt. XI, 20-24… Mt. XXI, 42-45… Mc. XVI, 16… Lc. X, 10-12… Lc. XI, 23… Jn. I, 11-12 … Jn. III, 5-15 … Jn. X, 1-18… Jn. XV, 18-27… He. XIII, 15… He. XVIII, 6… etc.

Volver a la Portada

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *